Mostrar mensagens com a etiqueta Pablo Caruana Húder. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Pablo Caruana Húder. Mostrar todas as mensagens

10.8.10

DISCURSO DIRECTO | Elena Córdoba

texto de Pablo Caruana Húder


fotografias de Susana Paiva

Desde el año 2007, esta larga coreógrafa madrileña lleva trabajando en un proceso de creación que ha hecho evolucionar su danza y su poética. Un camino solitario y lleno de encuentros. La valentía de abandonar lo que ha sido y ya no es nuestro, el gozo de ir encontrando una nueva poética que se va haciendo suya y la madurez de alguien que lleva trabajando el cuerpo durante toda su vida, se unen en esta extensa charla. Al final se incluye un pequeño listado de las piezas escénicas y audiovisuales que conforman, hasta el día de hoy, “Anatomía poética”.

¿Cuándo empieza realmente Anatomía?

Elena Córdoba: Fíjate, todo empieza a propuesta de Citemor cuando me habla de poder encontrarme con Paula Castro (bailarina portuguesa). Fue cuando mi padre tuvo un infarto cerebral, tuve que suspenderlo. No pudo realizarse, pero fue la primera vez que tuve la idea de trabajar sobre el “dentro del cuerpo”. La obra anterior, que presenté en Citemor en el verano del 2007, “Quedémonos un poco más sentados” (2006), estaba basada en diversos estudios sobre la piel. El paso a trabajar hacia dentro era lógico, era algo que quería hacer, quizá no de la manera tan sistemática como está planteada ahora. Cuando me hablaron de esta mujer pensé que sería bonito trabajar sobre una parte del cuerpo, quería trabajar sobre los lagrimales. Luego Paula Castro murió, murió hace dos años y pico. Ella había conocido mi trabajo y creía que teníamos algo en común. No llegué a ver nada de ella. Pero esa idea de empezar a descomponer el cuerpo en partes vino de ahí.
Y cuando cerré el ciclo de “Quedémonos…” empecé ese proceso de estudio sobre la anatomía. Igual que la anatomía descompone el cuerpo muerto para comprender su funcionamiento, quería ir descomponiendo el cuerpo vivo en partes. Ahí empezó toda una fase de estudio y trabajo personal, del que surgió la idea de estudiar directamente las fuentes anatómicas, los museos y las figuras de cera que me interesaron especialmente. Contacté con Sylvia Calle, conocí a Cristóbal Pera…

Hay una entrada en el blog que has ido construyendo desde el 13 de marzo del 2007 que, aunque sea del 2009, creo es muy aclaratoria de todo el proyecto y nos puede servir para ir hablando:

Entrada del 15 de septiembre del 2009
Como no puedo enseñar mi interior, como ni siquiera puedo verlo, voy a trabajar con mis danzas para dibujar en el exterior de mi cuerpo (en lo que tú puedes mirar), las funciones y los movimientos de mi adentro. Así, cuando vengas a verme bailar conocerás en mi cuerpo lo que no se ve de él y lo que tampoco ves del tuyo. Verás en mi constitución la tuya. Voy a bailar con los esfínteres, con los nervios, con las mucosas, con todo lo que está dentro y nunca ha servido para bailar. Verás un cuerpo inestable, líquido y seco, duro y fofo, mucho más vivo y frágil de lo que puedes ver ahora.

Esta idea, ¿está desde el principio?

E.C: Claro, desde que decido llamarlo “Anatomía poética”, cuando empecé a estudiar a mediados del 2007. Fueron seis meses únicamente de estudio, como te decía, hasta que empiezo a concebir “El aire. Fotografías del alma” (2) y “La mujer de la lágrima” (1), obras que empiezo a la vez.
En “La Mujer de la lágrima” es diferente, pero “El aire…” es ya un estudio anatómico, un estudio de las vías respiratorias, de los movimientos, de los sonidos y de la estructura de la traquea, de la lengua, de la nariz, de la boca… Es el primer estudio anatómico. Las fotografías (la obra está dividida en una propuesta escénica y una instalación fotográfica) surgen porque había espacios tan pequeños en las zonas que estábamos trabajando que no se podían registrar en un espacio escénico. Así, que empezamos a hacer grandes visualizaciones de los cambios más pequeños del cuerpo a través del estudio de una zona muy pequeña del cuerpo, sobre un músculo que envuelve el ojo, la boca… Ahí surgen las fotografías del alma como el primer hacia la anatomía, como si nos estuviéramos diciendo: vamos a observar lo más pequeño del cuerpo y las transformaciones que en el cuerpo producen.

Decías que “La mujer de la lágrima” es diferente…

E.C: “La mujer…” parte de la sensación al acercarte al interior del cuerpo. De esa especie de desprotección, de desvanecimiento frente a nuestro ser carnal, que fue algo que desveló Sylvia siguiendo mi proceso frente a los museos anatómicos, con mis continuos mareos ante lo que veía. Fue algo que trazó con un hilo muy delicado en esas “piezas macabras” que hablan del desvanecimiento y lo unen con la imposibilidad de comprender científicamente. La obra une unos estudios escénicos sobre el llanto y con otros sobre la pérdida de control del cuerpo cuando conoce su interior.

¿Es como una puerta de entrada?

E.C: Sí, una puerta de entrada hacia ese vértigo, hacia esa melancolía que va a producir todo lo que va a venir después al enfrentarse al cuerpo con toda su interioridad. Quizá en esta obra sea en la que peor se pueda seguir ese paso de una parte del cuerpo hacia el todo. “En el aire…” es muy claro ya que se puede ver la cantidad de pulsos diferentes que puede provocar en el cuerpo la relación entre la garganta y el diafragma.
En esa pieza se trabaja sobre los músculos del tórax, no sobre el tórax, sino sobre los intercostales, sobre los músculos que mueven las costillas y que están enfrentados al diafragma. Ahí se produce una especie de danza entre la posibilidad e imposibilidad de respirar que las bailarinas acompañan con los brazos y con su tiempo y creatividad. Pero el motor son los músculos intercostales. Quiero decir, el motor es el estudio del cuerpo.
En “Todo lo que se mueve está vivo” (4) se llega también a otra danza con las espaldas. Getsemani de San Marcos trabaja sobre los límites articulares y partiendo de ahí se puede llegar a ver la espalda bailar. Y Camille Hanson, en la misma obra, boca abajo, trabaja sobre la inversión del peso de las articulaciones. Hay una calidad articular que se llama aposición, que es cuando el cuerpo, por el peso de la gravedad, conserva sus estructuras articulares unidas. Al invertir la gravedad esa aposición desaparece y Camille trabaja el esfuerzo muscular por conservar las articulaciones cerradas y su imposibilidad, debido al peso. Creo que es un ejemplo claro.
En “Todo lo que se mueve…” es en la que quizá se pueda ver más claro. En un momento Getsemaní trabaja sobre la estructura más profunda de los hombros, que son los manguitos rotadores, unos músculos que casi no mueven, que sirven sólo para estabilizar. Al intentar provocar un movimiento dentro de esos músculos se produce una extrañeza muy peculiar, es un movimiento muy desarticulado, muy descabalado. Esta vez partes del estudio y trabajas el esfuerzo de utilizar algo como no se debe utilizar.
Al final de la obra Camille trabaja sobre el braquial anterior, un músculo muy pequeño en el brazo. Camille intenta “traccionar” sólo ese músculo y al intentarlo es cuando parece que todo el cuerpo llora, se sacude todo el cuerpo cuando sólo está intentando activar ese músculo. Yo le llamo a esta parte “el llanto del braquial”.
La poética del aislamiento es una poética hermosísima, no hace falta poner un letrero debajo que diga que lo único que se está intentando hacer es activar el braquial. Cuando la obra ya está compuesta y la persona ya está en escena, cada uno de nosotros sabemos que nos tenemos que abandonar al mero trabajo de ciertos músculos, de ciertas zonas del cuerpo, nunca a la escena, nunca a lo que tiene que pasar en ella. Cada uno de los que entramos en “Anatomía…” sabemos que la concentración está en una zona muy peculiar del cuerpo. Eso es bonito porque es una experiencia muy profunda, muy sensual de cada una de nosotras.

Estás hablando de ello, pero podrías explicar más ampliamente cómo se puede hacer visible un movimiento interno del cuerpo en danza.

E.C: Depende de qué estés trabajando. El único parámetro que se mantiene a lo largo de toda “Anatomía poética” es que se parte del estudio. Sea la zona que sea del cuerpo se parte de un estudio complejo y de una sensibilización con respecto a algo concreto del cuerpo. En cuanto hay una superconcentración y se comprende cuál es el mecanismo de una zona del cuerpo esa zona rige el resto del cuerpo a muchos niveles. En “Todo lo que se mueve está vivo” es muy claro. Si tú trabajas sobre los límites de una articulación, el cuerpo se mueve de manera absolutamente diferente. Y no solamente se busca la diferencia, sino que puedes ver ese movimiento en todo el cuerpo, el cuerpo en esos momentos hace el acto en esencia y eso da una poética muy pura.
En la pieza que vamos a estrenar la próxima semana, “Expulsadas del paraíso” (6), no es sólo un trabajo sobre la cadera, sino que todo el cuerpo hace la función de la cadera, de esa cadera que es nuestro soporte. Si tú desestabilizas ese soporte la fragilidad del cuerpo es automática y es tremendamente poética y pura. Es como si tú trabajas los músculos de los brazos, con los que se abraza. En el momento en que aparece el abrazo es todo el cuerpo el que abraza, o todo el cuerpo el que acaricia, o todo e cuerpo el que empuja. Es como si cada parte del cuerpo tuviera grabada su función para hacer ese movimiento. Es simplemente dejar que la función tenga un contenido y un volumen poético. Hay un punto entre la poética y la función que se unen en un lugar muy particular.

¿Cómo se trabaja la exhibición de ese material?

E.C: Lo primero es establecer un espacio de contemplación, de alguna forma hacer llegar a la persona la calma para que mire. De alguna forma hacérselo atractivo, hacerle atractivo ese momento enigmático en el que empieza a fluir algo en el cuerpo que no sabes exactamente lo que es hasta que se haya hecho grande y ya es un acto y es rotundo.
Para mí, la única complejidad es esa, no crear un espacio confuso en el que ves a alguien media hora concentrándose y sólo dentro de media hora vas a entender algo. Eso es lo que yo, como directora, necesito provocar en los pasos de trabajo. Tiene que ser claro. El proceso de concentración del cuerpo, en sí, tiene que ser ya un acto fundamental. Para esto el bailarín tiene que estar muy ejercitado y cuando sale a escena tiene que estar.
Para el bailarín es una experiencia absolutamente interna. Somos profundamente conscientes de que nos dejamos mirar, pero nos dejamos mirar en un acto de una profunda intimidad con nuestros cuerpos. Creo que hay, a mí por lo menos me lo parece, una dicotomía escénica muy hermosa: exponer con una normalidad tremenda actos muy profundos por otro lado.
La cercanía por ejemplo, que es algo que a veces, como “En el aire…”, por el trabajo en zonas mínimas, era necesaria, muchas otras veces no lo es. El cuerpo coge mucho volumen y además el trabajo es profundamente visual. Ahora, en “Expulsadas…”, se trabaja a catorce metros del espectador y no se pierde lo que se está haciendo, la amplitud del cuerpo es inmensa. Quizá en “Expulsadas…”, al ser la cadera la parte que estructura todo el cuerpo, sea más evidente, pero por ejemplo en “Todo lo que se mueve…” el trabajo que hace Getsemani sobre los manguitos rotadores lo hace en el fondo del teatro y en absoluta penumbra. Y el cambio estructural de ella es poéticamente visible, aunque no veas el detalle.

Trabajar de manera expositiva ¿te ha llevado a estructuras más fragmentadas?

E.C: Sí, lo expositivo te lleva a ello. Además, aunque las partes de la obra son totalmente sensuales en su concepción, la forma de mostrar no está cargada, simplemente dejo que eso transcurra. Mientras que yo antes movía la escena poéticamente de muchas formas diferentes, de formas muy inventivas, imaginativas. Pero todo son pasos, conquistas. Por ejemplo, en “Expulsadas…” tenía vértigo de perder esa metodología tan bonita y tan clara de “Anatomía…”; y ha costado recobrar libertad para hacer sin tener nostalgia de lo que ha sido “Anatomía…”. Ha habido una armonía en la que me ha entusiasmado estar, pero quería ser capaz de hacer algo que chirriase más, que fuera más desequilibrante, porque pienso que mi poética lo es. Me apetecía subvertirla la armonía de “Anatomía...”. Creo que “Expulsadas…” se divide entre esos dos espacios, hay partes más expositivas y otras más poéticas, coreografiadas, incluso con concierto para violín y orquesta. Si te pones…

Antes e despúes de anatomia

Pero hablemos de un cambio ya presente en “Quedémonos…” y ahora creo que más claro, definido, en tu danza. Cambio con respecto a “Sin correa” (2001), “Los negocios acaban a las diez” (2002), “Bobos” (2004), “Silencio” (2005). Bueno, entre estás y “Quedémonos” hay dos piezas…

E.C.: Sí, está “Lección de tinieblas” (2006), una obra muy oscura, era una serie de estudios sobre el miedo, sobre la sombra, sobre mis crisis de pánico, era como un cuentito muy pequeño, de media hora. Y la otra es “Herminia y Ana” (2007), que también era como de contenedor, de barraca de feria. Ambas son una especie de fantasía en la que me metí a través de circunstancias que me proponen, son pequeñas piezas que surgen de propuestas exteriores de trabajo.

¿No sé si estás de acuerdo con ese cambio del que hablaba?

E.C: Sí, es clarísimo. Y se produce en “Bobos”, que es una obra que se mantiene a caballo entre esas dos formas de comprender el cuerpo. En “Los negocios…” y en el principio de “Bobos” hay una búsqueda casi de la conmoción física y de la impresión de la persona que entra en ese universo a mirar. Son trabajos sobre estados extremos del cuerpo, como dibujos que se forman en la libertad extrema que toma el cuerpo. Pero a la mitad de “Bobos” se entra en un trabajo que va hacia las capas más internas de consciencia del cuerpo, de unos estados de hiperconsciencia, de conocimiento de lo que hace el cuerpo. Y ese comprender necesita de una cierta contemplación, de otro clima, de otros espacios en los que yo me voy adentrando poco a poco, casi de una forma intuitiva, hasta frenar el tiempo del espectador y el tiempo del propio cuerpo. Digamos que “Anatomía poética” se mueve en esos registros y quizá en “Expulsadas del paraíso” empieza a aparecer otra vez esa necesidad de algo que va más allá de la contemplación estricta del cuerpo.
Claro, cuando el tiempo se detiene al espectador se le empieza a pedir que observe, no que sea impresionado por algo que va a saltar sobre él y le va a agitar. Se le pide la calma para mirar qué es lo que sucede en el cuerpo que está delante.


Es un lenguaje más complicado, más difícil. ¿Eso te ha creado problemas con tu público?

E.C: Sí. El primer divorcio que tuve con el público fue en “Quedémonos…”. Viví un proceso complicado. Y además yo estaba frágil como artista. Cuando entras en un espacio desconocido, aún sabiendo que la obra era la que era, te crea un espacio de fragilidad inmensa. Pasó claramente con el público de Madrid, que es el público que me sigue, que estaba acostumbrado a esos impulsos de los que hablaba… Se creó una cierta incomprensión. No pasó lo mismo en el resto de la gira, pero lo de Madrid se me quedó profundamente grabado.

¿De qué manera?

E.C: Inseguridad, inseguridad con esa obra. Y es muy gracioso porque creo que es la obra más hermosa que yo haya hecho jamás. El reencuentro con “Quedémonos…” ha llegado con los años, cuando volví a revisionar la obra en vídeo. Me quedé impresionadísima. Cómo fui tan bruta de no haber estado más convencida. Pero, claro, esa es nuestra gran fragilidad. El discurso en la sala de ensayos es un discurso muy propio, muy íntimo, muy encaminado. Y el discurso en público es otra cosa.
No creo que este momento sea un momento elitista, en absoluto. Pero si hay que despegarse de la anterior Elena Córdoba para poder entrar, hay que despegarse del chorro de energía y del frenesí anterior. No pienso que “Anatomía…” sea elitista, primero porque son estudios muy breves, estudios muy claros. Hay un misterio que emana del cuerpo que es muy peculiar pero…. También en este proceso hay una historia de edad, hice “Los negocios acaban a las diez” cuando me acercaba a los cuarenta, ahora me acerco a los cincuenta.

Y esto del público es extraño, ¿no? Me acuerdo de la función de “Los negocios acaban a las diez” en el extinto Festival Internacional de Sitges, en Cataluña. La recepción fue complicada; y, por otro lado, ha sido en Barcelona donde quizá esta nueva etapa se ha entendido con más facilidad…

E.C: Es verdad. Por ejemplo, “Quedémonos…” tuvo una recepción hermosísima en Barcelona, de las más calurosas. Y sin embargo, en toda esa época mía desasosegada y más descarnada era imposible entrar ahí. Por un rechazo al exceso en el que yo me movía.
Cada momento de la vida hay que asumirlo. Yo ya no tengo esa energía en mi cuerpo ni en la vida, y por tanto no la tengo en mi forma de mirar, ni en la forma de pensar el cuerpo.

En tus trabajos anteriores a “Anatomía…” era muy patente un lenguaje que sin ser narrativo sí llegaba a tener otra narratividad, si contaba. ¿Cómo ha cambiado eso?

E.C: Hay muchos planos de narración. “Anatomía…”, en un primer momento, son obras muy expositivas donde la narración surge de la transformación del cuerpo, no de una gestualidad que se sume al cuerpo. “Expulsadas…” es quizá la primera obra en el que yo intento hacer un puente entre mi poética y esa consciencia anatómica. Ahí sí que ha surgido una obra que se pasea entre la ficción, la narración del cuerpo y la pureza de ese acto expositivo. Pero son todo pequeños pasos. En “La mujer de la lágrima” seguía habiendo mucho de esa narración que te conecta con las iconografías renacentistas, con las anatómicas, una narración mucho más similar con las anteriores obras. En las siguientes he tenido que ir muy pasito a paso.

En trabajos anteriores a “Anatomía…” se trabajaba sobre acciones (caer, correr, etc.), acciones que tienen un significado, metafórico, simbólico, adherido.

E.C: Cambia el volumen, por ejemplo, qué significa contraer el glúteo…

Si pero contraer el glúteo no tiene ningún significado adherido, semántico…

E.C: Depende, porque si tú ves un glúteo contraerse muy lentamente se lleva detrás al cuerpo en la contracción y aparece un cuerpo contraído y arrugado, si ves un glúteo temblando ves todo un cuerpo que tiembla. Al final, tiene las mismas connotaciones que un temblor.

Pero es posterior… No sabes que va a pasar cuando empiezas a mover el glúteo.

E.C: Es mucho peor porque nosotros primero estudiamos las inserciones donde se inserta el glúteo. Uno no mueve el glúteo como tal, es un músculo muy grande, lo mueve desde abajo, desde arriba o desde arriba abajo o de abajo a arriba. Es un trabajo seco y expositivo para empezar, de dominio y conocimiento. Lo único es que yo no me imagino una explicación poética a lo que va a pasar. Es verdad que antes se trabajaba sobre elementos que tenían explicaciones, significaciones previas. Incluso los actos más provenientes de la danza, girar supone algo, una torsión también… Ahora se trabaja sobre la micro estructura de eso. Me hablabas de la caída, en “Expulsadas…”, se trabaja sobre la cadera, en la cadera está la sujeción de la vertical y obviamente yo quería desestabilizarla. Pero no hemos llegado a caer, ha sido imposible. En un proceso coherente no hemos llegado a comprender el mecanismo de la caída. Antes caíamos, y trabajábamos sobre cómo levantarse, ahora el proceso de desequilibrio que tiene el cuerpo antes de caer para mí es suficiente.
Por ejemplo, he trabajado miles de escenas de abrazos a lo largo de mi carrera, miles, sin embargo ninguna como la de “Todo lo que se mueve…”, en la que se trabaja sobre los músculos flexores y extensores, los que acercan y los que repelen. Todas las imágenes de abrazo que yo haya podido trabajar en mi vida, para mí, están ahí.
Simplemente es una metodología distinta, es paciencia y es conocimiento antes del acto. Antes estaba el acto y de ahí venía el conocimiento. Es como invertir los planos. Las consecuencias de eso son diferentes, cambian según lo que estés trabajando. Por ejemplo, cuando nos metimos a trabajar el intestino, por mucho que lo estudiaba no dejaba de ser un órgano interno que trabaja de manera involuntaria, es movido pero no se mueve jamás. El intestino está atado a la espalda por el desenterio y se desplaza con el movimientos de las paredes abdominales. Hubo un momento en que creí que no podíamos abordar eso, trabajamos sobre la pared abdominal y ya está, me decía. Pero de repente aparece la nutrición, el movimiento de tragar y el movimiento de expulsar. Hay algo que conecta el cuerpo con la nutrición, trabajamos en acciones voluntarias de tragar de distintas formas y sobre un apunte sobre la expulsión. Cada parte del cuerpo tiene su vía, su canal. Y son totalmente diferentes.
Luego está el vuelo poético que hayamos podido darle. Por ejemplo, yo trabajo sobre los asientos de grasa en “Expulsadas…”, nadie va a saber que yo estoy trabajando sobre eso. Pero de ahí surge mi motivación, por edad y por estar frente a los cuerpos de Montse Penela y Camille, que son más jóvenes; y ,además, esas grasas son la base de la cadera de la mujer. Pero, sin embargo, de ahí surge otra cosa.

¿Los trabajos anteriores eran más desestabilizadores personalmente?

E.C: No. Personalmente no. Siempre fueron obras muy impulsivas, muy vitales, trabajadas sobre el caos pero con un pulso emocional muy abierto, muy positivo. Quizá este acercamiento a la muerte para mí es lo más desestabilizador. Siempre había creado espacios muy positivos en la sala porque siempre he pedido mucho riesgo, mucha transformación, y me arropaba bien por unos espacios energéticos muy fuertes y que visualmente funcionaban. Sin embargo, este enfrentamiento a la muerte es más difícil, el riesgo cambia, cuando envejeces el riesgo es diferente a cuando te enfrentabas a la sumisión como en “Los negocios acaban a las diez”, pieza que surgió ante la situación después del once de septiembre. Lo que si creo que es una constante en mi carrera es que la materia es el cuerpo, no hay otra, sobre lo único que yo puedo hablar es sobre el cuerpo. Eso no cambia.
Hay un riesgo en “Anatomía…” a la melancolía y la tristeza que me extraña mucho más que el exceso de vitalidad en lo que yo hacía antes, porque yo soy una mujer muy vital. Cuando la veo en “Anatomía…”, la tristeza, me quedo muy extrañada.

Hablabas de la aversión que te producía en un principio la contemplación del interior del cuerpo humano ¿cómo ha ido influyendo todo el proceso de trabajo en ese miedo o rechazo?

E.C: Hay miedos que están instalados en lo más profundo, que son irracionales. La visión de una clase de anatomía hacía que toda la habitación me diera la vuelta. “Anatomía…” es un proceso que para mí se aísla totalmente de la producción teatral. Esto es un proceso de por vida y hacia mi vida. Mi relación de sensualidad con todo el interior del cuerpo y con su conocimiento es absoluta.
Además, a mi me mareaba la visión de una sala de anatomía pero me apasionaba lo que pasaba en la sala. Todo el trabajo, tanto de sala, como de estudio está cargado de sensualidad.
Cuando trabajamos sobre los músculos de la garganta, por ejemplo, en “El aire…”, veías que se creaba un estado entre erótico y sensual brutal. Y sin embargo, tú ves esa garganta abierta con sus músculos y te mareas. Esa sensualidad radica en lo que siente la persona que hace en ese acto íntimo con su cuerpo. Cualquier viaje hacia el adentro, sea sobre el esfínter, sobre el hígado o sobre un músculo, es un viaje hacia la sensualidad. Luego lo puedes transgredir y lo puedes llevar al dolor o a lo que quieras, pero en origen el concentrarse dentro del cuerpo es un proceso de una tremenda sensualidad.

¿Cuál es la finalidad de trabajar así, a dónde va “Anatomía…”?

E.C: Para mí, personalmente, había una finalidad muy clara. El adentro del cuerpo me producía un vértigo muy grande, tremendo, como buena hipocondríaca me producía una sensación muy contradictoria. Con “Anatomía…” empezó un proceso de reconciliación con el adentro del cuerpo y su visualización. Esa es una. Y hay otra finalidad que también presidió desde principio el proyecto: la búsqueda del sentido de la vida, del origen, del pequeño movimiento. Y también la búsqueda del alma en lo más profundo del cuerpo. “La danza de la codorniz – primer movimiento – “(10), que al principio es una disección y luego hay un pequeño baile con el pájaro, es eso, es la búsqueda del alma.
Hay un proceso, por lo tanto, de reconciliación con nuestra esencia. El cuerpo siempre nos lleva a una imagen de caducidad y de fragilidad. Y un búsqueda del alma. Podemos hablar de la búsqueda del alma o podemos hablar de una reconciliación con nuestra fragilidad de carne, nuestra esencia de carne. Siempre está en esos dos niveles: una búsqueda espiritual y una búsqueda de comunicación que está más allá, en lo más profundo del cuerpo. Nunca hablo, cuando hablo de alma, de algo que perdura o religioso, sino de una manera casi aristotélica, del principio, lo que genera la vida, lo que genera el movimiento y lo que se detiene cuando el cuerpo muere.

Me acuerdo de la lectura de “La montaña mágica” de Thomas Mann, de su protagonista Hans Castorp, allí subido en las montañas, intentando averiguar el origen de la vida. Su estudio acaba un tanto inconcluso, fracasado, no saca una idea clara y no se sabe muy bien si de algo le ha servido. ¿Cómo te ha ido a ti?

E.C: La conclusión es el profundo misterio. Me escribía hace poco con este gran sabio, con el médico Cristóbal Pera que me ha acompañado durante todo el proceso, sobre la célula que se ha creado hace poco y que es capaz de emitir vida. Cristobal se planteaba que con ella se habían acabado las corrientes vitalistas, tanto en el pensamiento científico como en el filosófico, esa corriente que dice que la vida es inexplicable y que jamás llegaremos a comprenderla. Esa célula no llega a generar vida, porque nunca se podrá generar vida desde la nada, pero si decía que ahí se había acabado mucho del vitalismo tal y como lo hemos entendido ahora. Yo le respondía que si era así prefería no enterarme.
Por ejemplo, hay un gran vitalista que yo he leído hasta la saciedad, Xavier Bichat, que siempre llega a ese misterio: ¿De dónde? Quizá lo único que me diferencia de Castorp es que no quiero entenderlo, mi más íntimo propósito es no entenderlo, que siga siendo un misterio.

¿Ves la muerte de diferente manera?

E.C: Me acojono de manera igual pero puedo pensar acerca de ella y puedo trabajar en esa línea: en la representación y la observación del cuerpo entre la vida y la muerte. Jamás se me ocurriría representar la muerte ni trabajar directamente sobre ella. “Anatomía…” es un proceso que trabaja sobre la vida pero trabaja en una disciplina que está vinculada a la muerte y la enfermedad. No es que tenga una asunción cojonuda sobre la caducidad, pero si hay una comprensión sobre la fragilidad de mi cuerpo y de sus límites envejeciendo que es mucho mayor que cuando empecé. Y ojalá siga.

El blog, un registro
El blog ha sido un acompañamiento grato de seguir. Llega un momento en que se van introduciendo comentarios que son ya más íntimos, o mejor dicho, más propios, en los que vas llegando a conclusiones.

E.C: Eso pasa cuando me meto en la sala y aparecen mis pensamientos, pero son pensamientos que siempre parten de la sensibilidad de algo que pasa en mi cuerpo. El blog me ha ayudado a formular a través de la palabra, ir más allá de la intuición, cerrar pensamientos para que sean claros. El blog y la relación epistolar que he mantenido con Cristóbal Pera. Es la primera vez, quizá, que yo escribo de una forma en la que yo misma tengo que aclarar mis intuiciones sobre mi cuerpo, sobre la enfermedad, sobre mis músculos…

También, no sé si es coincidencia, pasa cuando empiezas a estudiar el sistema nervioso.

E.C: Es que es todo. Es todo y es algo que todavía no he podido manejar. Es el origen de todo y está en medio de todo, es el espíritu, es Dios. Cuando estudias un músculo está enervado, cuando estudias el calor ves que pasa a través de las terminaciones nerviosas… Además, fue un periodo hermoso porque estuve mucho tiempo sola, sin proyectos por delante, y el blog era una forma de agarrarme al algo para que no desapareciera el sitio donde estaba.

Ahí aparecen reflexiones más tuyas, como bailarina y como persona.

E.C: Claro, como te digo estaba sola. Trabajaba en casa, en el salón… Es como un gran diario, he intentado dejar al margen todo lo que pasa en escena y mantener esa esencia del cuaderno de estudio. Y también dejar al margen otros muchos aspectos del pensamiento artístico. Pero se me ha ido abriendo un vínculo a mi esencia, a lo que realmente me inquieta.

Hablabas de Cristóbal Pera ¿cómo fue ese encuentro?

E.C: Leí una reseña en un periódico sobre un libro que había escrito, “Pensar desde el cuerpo”. Era médico, eso me interesó, lo leí y hubo capítulos que me interesaron enormemente. Oscar Dasí, de La Porta (espacio de investigación escénica de Barcelona), cuando me propuso hacer “El aire…”, me dijo si me interesaba tener un encuentro público con alguien en especial. Le dije que si me encontraba a este hombre me moría de la ilusión. Tuvimos esa charla en la que casi no nos conocíamos y a partir de ahí no hemos parado.

¿Y qué te ha dado su aportación?

E.C: Primero ha sido un conocimiento guiado. Puedo preguntarle, por ejemplo, sobre la glándula del páncreas y donde se apoya. Y después está todo su conocimiento, el pensamiento humanista que tiene. Poder con un interlocutor hablar de algo más allá que de la glándula del páncreas ha sido fundamental. Ha sido el interlocutor que ha ido creando conmigo el pensamiento de “Anatomía…”, creo que eso es algo que se ve en el blog. El contacto, en periodos de trabajo, ha sido diario. Hay un vínculo muy fuerte.
Él es el gran humanista médico que tenemos. Era cirujano de digestivo y cuando se jubiló empezó a escribir. Ha escrito tres libros, tiene 82 años, su pensamiento acerca de la vida y de la muerte es un pensamiento muy cimentado.

¿Se acaba “Anatomía Poética”?

No, no. Creo que es un proceso que me va a acompañar de por vida. Además, puedes subdividir el cuerpo en muchas partes. Un estudio sobre la lengua sería hermosísimo, la lengua es la palabra, el gusto, es el beso, el tragar. El otro día, estudiando una parte del bulbo raquídeo, que controla la sensibilidad de la boca, que se llama el tracto solitario, me preguntaba si no podríamos dedicarle simplemente a esto una anatomía. En “Todo lo que se mueve” no llegamos a las manos, no pudimos en el mes y medio de trabajo llegar a las manos como parte constitutiva, nos quedamos en los hombros y los brazos.
Faltan trabajar los pies, el sentido del cuerpo que nos permite saber donde están las cosas, el propiocepción, el equilibrio, las hormonas, los jugos gástricos… Es infinito. Y por supuesto, en algún momento de mi vida, poder hacer algo sobre el sistema nervioso. No se acaba aquí, no, pero si he de parar. Ahora estoy feliz creando pero hay algo que se ha vuelto obsesivo. Ahora hay que parar y recoger, limpiar también.


“Anatomía poética”:

Piezas escénicas:
1-“La mujer de la lágrima”, se estrenó en el Instituto Cervantes de París en el mes de febrero del 2008. Después pasó por Salamanca, por la Laboral de Gijón, a Escena Contemporánea de Madrid y después al Festival ALT de Vigo.

2-“El aire. Fotografías del alma”, obra e instalación conjuntas que se estrenó en el Ciclo Cárnicos de La Porta, en marzo del 2008.

3-“Reconstrucción anatómica del cuerpo de un ángel”, obra estrenada en La noche en blanco en septiembre del 2008.

4-“Todo lo que se mueve está vivo”, estrenada en Escena Contemporánea del 2009.

5-“El amor y la herida”, estrenada en el CCCB de Barcelona, en Las noches salvajes organizadas por La Porta, marzo 2009. (Conformada por la lectura de las cartas con el médico Cristóbal Pera y una danza bailada por Elena Córdoba)

6-“Expulsadas del paraíso”, pieza que se estrenará el 12 de agosto en el Festival de Citemor.

Piezas audiovisuales:
7-“Piezas macabras”, pieza audiovisual trabajada con Silvya Calle en Francia, enero del 2008.
8-“Piezas móviles”, pieza audiovisual trabajada con Silvya Calle en Nápoles, junio del 2008.
9-“Piezas vivas”, pieza audiovisual trabajada con Silvya Calle en Coimbra, en abril del 2010.

10-“La danza de la codorniz –primer movimiento-“, pieza audiovisual trabajada con Chus domínguez, mayo del 2010. Estrenada en la 1ª edición de los Encontros de artes escénicas de Muxia, Galicia. .

8.8.10

DISCURSO DIRECTO | Sylvia Calle

texto de Pablo Caruana Húder


fotografia de Susana Paiva

Sylvia Calle lleva acompañando a Elena Córdoba desde que en el 2007 empezará este largo periplo que es “Anatomía Poética”. París, Lyon, Arrás, Nápoles y Coimbra, ciudades por las que Calle ha acompañado a Córdoba por galerías y vitrinas de museos y centros anatómicos en los que el hombre ha ido dejando la huella de su estudio sobre el cuerpo humano. Un estudio prohibido hasta hace bien poco y que dio un arte extraño, materializado en cera, bello pero de precisión científica, que al igual que te provoca aversión es capaz de ejercer una poderosa atracción.
Con una cámara en mano esta colombiana directora de cine ha ido registrando ese periplo y creando un viaje paralelo a la creación escénica de Córdoba, un viaje que incluso ha llegado a cruzarse por completo como en el caso de “La mujer de la lágrima”, primera pieza que abrirá la participación de Elena Córdoba en el festival de Citemor y en la que escena pueden verse las piezas intituladas “Piezas macabras”.
Desde el 5 al 14 Agosto el público del festival podrá ver la serie “Museos del Silencio”, serie compuesta por tres proyecciones: las comentadas “Piezas macabras” (resultante del viaje de ambas por los museos de París, Arrás y Lyon), las “Piezas móviles” (resultante de la visita al Museo de Anatomía de Nápoles); y las “Piezas vivas” (que surgen de la visita a los Institutos de Anatomía de la Universidad de Coimbra). Un trabajo en el que Calle se introduce con tiento, con paso silencioso pero zambullido en un imaginario de una potencia brutal muchas veces, poética otras. Calle mira esos objetos creados por el hombre con rigor científico pero también con hálito de trascendencia y melancolía de fugacidad, y mira a Córdoba mirando y mira su propio reflejo en las vitrinas que contienen las figuras. E incluso deja que vayan entrando por los márgenes esas otras piezas conservadas de cuerpos humanos malogrados que esperan en líquido.
Ahora, Calle, que estudió cine en París y allí lleva ejerciendo como directora de fotografía desde entonces, está más centrada en el documental: “Hasta el 2004 sobretodo trabajé en ficción. Pero me aburrí de hacer ficción, trabajaba en películas que eran bastante malas. Me aburrí de la ficción. Además hay que tener muchas conexiones, para ser directora de fotografía de ficción tienes que estar muy bien conectada, sobretodo en los noventa. Ahora es más fácil”, explica esta bogotana suave pero que uno intuye debe ser de constancia batalladora.
“Hay dos cosas del documental que me gustan mucho. La primera es que cuando haces la dirección de fotografía en un documental tienes que estar mucho más cerca de la idea del director. En ficción simplemente estás iluminando y haciendo movimientos que te dicen que hagas. En el documental te tienes que superponer, eres el filtro por el que pasa la dirección, tienes que entrar en la cabeza del director ya que no puede estar indicándote donde poner la cámara, la implicación en la puesta en escena es mucho mayor. Eso es muy agradable, porque es muy difícil. Lo segundo es que en el documental nunca te aburres. La gente siempre es interesante, todo el mundo tiene algo que decir. En ficción, no. Muchas veces te preguntas qué estás haciendo”.
Pero Calle desde el 99 mezcla su maestría en la dirección de fotografía con proyectos propios, “pues te entra el gusanito”, dice con sonrisa. El primero fue “Ô Trouble” (1999), cortometraje que ganó, entre otros premios, una mención especial en el premio Kodak del Festival de Cannes-”. Después en el 2004 dirigió su mi primer documental: “La vida en una maleta”. “Trata sobre exiliados colombianos en Nueva York. Exiliados económicos y políticos, aunque al final, las razones casi siempre son políticas. Cuando les preguntaba te decían que se vinieron porque se podían ganar mejor la vida, pero cuando les preguntas la segunda vez a todos les habían puesto un arma en la sien y les habían dicho que se fueran del país o les mataban o les secuestraban. Lo bueno es que además todas las amenazas les habían venido de puntos diferentes y en épocas distintas. Cuando al final, ves todas las historias juntas tienes ahí mismo, en cierta manera, la historia de Colombia entre mitad de los ochenta y comienzos del 2000.
Lo que fue más bonito es que quise hacerlo preguntándoles qué se habían traído en la maleta, y a partir de ese objeto la historia venía, o venía una parte de la historia que era lo que nos interesaba. Le fue muy bien cuando va a festivales de hispanoamérica pero al resto del mundo le importa un pepino”, explica con sorna latinoamericana.
Hablando de documentales que ha hecho, Sylvia se acuerda de “Alimentation général”, dirigido por Chantal Briet y que ganó, entre otros, los premios de Lisboa y Madrid en sus respectivos festivales de documental: “Fue antes de que se declararan los barrios periféricos de París un problema nacional. Contaba la historia de un hombre, Ali, que tenía una tienda de comestibles en una “cité”. La película reflejaba la unión de éste con la gente del barrio, como él, finalmente, hacía todo lo que debieran hacer los trabajadores sociales, hacía de psicólogo de todos lo borrachos, se encargaba de que no les pasara nada a las viejitas entre sus casas y la tienda… Fue una experiencia bastante violenta. Teníamos permiso de filmar allí, pero no por tener el papel quiere decir que tengas el permiso. Cuando bajaba el sol es como si cayera el toque de queda. Un día se llegó una banda de adolescentes y no nos iban a hacer daño a mí o a la directora pero al chico que venia con nosotros casi lo linchan. Tuvimos que refugiarnos en el almacén de la tienda hasta que Ali pudo calmarlos. Me impresionó mucho porque nunca lo había vivido en carne propia. La película es muy bonita, le fue muy bien, estuvo en el Festival de Cannes, etc., pero a Ali lo mató uno de los vagabundos que cuidaba hace dos años. Estaba borracho y lo mató de una puñalada.
Hacer documentales te hace pensar qué cerca estás de la vida. La ficción puede ser un circuito cerrado, sobretodo en Francia que las historias son burguesas, idénticas, adineradas, con historia de adulterios, un poco aburrido, ¿no? Para mí el documental ha sido maravilloso. No sé, yo en cuatro años conocí todas las “cites” de las afueras de París. Luego entré en otro registro y comiencé a hacer películas de música, luego documentales históricos…”.
Ahora, Sylvia está con una nueva película dirigida por ella que se centra en una compañía de danza francesa, Tojours après minuit “es un documental puro, sobre todo está enfocado en lo que significa trabajar, envejecer…”, dice Calle que anda contenta de volver a estar en relación, tanto con el proyecto con Elena Córdoba como con este nuevo que empieza a editar en septiembre, de volver a una de sus pasiones, la danza.


fotografia de Susana Paiva

¿Cómo conoces a Elena Córdoba?

Nos conocimos cuando yo acababa de llegar a Francia. Me mandaron un paquete de Colombia y cuando fui a recogerlo me hice amiga quien de traía el paquete, Cristina, y de su amiga, que era Elena Córdoba. A mí me encantaba la danza, no sabía casi nada, en Colombia no llegaba mucho, pero acababa de ver por primera vez en la vida a Pina Bausch y estaba perfectamente traumatizada. Empezamos a hablar de danza y acabamos todo el tiempo yendo a espectáculos, incluso tomaba clases cuando ella empezó a darlas en París para que los alumnos vieran que había alguien… Bueno, teníamos veinte años y nos veíamos todos los días, pasábamos horas y horas juntas. Yo estudiaba fotografía y creo que tengo un millón y medio de fotografías de Cristina y Elena.
Luego, con los años, nos seguimos viendo. Y como París está cerca de Madrid, en las primeras obras que hizo la acompañé mucho. Y la amistad duró, aunque hubiese etapas que no nos veíamos. Cuando empezó este proyecto fue muy divertido porque no entendí bien lo que íbamos a hacer juntas, pero a mí Elena me dice “ven que vamos a trastear un piano” y le digo que sí.

¿Cómo fue el comienzo de la colaboración con Córdoba para este proyecto?

Fue muy interesante, porque lo que hace un director de fotografía de un documental, como te decía antes, es entrar en la cabeza de un director y ser lo más fiel, pero Elena me decía que hiciese lo que yo quisiese… Y yo veía todas esas ceras y esos botes de enfermos y monstruos, y me preguntaba qué iba a hacer. Las ceras son lo más anticinematográfico del mundo. Las ceras están ahí, no se mueven, casi siempre están detrás de vitrinas, no puedes iluminar porque las derrites...
Fue muy bonito porque a medida que fui entendiendo esa libertad, que era un vehículo para trabajar juntas, entré en una relación completamente diferente con mi trabajo. No se trataba exactamente de grabar cualquier imagen y después poder ver en cámara que estabas haciendo, no era para nada eso, pero sí te quedabas ahí, mirando los botes de cuerpos y las ceras hasta que algo pasaba entre tú y ellos. Cuando algo pasaba en tus emociones, en tu cabeza, ya sabías que podías filmar.

¿Cómo se van estructurando las piezas?

Hazte la idea de que es como si tocaras jazz. No sabes exactamente para donde va la nota siguiente pero te tienes que poner en un estado mental en que las notas aparecen y encuentran, su sitio, un ritmo.
En la primera parte del trabajo, grabado en Francia, lo que me fascinaba era la propia fascinación de Elena. Elena estaba entrando en ese descubrimiento de aquellas ceras y cuerpos y le producía una mezcla de repulsión y atracción maravillosa. Ese fue un elemento importante. Otro fue introducirme en los escritos del filósofo francés Alain que Elena estaba leyendo. Encontré algunas cosas que a mí me decían mucho sobre lo que estábamos haciendo. En la primera parte que hice había algo místico y ahí Carlos Marqueríe (pintor y creador escénico) nos ayudó mucho y nos dijo de mirar la poesía de San Juan de la Cruz. Todos esos ingredientes se fueron ordenando y mezclando, pero de una manera más espontánea e intuitiva que siguiendo una idea narrativa.
En el segundo viaje, en Nápoles, me atrajo mucho el reflejo de la vitrina donde estaban las ceras. En la imagen estaba la cera pero también estaba yo y todo lo que había detrás de mí. Todo eso entraba en plano y creaba una serie de coincidencias. Fue un viaje en el que teníamos más tiempo y después de estar visitando el museo tuvimos unos días para pasear. Ahí entró la ciudad. Un día se nos cruzó un viejo que estaba bañándose, Elena estaba haciendo la obra de “Reconstrucción anatómica del cuerpo de un ángel”, le llamó mucho la atención sus omoplatos, grandes y salidos, que parecían alas. Lo fotografiamos. Y luego, sin tenerlo planificado, nos fuimos a un cementerio. Otro día había un trajín tremendo por la calle por un partido de fútbol, con jóvenes por la calle… Todo eso se mezcló.

¿Y Coimbra?

Es otra cosa. Las piezas anteriores funcionaban muy bien porque no hablaba nadie y jugaban en un espacio donde la interpretación era más libre. Pero Elena quería que le contaran historias y a partir del momento que entra la palabra ya estás atado por la narración. En las otras películas tú podías hacer cualquier interpretación de las imágenes y no estabas ofendiendo a nadie, pero cuando tienes enfrente gente que habla estás obligado a respetar su palabra. Tocó pensarlo de otra manera, es la pieza más larga.
Fueron encuentros con gente maravillosa y muy generosa. El Doctor António Vasco Poiares Baptista tenía mucho humor, la gente fue muy generosa, los guardianes de la biblioteca nos contaron mil historias… Fue muy bonito. Es como algo salido fuera del tiempo. Siempre que vengo a Portugal tengo la impresión que hay algo en la identidad portuguesa que es fortísimo, me atrae mucho porque es muy auténtico, viven en su propio mundo. La gente de la universidad tenía una relación con las ceras que hasta entonces no había visto en ningún otro lugar, realmente tenías la impresión de que las figuras vivían con la gente y que no erán simplemente un objeto que está en un oscuro pasillo.


Peças Vivas

vídeo de Sylvia Calle e Elena Córdoba


Excerto de "Peças Vivas", de Sylvia Calle e Elena Córdoba, filmado em Coimbra no âmbito do ciclo "Anatomia Poética".



6.8.10

CRÓNICA | Uma pequena nota

texto de Pablo Caruana Húder


fotografia de Susana Paiva

Una pequeña nota a esta puerta, a este orificio de entrada que es “La Mujer de la Lágrima”. Primera pieza de “Anatomía Poética”, proyecto que consta de seis piezas escénicas y cuatro trabajos audiovisuales en el que lleva enfrascada la coreógrafa madrileña Elena Córdoba.
Ayer, en una noche quieta, en el Teatro Esther de Carvalho, una pequeña danza, de pies quietos pero volada, llegó en voz baja. Es este el primer trabajo en el que Córdoba volvía a bailar después de mucho tiempo, sino me equivoco desde “Sin correa” (2002).
Es el primer trabajo en el que Córdoba decide trabajar con el interior del cuerpo. Pero funciona como prólogo, como el encuentro de la creadora (acompañada de María José Pire en escena) con la dimensión carnal, efímera y moribunda pero llena de vida de su cuerpo. Primero ambas bailarinas trabajan sobre una acción que muestra el desmayo, la pérdida de control, ante lo que ese encuentro significa. Un encuentro frente a lo anatómico lleno de repulsión pero donde el cuerpo también se deja ir placidamente.
Después llega ese encuentro, esa pequeña danza en la que Córdoba con los pies asentados e inmóvil de cadera para abajo comienza a explorar, a sentir, ya no a través de las láminas o figuras de cera que reproducen el cuerpo humano, sino a través del suyo propio. Una danza que se cuestiona sintiéndo lo qué es este infinito saco que nos alberga. La obra tiene más prismas, aristas y profundidades. Pero quiero quedarme en esa danza de pocos minutos.
Su danza, de dedos móviles que escrutan al comienzo, de brazos que se extienden y buscan abarcando inmensidades, se pregunta. Al final se acompasa la respiración, el pecho, el estómago, las venas y los cartílagos. En esa danza de ojos cerrados, íntima, no espacial, parece preguntarse Córdoba reflexiones eternas, presocráticas – qué es el movimiento, qué desplazar, de qué estamos constituidos, qué es la materia, la inerte y la viva que me conforma –, pero preguntárselas no con la razón y el sentimiento divididos, sino con la “razón trascendiendo” (la obra es clara en esto, en varias de las piezas audiovisuales que forman parte de ella se lee a San Juan de la Cruz).
Y ahí está Córdoba, con su cuerpo envejeciendo y sujeta a esa introspección vuelta danza donde el movimiento es pregunta y cuerpo, entrando poco a poco, cargada de sensualidad introspectiva, solitaria, soltándose a ese viaje en el que todavía sigue embarcada, “Anatomía poética”.
Después de esta obra llegarían otras, de las que se verán dos en Citemor, una de ellas estreno (ver programa). Llegarían obras donde ya se parte del estudio interior del cuerpo humano. Pero me quedo con esta ventana-baile por la que Córdoba decidió meterse, un hueco que ayer noche revisitó y que hoy sigue dando razón de ser a todo el proyecto. Con ese pequeño baile y con una imagen, con esa mujer de una sola lágrima en su mitad abierta, una estatua de cera pérdida en una vitrina museística parisiense. Destinada para el estudio científico pero que alberga una hermosa tristeza quieta.
No se trata de un rollo sentimentaloide de volver ver a bailar a una bailarina que lleva tiempo sin estar en escena. Sino de entender que no podía haber sido de otra manera, que se tenía que pasar por ahí, de poder disfrutar la gran consciencia con que se vuelve a pisar y a hacer.
Así que eso: el pequeño teatro de Montemor asentado en la noche, lleno y en silencio, con Córdoba haciendo que el baile sea acontecimiento y llevando a toda una platea quieta a ver, a contemplar y compartir esa posibilidad del ser humano de juntar pasión y consciencia, sensualidad y trascendencia, carne y verbo.


31.7.10

DISCURSO DIRECTO | Mala Voadora

texto de Pablo Caruana Húder

fotografia de Susana Paiva

Mala Voadora lleva desde el 2004 presentando trabajos en el festival de Citemor. El año pasado fueron “Chinoiserie” y “Real show”, en el 2008 “O decisivo na política não é o pensamento individual, mas sim a arte de pensar a cabeça dos outro”, y hace seis años “Nicaragua Prologue”. Hablamos con el eje pensante de la compañía, su director y también actor, Jorge Andrade, y el escenógrafo y vestuarista José Capela.
El día 29, en el Espacio B, un antiguo almacén abandonado y sin techumbre que hoy es uno de los principales – por potenciador – espacios del festival, la compañía estrenó nueva obra: “Single”, un trabajo que contraponía dos realidades: la de la Etiopía de Haile Selassie (narrada), y la de unos individuos contemporáneos presentes en escena y absortos en sus universos personales encerrados en un apartamento. Como base de la obra, dos textos: “El emperador” de Ryszard Kapuscinski y “Cell Block, Egospheres, Self-Container: The apartment as a Co-Isolated Existente” de Peter Sloterdijk.
Ochos actores en escena que se mueven, pero no se ven, en una casa de corte actual. Omnipresente el texto sobre los últimos 15 años de reinado de Selassie, de 1960 a 1974 que los actores dicen a modo de narración histórica. Y una casa dentro de otra (el Espacio B), en una obra que tiene mucho de reflexión metateatral. Pero antes de meternos en la pieza, preguntamos Capela y Andrade sobre el comienzo de la compañía:

Jorge Andrade: Durante ocho años y medio estuve con Teatro da Garagem, que tuvo una relación muy estrecha en los noventa con Citemor. Hubo un momento en que mi ciclo acabó y empecé a hacer trabajos como actor en diferentes proyectos. Fue en ese momento cuando hablamos de crear una compañía que por un lado permitiese liberarme de la dependencia de esos trabajos de “freelance” como actor, no tenía ganas; y, por otro, me permitiese lleva a escena ciertos textos teatrales que en Garagem, al trabajar siempre con textos propios, no podía. Creamos Mala Voadora, en esa época ya estábamos yo y José Capela. Hicimos una obra con tres textos de August Strindberg (“Acreedores”, “El paria” y “La más fuerte”), una de Edward Albee (“Historia del zoo”), y otra con textos de Koltés (“El prologo” y “La noche justo antes de los bosques”). Esta última fue exactamente la que presenté en Citemor. Quería trabajar estos textos y quería trabajarlos con otros directores. Ahí trabajaba los textos que me daba la gana como actor.

José Capela: Esto fue hasta el 2004. En ese mismo año Jorge dirigió “Los justos” de Albert Camus. Fue la primera obra que dirigió y la última que hicimos con un texto teatral dramático.

Andrade: Fue una época necesaria para luego poder dar el paso que dimos. No sólo artísticamente, en esa etapa también aprendimos mucho como compañía: producción, cómo crear equipos, etc.
Y justo en el 2004, como dice José, hice un curso de dirección en Sheffield con la compañía Third Angel, con quien por cierto ahora estamos pensando coproducir un espectáculo. Aquel curso para mí fue muy importante, cambió mi manera de ver el teatro.

Capela: Fue también una conquista de libertad, dejamos de hacer teatro bajo un canon determinado y comenzamos experiencias que se basan justo en una reflexión del canon, de las maneras de hacer: ¿de dónde partes para hacer un espectáculo? ¿cómo lo haces? ¿qué equipo creas para ello? Todo eso empezó a ser un campo de experimentación en sí mismo. Esa conquista fue fundamental y creo que nos determina mucho. La etapa anterior de la qu
e estamos hablando creo que fue más una etapa propedéutica, de aprendizaje.

Andrade: Bueno,
en esa etapa ya tenemos la voluntad de crear proyectos donde el equipo no es fijo, donde se escogía cada vez el equipo adecuado para el tipo de trabajo que queríamos hacer. Al igual que en esta primera etapa los directores cambiaban según el autor, cuando empezamos a trabajar con textos que ya no eran dramáticos llamábamos a la gente que nos podía servir: si trabajábamos en una obra que partía de los sellos, llamábamos a un escritor de cómic y a una historiadora; si hacíamos algo que partía de películas llamábamos a directores de cine... Nos interesaba trabajar a partir de cierto material no teatral con libertad y apertura.

Jorge Andrade. Fotografia de Susana Paiva

Vuestro nivel de producción es muy alto. Ha habido años en que habéis producido hasta cinco obras. ¿Qué quiere decir esto artísticamente? ¿Tiene algo que ver este ritmo de producción con vuestra situación como compañía en Portugal?

Andrade: Sí es verdad, nosotros hacemos tres o cuatro espectáculos al año, y el año pasado fueron cinco. Artísticamente la razón es porque queremos. Muchas veces cuando estamos trabajando para un espectáculo y estás generando surgen materiales que nos suscitan otros espectáculos. Se van uniendo los procesos. Ahora estamos intentando hacer sólo tres por año. Además tenemos que hacerlos porque ese es el proyecto que hemos presentado al Ministerio de Cultura. Pero como te decía tenemos ese ritmo de producción porque nos da la gana y también por las oportunidades que van surgiendo. Capela: Como dice Jorge, tiene que ver con las oportunidades. Pero no queremos repetir lo de hacer cinco al año. Estuvo bien pero es demasiado. Y nuestra situación como compañía en Portugal es buena. Somos una compañía asociada con el Zé dos Bois (ZDB), la mayor parte de los trabajos los desarrollamos ahí, en un espacio de Bairro Alto, Negócio. Allí incluso tenemos el espacio de oficina, en Portugal se llamaa ayuda a la “estructura social”, tenemos un acuerdo con el ZDB en el que tenemos oficina y espacio para ensayar. Es un contrato de dos años pero no es como una compañía residente. Hay otras compañías en la misma situación, como Patrícia Portela. Después, a parte del apoyo del Estado, muchos de los trabajos se hacen en régimen de coproducción, trabajamos con el Teatro Maria Matos, con la Fundação Serralves de Oporto, con el Centro Cultural de Belém de Lisboa o con Citemor. Y nunca hemos ido a España, quizá porque no nos hemos promocionado bien...

Decía Andrade que Mala Voadora trabaja con materiales que no son dramáticos: “Chinoiserie” (2009) partía de la baratija como objeto, “Philatélie” (2205) partía de los sellos, “Projecto de execução” (2006) partía de los registros sonoros que se tomaron en las cenas de tres amigas, “Hard” trabajaba documentales sobre la violencia y las catástrofes… ¿Por qué?

Capela: Esos objetos y materiales son una provocación para nosotros mismos, nos obligan a repensar siempre cómo podemos hacer, a pensar cómo puede ser el proceso para llegar a algo teatral. Además creo que eso da a la compañía una cierta identidad. Nosotros no vemos que la compañía tenga un lenguaje determinado, permanente. No nos interesa fijar una imagen de marca. Y esta manera de trabajar permite crear “inputs” de provocación que no sabes por donde te van a llevar y que acaban por crear cada vez dispositivos escénicos diferentes. De ahí que también que, como decíamos, los equipos de trabajo cambien para cada proyecto. Mala Voadora, somos cuatro: Jorge, yo, Anabela Almeida (actriz) y el productor, que ahora es Manuel Poças. Todos los demás van cambiando, lo que no significa que vayas creando lazos fuertes.

Andrade: Trabajamos con materiales que son muy reconocibles para todos y a través del trabajo lo que hacemos es cambiar la percepción que tenemos de ellos y ver que otros significados y lecturas pueden darnos en escena. Desafiando también al público para ver que otros significados pueden encontrar en algo que tenían por banal.

Capela: Aunque ahora estamos pensando en ir en dirección opuesta. Para el próximo proy
ecto queremos ver cómo podemos trabajar sin recurrir a esos materiales. Queremos trabajar con piezas de teatro y que los materiales sean las propias piezas. Veremos. Queremos trabajar con teatro burgués, banal, de entretenimiento y ver que sacamos de ahí. Tampoco queremos que trabajar con materiales que no son del teatro se convierta en una receta. Pero como decía, ya veremos.

Tentativas del texto en la escena
¿Y “Single”?

Andrade: El espectáculo nació en un proyecto de dos años que tenía que ver con la identidad. El primero fue “Chinoiserie”, sobre la identidad cultural, de ahí que trabajásemos con baratijas, souvenirs, “bibelots” decimos en Portugal. “Single”, sin embargo, tenía que ver con eso tan contemporáneo y un tanto agotado que es la cultura de la individualidad. Empezamos a trabajar con dos sociólogas que iban a entrevistar a gente que vivía sola por deseo propio. Y todo cambió en un ensayo en el que José Capela leyó un texto de Peter Sloterdijk, texto que analizaba el mundo individual del hombre contemporáneo, un mundo aislado sobre el que el individuo tiene total dominio; y al mismo tiempo influyó mi viaje a Etiopía en el que leí el texto de “El emperador” de Ryszard Kapuscinski en el que describía al Emperador Haile Selassie como alguien muy excéntrico. Queríamos unir esos dos mundos diferentes, opuestos de excentricidad. Luego llegó el contenido político. Seguí leyendo a Kapucinski y me di cuenta de que había muchos paralelismos con la historia portuguesa y europea que no tenía ni idea: revuelta de estudiantes en el 69, derrocamiento del Emperador en el 74, huelgas, subidas de impuestos excesivas que el proletariado no puede sobrellevar, un brazo político omnipotente que no se puede cambiar… Y en el fondo, un Emperador, que enlaza con la idea de “single” utilizada en el espectáculo, un individuo que no se mezcla, que está aislado y sólo se junta con los demás cuando hay periodos de gran crisis.

Capela: Como dice Jorge, está ese texto de Sloterdijk, que tiene que ver con un universo controlado por completo por un individuo, eso que Sloterdijk llama “egoesfera”; y, por otro lado, se introduce la historia de Etiopia, que es una historia colectiva. El proyecto vive mucho de esa tensión de confrontar lo individual con lo colectivo, los comportamientos de lo individual con la narrativa colectiva que, en este caso, es una narrativa histórica.

En “Single” los actores no representan la historia contada pero tampoco hacen de sí mismos aunque a veces lo pareciera ¿Cómo le afecta al actor-personaje moderno la historia narrada?

Andrade: Bueno, tiene tres niveles. Porque los que están en el espacio moderno están actuando, no están haciendo un trabajo crudo que intenta ser “realmente auténtico” como si fueran las propias vidas de los actores. Eso no me parece interesante de trabajar. Los actores se apropian de los textos, los dicen, usando su voz, no se dice en representación, son narradores. La intención es ser escuchado. Y luego hay intentos de representación, cortos, fragmentados.

Capela: Pero es verdad que hay un compromiso entre el personaje moderno que interpretan y ellos mismos. El actor ha tenido mucha libertad para crear esos personajes y al final tienen mucho que ver con ellos. Es muy curioso e interesante esa frontera.

Andrade: La verdad es que además están en un espacio muy nuestro. Es un espacio que casi es una replica de nuestra casa. El sofá es nuestro, la mesa, el póster de las palmeras, las sillas, la posición de la cocina…

Capela: Creo que esto de lo que estamos hablando enlaza con otro aspecto que me interesa del espectáculo. El límite de qué es arte y no lo es cuando un artista decide representarse a sí mismo. Cuando iniciamos este proyecto teníamos claro que no nos intere
saba la idea tan contemporánea del artista que se cree que está haciendo arte tan sólo por mostrar su intimidad. En “Single” se opta siempre por mostrar algo “trabajado” y no “real”. Los actores no están haciendo de si mismos a pesar que sea cercano a ellos. Al mismo tiempo los actores están haciendo acciones banales que uno hace en casa pero está todo medido y trabajado. Por ejemplo, su moverse por la escena crea el efecto de que no se cruzan, de que están aislados aunque sean ocho personas moviéndose por un espacio tan pequeño. Y ese artificialismo nos gusta. Ese límite de trabajar lo real y lo banal nos gusta pero trabajado sin ese nivel de ingenuidad en el que lo íntimo, sin más, vale por sí mismo.

José Capela. Fotografia de Susana Paiva

El espectáculo empieza con los comportamientos individuales en escena y contigo (Andrade) fuera del espacio diciendo esa narración histórica. Luego hay elementos que van cruzando esas dos “realidades”, se comienza por un despertador, que tiene un significado en ambos sitios, llegando incluso a un momento en que la narración histórica ocupa el espacio de estos seres modernos, no ya con uno de ellos diciendo, sino con todos representando una reunión de ministros, por ejemplo.

Andrade: La partitura está estructurada por tiempos. Primero las horas del día en que come el Emperador, luego los días de los atentados de 1960, y luego los meses y años de la Revolución del 1974. Intentamos hacer un juego para que esta estructura pase en los dos lados, tanto en la narración como en el presente de la gente que está viviendo en la casa.
Al inicio los actores están en el espacio haciendo sus cosas y la narración histórica va por otro lado. Luego, cuando llegan los atentados de la revuelta del 60 hay una perturbación de esta lógica separada, los actores comienzan a decir la narración con elementos que disturban, como la música alta que se pone en el apartamento. La apropiación del texto es un poco progresiva, llegando ese momento, como dice, en que esas personas que viven en un apartamento pasan a ser ministros en una reunión de crisis en la que cada uno intenta salvaguardar su “status”… Ahí es cuando lo colectivo más se mezcla, es el único momento que los individuos “hacen juntos”, es cuando la historia se cruza más.

Capela: Es el único momento, durante el resto de la obra cada uno va por su lado.

Andrade: Creo que es un momento en el que se intenta comprender la historia. Los actores sienten la historia cerca, pueden representarla. Por eso luego, aparecen algunos de ellos vestidos de corte francesa, creando un “tableau vivant” que mezcla esa cercanía representada con otro tiempo más reflexivo, más distanciado, que pregunta durante cuanto tiempo tiene que pasar lo mismo cuando parecía que ciertas cosas debían estar superadas desde la Revolución Francesa.

Por un lado hay una sobriedad, incluso presente en las luces, pero también presente en la utilización de la poética escénica. Siempre se vuelve al texto, a esa narración histórica parece que hay una voluntad de no permitirse ir a otros lados, a otros tiempos de acción, movimiento… Siempre se vuelve al texto ¿por qué?

Andrade: El texto es la base de esta obra. Y sí, no me gusta los tiempos en que realmente luego no hay nada.

Capela: Creo que hay algo que tiene que ver mucho con el trabajo de Jorge, siempre ha tenido una muy mala reacción contra el efecto fácil. Hay incluso casi una obsesión por no caer en ellos…

Andrade: Bueno, creo que tiene que ver más con la eficacia. No me interesa la eficacia sino ayuda a una mejor comprensión de la historia. Mostrar un espectáculo eficaz cuando estás tratando un tema que tú tampoco entiendes por completo no me parece ético, honesto. Al final son ejercicios de intento de comprensión. Hay otros trabajos en el que intentamos tener una mayor eficacia, en trabajos que se centran en el propio dispositivo escénico, o cuando el espectáculo centra su fuerza para convencer… Depende mucho el tema que estás tratando.

Capela: En este trabajo hay un ejercicio claro que tiene que ver con la posibilidad de narración en escena.

Andrade: Me gusta mucho la palabra en el teatro, pero no me gusta mucho cuando está representada en escena. Por eso, los actores muchas veces simplemente dicen. Y luego hay tentativas de representación, pero no a través de la caricatura, ni por un camino naturalista, sino a través de intentos de aproximación…


27.7.10

CRÓNICA | O poder simbólico da poesia cénica

texto de Pablo Caruana Húder

fotografia de Susana Paiva

“Hacer invisible lo invisible”, decía Artaud siguiendo las “correspondencias” de Baudelaire, esa insistencia del francés en encontrar “las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual”.
Un arte teatral que aspire a crear un espacio capaz de “escapar del tiempo”, de atrapar lo inasible, de hacer presente aquello que no podemos expresar, explicar. Teatro como arte total: escritura, pintura, imagen, sonido y presencia en acción.
Ese es el camino al que se enfrenta la apuesta de la compañía de Susana Vidal presentada esta semana en Citemor, “Simulacros”.
Camino en el que Vidal opta por la capacidad simbólica de las imágenes y acciones unidas a un texto confesional, poético, psicológico y reflexivo que sobrevuela las angustias de la esfera íntima de esta creadora. Como digo nada malas herramientas como principio motor y estético y que ahonda en el camino elegido en los últimos tiempos por esta creadora con trabajos anteriores más performáticos.
La temática abordada: la fragilidad del ser humano acrecentada por la simulación contemporánea, pero no sólo en su acepción política (la hiperrealidad a la “Baudrillard” en el que la sociedad ha creado un mundo más “real” que el REAL), sino en la memoria individual y emotiva de la creadora (capacidad de autoengaño, de modificar –por miedo o conveniencia- hasta el recuerdo más íntimo).
Pero lamentablemente la obra no parece llegar a los puertos que anhela.
La obra, como decíamos, utiliza el simbolismo en su concepción escénica que no en su escritura. Pero vayamos por partes.
Es curioso que el simbolismo, como corriente artística, surge en el XIX justamente como reacción el realismo y el naturalismo. “Hacer una representación de lo real, una obra naturalista, sería querer hacer una copia de la vida, una simulación”, diría un “baudrillano”. No es por tanto una reacción ilógica la de “Simulacros”.
Una de las herramientas más certeras del simbolismo es la metáfora. Y quizá uno de los primeros impedimentos en la obra de que el público pueda “comulgar” con el lenguaje propuesto es que el poder simbólico utilizado, al estar demasiado transitado, ha perdido fuerza. Sirvan dos ejemplos:
Primer movimiento de “Simulacros”: Después de un prólogo histórico en el que bajo notas de “Ay Carmela” vemos a dos milicianas estáticas, nos adentramos en el mundo personal de Vidal. Un mundo que va a predominar el resto de la obra. Ahí, con olor a Ciorán, una voz en off dice: “A nena vai caier / A nena va cair / A nena caiu”. Vemos seguidamente dos actrices surgir en una rampa que atraviesa todo el espacio, van con máscaras, con movimientos de otro mundo van deshilachándola. Aparecen sus caras y la mirada. Cae el velo. Imagen que nos retrotrae directamente a Maya, a “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer, imagen más ilustrativa que evocadora, que no tienen la libertad de la metáfora pura que cuando pone en relación lo real con algo “evocado” ilumina.
Quizá se pueda tachar este argumento de atrofiado por excesiva “capacidad referencial”. No lo creo, pero pasemos al segundo ejemplo. Las actrices suben la rampa y caen por ella hacia un muro en el que son continuamente fusiladas. En un momento una de ellas coge una gran piedra y la arrastra rampa arriba. La unidireccional significación referencial a Sísifo constriñe.
Son dos ejemplos de metáforas escénicas lastradas por su bagaje referencial pero que denotan que quizá la compañía no ha tenido el suficiente tiempo para encontrar un lenguaje propio que asuma libertad. El uso de ahogos con telas para ilustrar angustia, de una “bomba humana” para un texto que en el que una mujer se obsesiona por ser perfecta en todo y explota al grito de “Eu sou uma mulher moderna”; o la escena en que ambas actrices descienden la rampa a cámara lenta “simbolizando” la vida como una competición angustiante y sin sentido en el que el hombre es capaz de pisar por ganar, abundan en la misma dirección.


fotografia de Susana Paiva

Como se puede colegir por lo antes dicho la obra se teje en sucesión de acciones metafóricas en un espacio abierto al símbolo. Acciones que son cruzadas por los textos escritos por la creadora. Textos de gran carga poética en los que Vidal en primera persona va exponiendo sus reflexiones sobre como el miedo, la fragilidad y el no querer afrontar van minando la lucidez y fortaleza del hombre, su capacidad de vivir en definitiva. Los textos oscilan entre la confesión íntima y la crítica de los usos y defectos del hombre contemporáneo incapaz de desmarañar la irrealidad que se ha construido.
Textos que al estar dichos todos de manera dramática, incluso trágica, hacen que su recepción sea plana. La manera sentida de decir unos textos de esta naturaleza en un teatro no sujeto a una historia lineal y en un espacio como el de “Simulacros” es especialmente complicada. Cada uno debe encontrar su sitio y ser consciente de su relación con el anterior y posterior para así poder dar un ritmo a la obra y una comprensión clara del significado de cada uno de ellos. La recepción, al estar dicho en un mismo registro todos, es doblemente plana en este tipo de teatros y como decimos oscurece su significado, lo encripta, hace que su comprensión por parte del público sea más difícil.
Por supuesto que se puede utilizar un registro trágico y declamatorio, y que éste sea efectivo y de en la diana. No se trata de un rechazo a cierta manera de decir. Pero la uniformidad hace caer a la obra en un Tedeum donde el significado se empasta. Es una pena ya que hay algún texto como el de “Comer sonhos” de calidad literaria especialmente aprovechable.
Dos problemas más se suman a que esta obra, que crea una relación valiente y exigente con el público, no pueda retomar vuelo. Una de ellas es el uso de la luz que en muchas ocasiones (como en la escena del Mito de Sísifo o de la “mujer bomba” con unas apabullantes luces intermitentes) buscan recalcar a través del efecto. Efectismo que baña los cuerpos la mayoría de las veces a contraluz, resaltándolos, más que entendiéndolos. La luz sea añade así subrayando a la manera de decir de la que antes hablábamos y al trabajo gestual que también opera en consonancia “trágica”.
La sensación en “Simulacros” es el de una fuerza y dramaticidad que se desvanece antes de llegar a platea. La de una sensibilidad forzada. Numerosos movimientos fragmentados, caídas, subidas y muertes se van sucediendo en un escenario que las actrices atraviesan con dificultad volitiva y manifiesta. La obra recorre así diferentes espacios mentales que al estar trabajados en la misma dirección quedan no diferenciados, difíciles de distinguir y apreciar.
El otro problema, que explicaba Vidal en la entrevista también publicada en este blog, es la falta de tiempo.

“Necesitaría otra semana. Hay una cosa que me enfurece, parece que montas y ya se acabó. Siento todavía la fragilidad de ritmos en el espectáculo. Han sido 15 días, así nos lo planteamos, lo teníamos claro, y gracias al ritmo que propicia Citemor hemos podido sacarlo adelante. Pero partimos de una situación muy precaria, sin ayudas, sin ninguna subvención”.

Una situación que quizá explique varios de los argumentos de esta difícil crónica. Pero que deja una pregunta en el aire: las estrategias de creación, la adecuación de lo que uno quiere y puede hacer con lo que tiene en ese momento. Quizá la estrategia de lo mínimo, de lo pequeño, muchas veces sea buen camino.
Otro de los caminos esbozados en la obra es el de cómo la memoria política e histórica que nos atraviesa incide en nuestras vidas personales. La obra está dedicada al abuelo muerto de la creadora, hombre republicano que murió el primer día de la Guerra Civil y sobre el que cayó un manto de silencio que Vidal en los últimos tiempos ha podido ir levantando un poco. De ahí el principio miliciano, de ahí los fusilamientos. De ahí el final de la obra que acaba con músicas de la época. Queda así la obra englobada entre estos dos momentos. Pero aunque así explicado pueda tener sentido claro, el de un universo personal encerrado en un no recuerdo, atrapado en una fantasmagoría de identidad mutilada, en la obra queda escondido, encriptado.
Cómo se interrelaciona lo público, lo político con lo personal, el dolor contemporáneo de los Estados del bienestar con la situación política, con el dolor ajeno en el presente y la injusticia pasada, es uno de las vetas más interesantes de la creación contemporánea y uno de los verdaderos interrogantes éticos a los que se enfrenta el creador hoy. En “Simulacros” esa veta explicita que se centra en como el pasado próximo de la Guerra Civil Española influye y determina nuestra identidad, está más planteada que transcurrida. Pareciera que incluso no se ha querido adentrarse en ella. Una opción válida pero que en el total de la obra queda como un tema no resuelto que el público no sabe cómo afrontar, cómo leer.

DISCURSO DIRECTO | Susana Vidal

texto de Pablo Caruana Húder

fotografia de Susana Paiva

Susana llega con ganas generosas de hablar y contar, lo que uno agradece. Directora, escritora y madre desde hace poco, llega exhausta después de una residencia fulgurante en el que en poco más de quince días han estrenado “Simulacros”, obra que ha aperturado la programación teatral de Citemor.
Formada en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, en España Vidal trabajó con gente tan diferente como los catalanes de teatro-danza de Senza Tempo, el andaluz Alfonso Zurro, el propio José Antonio Sánchez o en el tercer teatro español de Atalaya. Llegó en el 98 a la Exposición Universal de Lisboa a Portugal. Momento frenético de actividad y posibilidades. A partir de ahí se fue quedando. Primero trabajando como actriz en el espacio Ginjal con la compañía de teatro U Olho, y luego comenzando a trabajar como directora, estrenando sus primeras piezas (“Quero ser uma porno -Star?”, “Esta é a minha cara”...) y como directora de una compañía de teatro universitario hasta hace dos años (Grupo do Teatro do Instituto Superior Técnico).
Tiene su primera participación en el Festival Citemor en el año 2004 con “Amor crú”. Luego vendría “A Inesperada” en el año 2006, obra sobre textos de Ramón Gómez de la Serna: “era una visión muy personal y basada en los textos radiofónicos del autor. La obra marcó mucho mi trabajo, a partir de ahí se vuelve más poético, más tensos de ver”, recuerda Vidal.
Después de “A Inesperada”, CITEC, la Asociación que dirige Citemor y gestiona el proyecto cultural del Teatro Esther de Carvalho, le propuso un proyecto que pudo verse el año pasado en temporada: “Beija-me”, trabajo visual centrado en una sola actriz, Joana Macias, y que se sumergía en un mundo íntimo y femenino.
Susana dice que este año, en el que ha sido madre, se ha sentido por primera vez extranjera en Portugal, que necesitaba contar algo muy personal y al mismo tiempo contar su relación con la historia de su país. En un escrito de Vidal, que no ha visto la luz, encuentro esta pequeña dedicatoria:

Este espectáculo está dedicado a mi abuelo que nunca conocí, un hombre que escribió teatro durante la República y que murió fusilado el primer día de la Guerra. Sé que era alto... Nunca sabremos donde está...”

Pero como decía, Susana viene con ganas de hablar, así que tan solo tengo que decir:

“¿Y?”:

Susana Vidal: Todo empieza a través de la idea de simulacro, a partir del libro “Simulacros, simulación” de Baudrillard. Empezamos a trabajar sobre la idea de simulacro como una realidad alternativa a la propia realidad. Donde la realidad inventada supera la real. Prefieres un jardín construidísimo que el campo, prefieres una isla con forma de palmera creada por el hombre como hay en Dubai que una natural. Cada vez hay más mundos artificiales que son una hiperrealidad.
Este concepto de artificio en la obra lo relacionamos con la memoria y la historia: cómo la memoria colectiva se va transformando a lo largo del tiempo y nos llega modificada, casi siempre reducida, limitada, manipulada. Y cómo esa recepción afecta a nuestra memoria individual. Queríamos mostrar hasta que punto nuestra memoria se va alterando por cuestiones históricas. A mi abuelo lo fusilaron el primer día de la Guerra Civil Española, no sé porqué, desapareció y con él desapareció esa memoria. Y esa desaparición alteró la memoria de toda la familia. Hace un año mi padre vino a visitarme a Lisboa y me dijo “ah, sí, tu abuelo hacia teatro”. Yo no sabía nada, nunca nadie… Es como un fantasma, durante mucho tiempo no se pudo hablar de él, era republicano y durante la dictadura… Y luego, parece que ya se nos quedó en los genes, ha costado mucho tiempo empezar a hablar de él. De repente, me di cuenta que no sabía nada de mi historia. Y es muy difícil recuperarla, no tengo ni una fotografía suya. Toda este tema, al mismo tiempo, se fue uniendo a la capacidad del ser humano de crear nuestra propia historia simulada como defensa. Disfrazamos la realidad y ponemos lo horrible lejos, eso en Europa lo hacemos muy bien, nos habituamos a una calma cualquiera. Quería contrastar mucho ese tiempo en el que estamos simulando todo el rato que hacemos algo, haciendo público que estamos haciendo, como si hasta que no es público no es real. Buen ejemplo de ello es “facebook”. De ahí el texto que dice María en escena con una bomba en el pecho:

fotografia de Susana Paiva

O abominável desejo de ser sim, de procurar sim, de querer sim, de estar sim, de compor-me sim, de olhar-me sim, sempre sim, perfeita-imperfeita-perfeita-imperfeita-perfeita-perfeita para amar, perfeita para foder, perfeita para ser mãe, perfeita para ser filha, perfeita para ser cantora, perfeita para dançar, perfeita para engatar, perfeita para dizer, perfeita para ver, perfeita para sair, perfeita para criar, perfeita artista, perfeita-mulher, perfeita-mãe, perfeita-filha, perfeita-nora, perfeita-senhora, perfeita-sexy, perfeita-mulher, perfeita-humana, perfeita-sociável, perfeita-todo, tudo perfeito. Todo in-volumétrico, in-sustentável, in-desejável, in-tratável, inconfessável, in-suportável…sim…eu sou assim tão insuportável como me representas, tão estúpida como me apresentas... Não sou perfeita, sim sou perfeita...sou perfeita. Tento não perder tempo, não deixar a oportunidade, mas não estou a conseguir vestir-me de puta hoje... Não posso crer na família, não posso crer em deus, não posso amar, não posso ser puta, não posso ser gorda, não posso ser feliz... Eu sou uma mulher moderna...
Extracto del texto de la obra “Simulacros”

Al final, todas estás ideas se enmarcan en torno a algo muy simple: la fragilidad humana. El miedo, lo horrible del ser humano, de cómo estamos siempre en un recomienzo histórico tanto personal como colectivo. La fragilidad también en la mujer, como lucha física contra nuestro propio y el miedo a desaparecer, como las dos actrices y yo, que estamos en una edad en que el cuerpo va cambiando, nos sentimos frágiles.

¿Cómo ha sido la residencia?

Cuando llegamos a Citemor propuse tanto a Eric Costa (espacio escénico, aderezo y figurines como a las actrices trabajar sobre una pared donde srían a ser fusiladas constantemente. Luego nos decidimos por este espacio que es una rampa que crea como una especie de onda, un poco como el mito de Sísifo, donde las actrices siempre que llegan vuelven a caer al mismo sitio donde son fusiladas.

fotografia de Susana Paiva

¿De qué no estás contenta del espectáculo?

No encontré todavía el ritmo del espectáculo. Necesitaría otra semana. Hay una cosa que me enfurece, parece que montas y ya se acabó. Siento todavía la fragilidad de ritmos en el espectáculo. Han sido 15 días, así nos lo planteamos, lo teníamos claro, y gracias al ritmo que propicia Citemor hemos podido sacarlo adelante. Pero partimos de una situación muy precaria, sin ayudas, sin ninguna subvención. Me gustaría trabajar más como estoy yo en escena (Vidal está pegada a escena e interviene a través de un micrófono en determinados momentos), pero no había tiempo ni dinero para poder investigar esto a fondo, tenía que estar fuera para poder dirigir. Me apetecía estar en escena. Además tenía que escribir… Necesitaba estar fuera.

La dirección de actores parece clara, en cómo se dicen los textos por ejemplo…

La escritura en portugués y español para mí son muy diferentes. El español es mucho más directo, más fuerte, más político. En portugués los textos son más entrecortados, siempre utilizo puntos suspensivos. En esta obra casi todos los textos, menos el que digo yo al principio y el texto de Cabras, que es más para fuera, son en portugués. También escogí trabajar con micros para que las actrices pudieran estar en varios planos, niveles. Yendo de una realidad a otra diferente, del pensamiento a la memoria, de la memoria a la realidad, de la realidad a la “puta” realidad. Busco mucho en teatro un tiempo cinematográfico, no siempre lo consigo, desde “A Inesperada” ando buscando un tiempo extraño que creo está más relacionado con el cine: poder volver atrás, al principio, al presente… Trabajar en el teatro como si montaras en cine fotogramas. Eso es muy difícil también para las actrices, por eso siento que ahora es cuando deberíamos seguir trabajando. La obra no tiene un tiempo teatral, son escenas sueltas, montadas. En cine esto se entiende muy fácil pero en esta obra congeniar los tiempos de sus repetidas muertes y luego poder volver al principio, por ejemplo, es difícil. Y por otro lado está el plano de la memoria, el del pensamiento... Ahí me apoyo mucho creando diferentes espacios estéticos, en el estreno han estado en germen, pero sí busco que cada plano tenga su espacio determinado, extraño. Sé que esta manera de hacer supone un transcurso difícil para las actrices. Por eso también se trabaja mucho con la inestabilidad y la fragilidad de ellas, de las actrices. Y por eso se crea un espacio difícil de recorrer, un espacio fragmentado.

Por cómo las actrices actúan, cómo dicen el texto, podría decirse que el registro se acerca a la tragedia.

Sí, me parece que para hablar del simulacro en este momento político y social no podía alejarme de la tragedia. Estoy en una tragedia yo y lo que está a mi alrededor. Hay algo de pesimismo, no tenemos por donde salir, te puedes meter en tu cápsula, intentar protegerte pero es muy difícil, está cayendo siempre, bombardeando. Quería mostrar cómo el simulacro influencia nuestro miedo, nuestra fragilidad, nuestra propia realidad que tenemos que crearnos… Parece que en este mundo occidental está todo muy bien, muy calmado, no hay tragedia. Y el hombre necesita de la tragedia y esa falta de tragedia nos está ahogando, creando a su vez esa tragedia interior llena de miedo y de pánico.

¿Cómo has jugado con los planos político e íntimo, histórico y personal? La obra comienza y acaba con unas músicas y unos referentes políticos a la Guerra Civil (Ay Carmela, No pasarán…) claros. En cambio, entre estos dos frontispicios reina más un plano personal.

Intento que la relación entre estos dos planos no sean claros. Quería hablar de algo muy íntimo con las actrices. Escogí a estas dos personas por la relación que nos une, trabajo con ellas desde que llegué a Portugal y hay un entendimiento entre nosotras increíble. Queríamos hablar de esta fragilidad de la mujer, del miedo a desaparecer, de una lucha física con nuestro propio cuerpo; y de una memoria que es mía y que pasa a ellas. En cuanto a lo político… Para mí la guerra como concepto tiene una referencia clara que es la Guerra Civil Española, una guerra en la que no puedo ser objetiva, mi abuelo murió el primer día de la guerra, joder, el primero. Toda la historia de mi padre, y mía por tanto, cambió ese día. Yo soy de Córdoba, esto era en un pueblo a 30 kilómetros de Córdoba, una zona muy roja. Y la muerte de mi abuelo cambió todo. La posguerra que pasó mi abuela y mi padre fue muy dura, la familia extendió un silencio sobre esa historia. Y no puedo desconectar mi historia personal de todo esto.


fotografia de Susana Paiva

Pero en la obra hablo más de una historia personal, de fragilidad propia. Hablo de cómo la historia colectiva incide en nuestra propia historia personal. Y como cuando te pierdes ciertas cosas de nuestra historia colectiva, eso, te crea una fragilidad. De esto es de lo que quería hablar. Mi historia, yo, estoy aprisionada entre ese principio y ese final, en esos fusilamientos y bombardeos.
La Guerra Civil tiene un componente muy romántico, mucha gente de fuera, de Portugal, lo ve así. Cuando piensan en un bombardeo piensan en el Guernica, y hubo muchos, olvidados. Y la idea del espectáculo es como mi historia se pierde ahí, en ese fusilamiento, cómo estoy aprisionada por ese momento. La historia nos hace quedarnos aprisionados, el espectáculo fisicamente tiene esta idea, no tiene salida por ninguno de los dos lados, ni al principio ni al final.