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26.3.10

Pigmeus do Mondego de Nilo Gallego


Up-grade Citemor TV: partilhamos um video inédito que documenta "Pigmeus do Mondego", intervenção sonora sobre o Mondego pelo colectivo dirigido por Nilo Gallego. Câmaras de Hugo Barbosa, Pamela Gallo e Adán Santiago; edição de Raúl Alaejos e Nilo Gallego. Citemor, Julho de 2009.


texto de Pablo Caruana Húder

El sonido y la música
Pillamos a Nilo Gallego en un día complicado. Por la noche tiene el primer ensayo general de “Pigmeos del Mondego”, una intervención sonora en el río de los alrededores de Montemor. [ler mais …]


texto de Cláudia Galhós

Eis a hora. Ponto de encontro: Igreja da Misericórdia.

Vivemos a temperatura que desce. A noite. Hora de humidade nas margens do rio. O Mondego ali ao fundo, alcançado no caminho que cruza os campos de milho alto. [ler mais …]


EM ENSAIO | Nilo Gallego

fotografias de Susana Paiva



4.8.09

DISCURSO DIRECTO | Katsunori Nishimura

fotografia de Susana Paiva

HOMBRE, JAPONES. ROJO. LOCURA.


Katsunori Nishimura es un tanto incontenible. Incontenible tocando, haciendo tres sonidos en cada golpe, sin poder parar; e incontenible en la conversación, con un deje japonés y siete mil castellanos. Katsunori lleva en España desde 1972. Hoy es uno de los grandes percusionista de nuestro país. De formación clásica él sigue agarrado a la investigación y lo que él llama “divino infantilismo”. Desde hace algunos años vive en León, donde han sabido comprenderle y acogerle. Llegó al festival de Citemor dentro del trabajo que Nilo Gallego presentó en el río, “Pigmeus do Mondego”. Con su generosidad y su energía llenó las noches del festival de conversaciones y ritmos. Capaz de tocar con un alfiler en un desierto, hablamos con él en una larga conversa en la Praça de la Republica de Montemor.


-¿Cómo llegaste a España?

Katsunori Nishimura: En el año 1972, tenía viente años. Estaba estudiando en Tokio ingienería de caminos y vi unas clases de español. Mi profesor fue un jesuita murciano, tuvimos mucha amistad y un día me dijo de ir a Murcia, que me presentaba a una familia. Yo tenía intención de quedarme un año o dos… como preparación. Y por circunstancias, yo había tocado la batería en el instituto, me metí en el conservatorio de Murcia. Me metí y poco a poco decidí que iba a cambiar mi vida, que la iba a dedicar a la música.

¿No pensabas que ibas a acabar en la música cuando estabas estudiando?

Nada. Cuando entré en la universidad se me olvidó todo sobre la música. Yo estudiaba poco, poco, suspendía mucho. Nunca he hecho nada de ingeniería, nada.

Bueno, estabas en España…

Viví seis meses en Corvera, un pueblo entre Murcia y Cartagena, allí había un profesor, Don Ginés, que empleaba flauta, trombón, piano, percusión… Ese choque empezó a crecer en mí y quería aprender más y más. Y un día me encontré con uno de los mejores afinadores de pianos de Japón que trabajaba para Yamaha. Él, desde que nació, había estado tocando el chelo, una educación severa, hablamos mucho, me contagió en tres días su pasión por la música. Y me metí a la percusión, me cambió la vida. Y no he parado, día a día sigo profundizando. Al año siguiente fui a Madrid a seguir los estudios del conservatorio, donde me dio clases José María Martín Porrás. Su padre, que había sido el director de la Banda de Madrid, era autor del pasodoble dedicado a Marcial Lalanda - http://www.youtube.com/watch?v=7AfPb-mPJrU -, cosa que descubrí más tarde. Bueno, Martín Porrás ha sido el padre de la percusión en España, eso sin duda. Además, la escuela estaba al lado del Teatro Real, el único sitio donde había conciertos en Madrid. Y allí formamos el Primer Grupo Estable de percusión de Madrid. Con Carlos Chávez en el Centro Cultural Catalán dimos el primer concierto. Fueron seis años muy activos. Luego ya aprobé como timbal solista de la Orquesta Clásica Canaria y me fui para allá. Pero me cansé enseguida, el tiempo era siempre igual, no me gustó nada.

Era otra isla como Japón…

Eso... Así que hice una oposición a la Orquesta Ciudad de Valladolid, que dentro de España era pionera. Fui y aprobé y ahí he estado hasta hace cinco años. Hicimos muchas cosas buenas. Entre otras cosas me acuerdo de Don José Luís Truina que nos escribió una obra basada en una poesía de Miguel Hernández (“La canción del antiavionista”) que se llamaba “Objeto de voces y quinteto de percusión”, era muy buena obra pero ya sabes en España de una obra va de su composición directamente a la tumba. Otra que recuerdo fue “Espejos” de C. Halffter, era para cuatro percusionistas, cinta magnetofónica y bafles escondidos. Era muy buena. Hubo una época en que los compositores escribían para nuestra orquesta y que no lo hacían nada mal.

¿Y cómo has acabado en un proyecto tan diferente como este de Nilo Gallego?

En Valladolid conocí a una compañía, Teatro Corsario… Y un grupo pequeñito que se llamaba Grupo La Ventanita, allí conocí a Nilo Gallego, era actor y bastante bueno. Me fui poco a poco metiéndome. Pero antes de venir a Valladolid tuve dos participaciones que estuvieron muy bien. Estuve como segundo percusionista en la obra “Salomé” de Lindsay Kemp, en Madrid. Venía con ellos un percusionista japonés y como lo conocía fui a saludar y me dijo “súbete a improvisar”. Él estaba haciendo improvisaciones con ritmos de jazz rock y me dije que no iba a hacer lo mismo, creo que cualquier artista tiene que decir algo interesante, así que pensé en meter polirritmos y politímbricos, es mi recurso, que no tiene mucha gente, es otro ritmo. Y ahí me subí, poco a poco fui subiendo y me excité, acabé muy arriba. Y fliparon, todo el mundo gritando y Kemp vino y me abrazó: “This is fantaaaaastic, nice to meet youuuuuu…”, ya sabes cómo hablaba. Y me metieron en el espectáculo, era el principio de los ochenta. Y luego me metí en un montaje de Francisco Nieva, en “Los baños de Argel” de Cervantes, en el María Guerrero, en el Centro Dramático Nacional. Lo que me gustó mucho con Kemp es que tenía tal libertad en los ensayos… Con Lindsay hasta el más pequeño, el más joven, opinaba, había tal libertad. Yo cada día llevaba un instrumento raro, me acuerdo que el último instrumento que llevé para un baile de convulsión fue un paraguas, lo abría y lo cerraba. Esa libertad de creación no la había conocido nunca, fue un mes maravilloso. Luego he conocido a tantos mediocres que hacían tantas chapuzas, con Nieva también había toda la libertad del mundo. Hay una zona de locura en el cerebro que los neoplatónicos llamaban “fiebre de vino”, yo también lo llamo “divino infantilismo”, siempre tener un niño ahí. Nieva y Kemp tenían ese niño y yo les entendía, también estoy por ahí. Siempre han dicho: genio y locura, una hoja de papel. Y tienen razón, el artista capta tales vibraciones, tan altas, que es muy difícil expresar esto en la vida normal. Si lo haces en la calle, en la oficina eres loco pero si lo haces en el teatro ya no lo eres. Como Glenn Gould… A mí en la época del conservatorio Bach me parecía lo más aburrido posible. Muchos decían que era Dios. Pero cómo que es Dios… Un día estaba en casa, pongo la radio y de repente oigo un chelo, era la Suite número 1 para chelo de Bach. Me impactó muchísimo, fui corriendo y cogí un cinta y empecé a grabarlo. Cuando acabó la pieza la locutora dijo: interpretado por el gran chelista Pablo Casals - http://www.youtube.com/watch?v=VhcjeZ3o5us. Me quedé atónito, no era aburrimiento, era pasión pura. Me abrió a Bach, luego compré discos y fui a conciertos y me aburría otra vez. El arte es revivir y muchos artistas no lo hacen. Y me aburrí hasta que otro día puse la radio y me dije qué es esto, corrí a grabarlo otra vez y al final dijeron: hemos ofrecido “Variaciones Goldberg” por el canadiense Glenn Gould - http://www.youtube.com/watch?v=g7LWANJFHEs. Era un Bach moderno a más no poder… Y otra vez fui a conciertos y me aburrí. Pero busqué en el mundo de grabaciones y encontré la Suite para orquesta dirigido por Otto Klemperer, su Bach siempre suena trágico; y más tarde, encontré las Cantatas de Bach interpretadas por Karl Richter. Un crítico decía que las Cantatas de Bach oídas por Richter eran regalo del cielo… Es verdad. Y yo ya empecé a mosquearme: Bach por Pablo Casals es pasión, Bach por Glenn Gould es algo moderno, Bach por Klemperer es tragedia; y Bach por Richter es regalo del cielo. Y todos son Bach, el mismo Juan Sebastián Bach. Luego aparecieron especialistas de Bach y yo me reía, eran aburridos pero seguía preguntándome porqué Bach es así. Me lo sigo preguntando.

¿Has tenido amores, tienes familia, está toda en Japón, eres un hombre solitario?

Bueno, últimamente como mis padres son mayores, 85 años, estoy preocupado y cada año vuelvo… Amores, sí, sí, claro, claro…

¿Cuál ha sido tu gran amor en España?

Varias, pero una chica que vivía en el pueblo en Corvera… Puff, puff, es que me perdí. Yo tenía veinte años, ella catorce, se llamaba Encarnita, era la hija del carnicero y ese año fue la reina del pueblo. Yo le regalé un kimono de verano, tengo la foto ahí. Por aquella época estudiaba muchas horas español pero estaba tan obsesionado por ella que no podía ni abrir los libros. El maestro del pueblo me dijo que me fuera a Murcia, que me buscaba una familia porque no estudiaba nada. Aquella historia fue la más potente que tengo en el recuerdo. Y es que ese pueblo fue muy fuerte, era el año 72, imagínate, yo estaba, se puede decir, todavía en Japón… Ahora, en cierta medida, añoro ese tiempo, la gente era amable y más humilde… Y cómo cantaba la gente, muchíiiiisimo. Me acuerdo del primer verano en Torrevieja, todas la familias tenían una guitarra, claro, no había walkmans y había tan sólo dos televisores alemanes grandotes en todo el pueblo. La diferencia con Japón era abismal. El tren llegaba con cinco horas de retraso y era normal, entrabas en un compartimiento y parecía Londres, cómo fumaba la gente, pero enseguida hacías amigos y cantabas. Añoro, añoro.

¿Eres un poco obsesivo?

No, depende de las cosas. Cada día menos, ya soy mayorcito y todo se va reposando. Es verdad que por mi carácter, que si puede ser obsesivo, si estoy tocando y empieza a sonar no sé parar. Mi centro de la vida… Hay una frase de un presocrático que me encanta. Jasper decía que cinco, seis siglos antes de Cristo fue “el siglo axial”, y tenía razón, estaba Grecia y Buda y Confucio y Laotsé… Bueno, pues Tales de Mileto decía “conócete a ti mismo y nada en exceso”. Creo que eso es muy grande. No soy religioso pero me acuerdo de leer mucho en la época de Madrid y esto de conocerse por dentro, nuestra materia oscura es algo infinito. Me acuerdo que cuando era un niño, con ocho años, mi abuela, que tenía cataratas, en invierno me llevó a un templo a rezar, arrodillado. Yo quería parar pero ella no me dejaba, tenia mucho frío, frío, frío… Pero fueron pasando las horas y apareció en mi frente una pantalla de niebla. Y poco a poco empecé a no sentir frío, es como si lloviera torrencialmente en la calle y yo llevara puesto un impermeable. Eso me abrió mi ojo interno, me di cuenta después de muchos años, aquí en España. Tocando, muchas veces, aparece ese ojo, el que mi abuela me abrió, otro mundo interior, otro universo… Cada hombre es una deducción de todo el universo, dicen los físicos cuánticos, y lo han demostrado, eso es grande. El arte está hecho para explorar esa materia oscura, si centramos ahí, de ahí sacamos constante creatividad. Yo intento sacar de ahí.

¿A veces se bloquea esa vía?

Sí, claro que pasa. Después de estar tocando en orquestas durante años te das cuenta de que consigues cierta profesionalidad. Un amateur cuando está mal está horroroso, un profesional no baja de cierto nivel. Y cuando uno está bien, si es profesional se puede llegar muy arriba. Con el agujero negro ocurre un poco lo mismo, si quiero sé provocarlo.

¿Cómo es tu vida ahora en León?

Una vez a la semana voy a dar clases de percusión a la Escuela Municipal de Olmedo, también he estado en la Escuela de la Asociación de Música de Astorga. Yo salí de Valladolid desahuciado, nos obligaron a hacer una gira sin dietas, decidimos hacer huelga y al final la hice yo solo. Y salí en el periódico diciendo lo que había que decir, pero los políticos me ficharon y tuve que irme. En Valladolid ya tenía fama de ser rebelde y se puso muy duro trabajar, no podía pagar el piso y me desahuciaron. Me fui quedando en casa de amigos, pero no podía ser. Me acuerdo de estar en noviembre con dos maletas en la estación y sin saber qué hacer. Y me acordé de Chus Domínguez - http://trestristesfilmes.wordpress.com -, era amigo mío, me había filmado para un blog y le pedí ayuda. Me dijo que me fuera a León inmediatamente, que dormía en el salón. Estuve en varias casas, en la de Nilo también, y cogí un piso compartido por 50 euros. Pero no tenía agua caliente, cogí frío, estaba mal alimentado, me caí en la calle, me diagnosticaron diabetes… Ese fue el punto más bajo, vivía con 250 euros al mes. Era imposible, la gente me dejaba dinero. Toda esta gente de León me ha ayudado mucho. Luego ya fueron saliendo cosas.

¿Qué prefieres León o Valladolid?

Hooooooooombre, la gente en Valladolid tiene un carácter seco, irritante, tirante. En León es más suave, más amable. Pero una cosa es cierta, en todos mis años en Valladolid no he oído hablar mal de León nunca, en cambio en León, puff. Los de Valladolid siempre estarán diciendo que quieren esto y lo otro, pues muy bien, lo malo es que en León nadie dice nada, nadie se queja. El otro día con un amigo pensamos en hacer una asociación que se llamase QUEJAOS LEONESES. Así están las cosas, todos los leoneses que están capacitados están fuera de León. Yo soy de Omuta, de la provincia de Fukoka, en el sur de Japón, una región que tenía carbón y se fue a la mierda. Yo ya conozco. Y la gente que vuelve, sólo vuelve a tomarse algo al Barrio Húmedo y ya está. Eso me entristece un poco. Por ejemplo, lo que hace Chus o el propio Nilo creo que está dando mucha esperanza a muchos jóvenes.

Tu que tienes una formación distinta a la de la acción y la performance ¿Qué hilos de comunicación tienes con Nilo para poder encontraros?

Una es la percusión, Nilo toca muy bien, a mí me gusta mucho. Ese es un camino. Y el otro es que yo le he conocido cuando era actor en la compañía La Ventanita. Son estos dos hilos, la percusión y el teatro. Yo ahora tengo ya mi primera obra, bueno no está completa. Se llama “Mujer japonesa. Rojo. Locura”. No sé porqué me ha salido ese nombre. Recordé también la película “Madame Butterfly”, no sé porqué ha salido de mí. Parece que a través de Katsunori, que es percusionista y japonés, se quiere expresar la tragedia de la mujer, de una madre hacia su bebé. Con esto se está configurando mi obra. Hay una primera parte que se utiliza mucha perscusión, en Matadeón de los Oteros me pusieron un coche viejo y acabé pegando con el bate de béisbol, arriba, arriba - http://katsunoripercusion.blogspot.com/ -


Katsunori Nishimura en Matadeón de los Oteros en las fiestas de 2007. Colaboran Mirian Vega y María Quiroga.

Luego viene una otra parte, me pongo el kimono, me dejo el pelo largo, con campanitas empiezo a cantar una canción de cuna japonesa, cojo un bebé. Es la desolación, la canción dice: “Yo soy una mendiga, la gente es buena…”. Es una mujer pobre a punto de volverse loca, y se vuelve loca, agoniza y desaparece. Y ya en una segunda parte vemos a la mujer que se da cuenta de que el bebé está muerto, que no se mueve. La mujer le va tocando castañuelas para ver si reacciona, la pandereta, más instrumentos… Y de repente, el bebé llora un poco, empiezan los timbales, va subiendo el ritmo, al final se toca de todo y el bebé llora cada vez más. El bebé resucita y la mujer recupera la cordura. Ahí comienza otra vez la nana, el problema es que es un tono menor, es muy triste esa nana japonesa, y al final se me ocurrió meterle poco a poco “Tengo una muñeca vestida de azul”, es un tono mayor, alegre y además lo conoce todo el mundo. Esto lo probé, la segunda parte, en el MUSAC. Esto lo he hecho un poco en el río, ahora en la función de Nilo. He estado pensando en un final en el que a ella le pica una mosca, deja el bebé y la madre sola se mete en el río… Siempre tengo dos finales, felicidad o suicidio, pero yo lo dejo abierto, es mi táctica, lo decido según vaya el día, es una cosa buena para los músicos trabajar así, teniendo opciones. Para los artistas que somos artistas de “momentánea” es imprescindible.

¿Qué te parece Citemor?

Yo es que tengo una relación especial con Portugal. Cuando vivía en Valladolid muchas veces me iba a Oporto o a otro lado. Siempre que entro a Portugal es como si mi nervio se calmase. Y aquí son muy majos, además la comida me gusta. Pero sobretodo en Portugal me siento relajado.

2 ANÉCDOTAS:
EN MADRID, 1974

Tengo tantas anécdotas que me alucino. Llegué a Madrid justo el año que se cargaron a Carrero Blanco, venía de Holanda, me había ido el verano para ganar algo de dinero. No tenía piso, así que tiré de agenda y me fui a una pensión que me habían dicho y me puse a buscar piso. Aquel día, en el periódico, en portada, salían 21 fotos de los miembros del Ejercito Rojo de Japón. Así, que en la calle San Bernardo pregunté en el Ministerio de Justicia por la dirección que me habían dado, muy amablemente me indicaron y entonces salió un policía secreta, estaba escuchando, vio mi agenda, se acercó, me dijo que qué interesante, que me invitaba a un café, me preguntó por la mentalidad japonesa, estaba muy interesado y me invitó a entrar al Ministerio, yo ya me mosqueé mucho pero bueno allí fui. Me estuvieron preguntando, encantados porque estaban aprendiendo mucho y me invitaron a ir a otro sitio. Yo ya me mosqueé más, pero bueno. Ya cuando me metieron en un coche y se pusieron apretados dos policías, uno a cada lado, el mosqueo creció. Me llevaron a la famosa Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol, entramos hasta dentro con el coche. Ahí me puse nervioso. Fueron muy amables, pero venga a preguntar lo mismo: sacan mi agenda y venga a preguntar por una dirección que me habían dado en una fiesta en Canarias para ver un piso en Madrid que dejaban. Yo les explique la historia, pero nada, que porqué conocía a esa gente, que porqué, porqué, una y otra vez. Hasta que me negué a explicarlo de nuevo. Ya no cuento más, dije. Entonces los dos policías jóvenes se fueron y volvieron con un hombre alto, elegante, con barba, del que me dijeron: “Este es nuestro profesor”. Se presentó como catedrático de criminología de la Universidad Complutense. Y me dice que la dirección sale como uno de los pisos francos que utilizaron los que asesinaron a Carrero Blanco. Me quedé pálido. Creemos, dice, que usted es del Ejercito Rojo y tiene que contar hasta que esa duda se disipe. Miraron el cuaderno que llevo siempre con mis pensamientos, miraron mis baquetas por si tenían algo dentro, yo les decía que estaba estudiando percusión en el conservatorio… Pues toque algo, me dijeron. Y yo, claro, claro, y toqué, y uno de los policías que debía saber algo, decía: Sí, sí, este hombre toca muy bien… Al final, me dejaron ir dándome las gracias por mi colaboración. Así entré en Madrid.

BARÓN, HÉROE DEL TIEMPO
Yo me enteré hace dos años. Un alumno super rockero que tengo en Astorga me viene y me dice: Katsunori, tú hace treinta años el primer concierto de rock que diste fue en Bilbao, ¿no? Y yo, pues sí, no me acordaba. Y erais tres, ¿no? Pues sí, sí. Y al día siguiente me dijo, Katsunori ¿tú sabes con quién tocaste? ¿sabes quién es Barón Rojo? Y yo, sí, sí, sé pero no conozco. Katsunori, me dice, tú tocaste con serpa, con José Luis Campuzano, que al año siguiente formó Barón Rojo. Y sales en sus memorias en el capítulo seis que se llama “El chino” - Biografia Barón Rojo - (no se pierdan la crónica del concierto, es desternillante).
Era muy majo, era muy legal. Me alegro de que haya tenido éxito. Me gustaría encontrarlo alguna vez. Había otra generosidad, no había tanta competencia. Yo en vez de competitividad quiero complementariedad.

Katsunori Nishimura, actuará en septiembre en el Festival Mapa: www.festivalmapa.com

Pablo Caruana Húder

1.8.09

CRÓNICA | Una raza septentrional y penínsular

fotografia de Susana Paiva

Hacia el río
La noche está hecha, cuántas veces ni la miramos. Ahí empieza, con un camino entre huerta y maizales oscuros, “Pigmeos do Mondego”. Un comienzo caminado por estas tierras de chopos, brisa atlántica, arrozales y un río, el Mondego, amansado por canalizaciones. Un río pausado que refleja como un espejo nítido, donde las ranas se apostan en sus remansos y los peces de vez en cuando boquean y suenan.


Ya antes de llegar al río esta tribu paralela, septentrional y peninsular de pigmeos, de cazadores recolectores, nos avisan que entramos en un mundo de sonido y naturaleza. Diversos altavoces repartidos, escondidos por la vereda del camino nos hablan a los pies, como los grillos, con un sonido también entrecortado de armónica.


Comunicarse con la naturaleza a través del sonido. Imitarla en sus reverberaciones, en su ruido que es el reflejo de su vida. Estos pigmeos cazan sonidos y recolectan ecos. Escuchar lo de fuera, hablarle con su mismo lenguaje. Escuchar para situarse en el mundo.


Ya en la vereda del río nos encontramos con el grillo transformado en hombre armónica. Que rodea al público y lo llena de ese frotar de alas de macho que quiere atraer a la hembra a través de sus órganos timpánicos. Invitación a la calma y la escucha.


De Pesca:
Llegamos al río, el público mira el cielo estrellado y recortado de chopos en sus aguas. Chopos de llamas apagadas esperando que las enciendan (Miguel Torga). Vemos a un pescador que atrapa pieza. La caña se dobla, el hombre tira e impreca: “Ha caído uno gordo, uno gordo”. El pez es una barcaza, primer habitante del río, habitante de otro mundo, en un barco de percusión lleno de objetos imposibles, Katsunori Nishimura en kimono canta una nana de madre ida, de tristeza de muerte que se va acercando y surge de la oscuridad ante el ojo del público. Nana fúnebre ante un hijo muerto… Este percusionista imposible, de tres ritmos coincidentes y simultáneos en cada golpe, va resucitando al río, llenándolo de imprecaciones y ecos. La barcaza mecida por buzos va siguiendo una corriente inexistente. Asistimos a un encuentro, otra barcaza aparece. Vestido de mago, Markus Breuss, responde con viento. Con juguetes, trompetas, carracas de plástico y miles de aparatos, estos dos seres imaginarios del Mondego reproducen y se inventan frenéticos los miles de sonidos del entorno. El encuentro está hecho. Desde ahí, y en un bajar pausado, un experimental y pequeño concierto se dará hasta que lleguen al anfiteatro natural de esta obra: un puente de cemento en el que sus bajos oficiarán de anfiteatro.


7 Acciones y un silencio
Ya hemos bajado y el público se asienta y mira. La contemplación es acción reflexiva. Las acciones que seguirán tendrán ese ritmo, esa tranquilidad donde la lentitud buscará la limpieza y abrirá la escucha del detalle. La primera acción es declaración de principios. Ana Cortés, con una resolución de claridad concentrada, rema en su barcaza con un trombón como herramienta, hundiéndolo parsimoniosamente en el río. Lenta avanza y lenta se para. Introduce el trombón en el agua y le canta al fondo. Fuera se nos devuelven sonidos hechos burbuja, algún gemido.


Las acciones son sonoras, no hay en ellas más que la búsqueda de sonidos que, esos sí, generan encuentro unas veces, contemplación otras, emoción contenida, emoción disparada… Acciones donde la disposición y energía del actuante las van marcando y dando sentido. Aunque también las acciones están cargadas, como la del trombón, de un poder de metáfora, de simbología ritual y significante.


Noemí Fidalgo sale detrás de una de las patas (hasta el nombre es teatral) del puente. La barcaza da una primera vuelta a la pata en silencio. Vuelve a aparecer con un sonido de gaita sostenido y monocorde. El puente resuena y rebota en el río y la noche. Los coches rompen con luces y motor al cruzar el puente. En una tercera vuelta se superponen dos sonidos, la resonancia crece. La contemplación, en este caso un estado de alma y oído, está hecha.

fotografia de Susana Paiva

No hay melodías reconocibles. Como si componer fuese en contra de la relación contraída con el río y sus habitantes. Pero el río está para habitarlo, los Pigmeos también son sociedad. Llegan 9 canoas con remeros y gaiteros por la parte superior del río. Se encienden dos grandes focos cruzados, se ilumina en vaho el río, los chopos se encienden en blanco. Movimiento y un sin fin de gaitas se confunden, la escena va increschendo en viento y movimiento hasta llegar al sonido distorsionado y el choque de piraguas… Se juega al contraste.


La vida social continúa en el puente con un video donde se juega a la relación de la imagen proyectada a ras de agua en la pata del puente. Desde ahí, vemos (como antiguamente antes de que se canalizase este Mondego) un Montemor inundado, sus calles, sus plazas. Desde ellas se tiran pigmeos al río, con despreocupación. Desde tejados, ventanas, toboganes, estos habitantes parecen admitir de buen grado lo que pudiera ser una tragedia. Se lavan el pelo en sus calles inundadas, nadan, descansan… Al mismo tiempo, tres intérpretes se tiran al río e imitando la percusión en el agua que practican los otros pigmeos, los africanos, acompañan con ritmos y sonido.


En el final se vuelve a la calma. Surge otra vez la barcaza del mago, que sigue y continúa buscando y encontrando sonoridades en el paraje. El agua se calma y parece que el espacio se ensanchara. Para acabar, aparece una maquina “duchamptiana”, síntesis del quehacer y lenguaje del creador de esta pieza, Nilo Gallego. Interés por la tradición folk (la máquina, una barcaza flotante, es un circuito con motor que mueve un sistema de cuerdas donde cuelgan cencerros leoneses de diferente tamaño), mirada –no exenta de humor- a la tradición del arte contemporáneo con este readymade flotante; y final objetual y teatral con esta barcaza iluminada en el centro del río, solitaria y reflexiva.


Un aspecto destaca entre los muchos buenos haceres en este trabajo. La sensación de que el proyecto, dirigido por Nilo Gallego, le ha supuesto a este creador leonés poder estructurar y desarrollar un trabajo propio, de muchas cosas que tenía metidas dentro y que entre tanto trabajo con otros, por generosidad propia de su carácter y por la idiosincrasia del arte sonoro en España, no había podido trabajar. Ahí queda una manera de hacer y entender la acción sonora, la relación con la composición en escena, el tiempo con el que establecer vínculos con el público, la capacidad poética…


Esta raza pigmeniana, fruto del cruce ibérico entre el Reino de León y el de Mondego, es raza que se quiere aparte y reinventada. Es respuesta a los hombres sin cara y apretados. Es una vuelta, sin edad de oro en la cabeza, a disfrutar de la relación perdida del hombre con lo que le rodea. Nunca dicho a lo largo de toda la obra, nunca remarcado en significaciones, sino a través de la acción, de la investigación y de la búsqueda de entendimiento con el río y su espacio, toda esa mirada está ahí: muda y presente. Sin desdeñar quienes somos, con toda la tecnología posible al frente, mezclada con la percusión y el viento, “Pigmeos do Mondego”, en el fondo, está abogando por otro tipo de vida. Mejor, donde la raíz existe y no es opuesto de modernidad. Un mundo no explicitado pero en el que uno intuye que las enfermedades contemporáneas tienen quizá cura.

Pablo Caruana Húder

CONVERSA COM PÚBLICO | Uma noite no rio

fotografia de Susana Paiva

Justo la media noche pasada. Acaba de terminar el estreno de “Pigmeos do Mondego”, un viaje por el río y sus sonoridades no falto de performance lentas y contemplativas, humor, caos, poesía y nocturnidad. Preguntamos a quien podemos entre un numeroso púbico qué les ha parecido.


Antonio y Elisa, Coimbra (en los cincuenta)

¿Qué os ha parecido?
Antonio: Diferente, vanguardista, relajado. Hiperactivo, agradable, un buen “serao”
Elisa: Sí, es diferente, bastante diferente, no es la primera vez que venimos a Citemor y nos encontramos con un espectáculo que no tiene nada que ver con lo que te sueles encontrar.

Que os ha sorprendido más?
A: Las proyecciones en el pilar del puente, la interacción entre imagen virtual y verdadera, está bien conseguida.
E: Sí a mí también me gustó. Pero también la parte de música, la mezcla de la música con el ruido del agua, el sonido de las ranas al fondo. Pienso que estuvo muy bonito, era muy apacible.
A: También el descubrimiento de los espacios naturales, para transformar en espectáculo. Esto mismo ya nos pasó hace años cuando vinimos a otro espectáculo debajo de un túnel bastante innovador con la experimentación sonora, la verdad es que siempre que hemos venido a Citemor hemos visto espectáculos en los que se aprovechaban muy bien los espacios.

¿Conocíais el Festival?
A: Procuramos acompañar todos los años. Pero estamos encontrando alguna dificultad en encontrar la divulgación de los espectáculos. No sé si es con intención o no, pero siempre venimos con poca información y siempre es una sorpresa. Puede ser una intención de la organización.
E: No es solamente sobre el espectáculo en sí, sino sobre la existencia del espectáculo.

fotografia de Susana Paiva

Jorge, Montemor-o-Velho (en los veinte)

¿Que te pareció la obra?
Jorge: Es diferente, no esperaba que fuese así. No tenía ni idea de lo que iba a pasar. Fue una sorpresa agradable. La mayor sorpresa fue cuando tocaron con los instrumentos metiéndolos en el agua, yo toco el saxofón y no parece normal bañar los instrumentos.


Rosi y Eloy, León, España (en los cuarenta)

Rosi: A mí me ha sorprendido, no había visto nada, ni ensayos ni nada y me ha sorprendido. Hombre, me han gustado más unas partes que otras, me parece que ha sido un poco desigual.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido?
R: La utilización del agua, fundamentalmente, del río, del lugar, de los sonidos, del escenario, de la preparación y de la cantidad de gente y material utilizado

¿Y a ti?
Eloy: Coincido en parte con Rosi, aunque pienso que la crítica más negativa que se le puede hacer es que hay partes que pueden ser suprimibles sin que el conjunto se resienta, habría que aligerarlo un poco. Pero la idea de utilizar todo el entorno es una cosa difícil y está más o menos lograda. Y tan poco sabía de que iba ni quería saberlo, sorprendente.

¿Qué te ha llamado más la atención?
E: Pues la proyección sobre el muro y luego las balsas estás, que ninguna se hundiera. El caos de canoas, era como los coches de choque…


Luis Filipe, Montemor-o-Velho

Luis Filipe: Gusté, diferente. Me gusto el escenario… Lo que más me llamo la atención es el contraste entre algunas partes de tranquilidad y luego todo lo contrario, calma y confusión. Me gustó, me gustó. Es el primer espectáculo que vengo a Citemor, es mi estreno.

Buen estreno?
L.F: Sí, buen estreno. Y, la verdad, espero que esta edición del festival vaya muy bien.

Pablo Caruana Húder

CRÓNICA | A cidade dos homens-água

fotografia de Susana Paiva

Eis a hora. Ponto de encontro: Igreja da Misericórdia.
Vivemos a temperatura que desce. A noite. Hora de humidade nas margens do rio. O Mondego ali ao fundo, alcançado no caminho que cruza os campos de milho alto. Todo esse reino de criaturas escondidas na escuridão, na folhagem alta. Cidade rente às águas lentas do rio. Cidade de folhas, de ventos e de estrelas.
Chegam as pessoas, encostadas aos muros, nos grupos que murmuram a espera do caminho que vão partilhar juntas. Vêm de perto. Vêm de longe. Vêm gente do teatro e vêm gente da terra. Misturam-se as geografias para orientar os passos, iluminados por lanternas, embrulhados pelo sopro de instrumentos que somam à textura sonora dos animais nocturnos. Começa a caminhada. Em caminho de terra. Muros altos de plantação verdejante. Mal vistos por entre a penumbra da meia lua.
A cidade de folhas conduz o grupo para o manto docemente embalante dos homens-água. Espreitam em melodias animais por detrás da folhagem. Espreitam em assobios que se confundem com pirilampos as conversas distraídas dos passeantes. O primeiro sinal da água repousa na cana de pesca atirada ao rio. O pescador faz o teatro, faz de pescador, em alvoroço, no entusiasmo da personagem encontrada pela primeira vez. Trocou o lugar nos bastidores, na assistência técnica, e lança a linha para o primeiro vislumbre de miragem que surge a deslizar sobre o rio.

fotografia de Susana Paiva

Lá ao longe, avista-se a primeira jangada. Surge o primeiro homem-água. Vem da cidade da escuridão. Aquela que se perde no negrume que a vista não alcança. Faz-se de corpo em movimento, em equilíbrio precário, em cima do pequeno quadrado de madeira. Nilo Gallego chamou-lhes «Pigmeus do Mondego». São imagens que constroem a aparência de uma ilusão, que se faz da simplicidade dos elementos da natureza habitados pelo homem, o homem criativo, que constrói paisagens sonoras e paisagens de revelação ao olhar. Compõem-se com o desarmante banal gesto de fazer habitar pela vida, e pela melodia da música, um lugar natural que os tempos da contemporaneidade deixaram abandonados.
A ausência da ausência, afirmada nesta presença tão humana e deliciosamente simples, é o gesto que instala, de forma categórica, a experiência poética. A paisagem da cidade dos homens-água, assim estranhamente assim tranquilamente, habitada por música e por imagens fugazes, opera a transformação do sentido do lugar. Restitui-lhe a carga que a história guardou apenas como memória. Ou como esquecimento.
Ouviram-se gargalhadas no Mondego. Por baixo da Ponte de Alagoa, canoas navegaram em bando, como patos, atrás da gaita de foles que girava hipnoticamente em redor da sua base, ocupadas por remadores e músicos locais, alguns da Banda Filarmónica de Montemor-o-Velho.
As águas servem o ritmo da noite, em constante derivação entre a tempestade e a tranquilidade. A aproximação ao silêncio, sem lá exactamente chegar, e a aproximação à catástrofe, aos caos, sem exactamente lá chegar, fizeram destes «pigmeus» uma comunidade temporária com variações rítmicas próprias. A cidade dos homens-água desenhou a traços brutos de paus cravados na terra a fisionomia de um lugar concreto, que é este de Montemor. É um projecto quase oferenda de escuta generosa e sensível do lugar. De construção de um estar que entra em sintonia com o que naturalmente existe, como se lhe restituísse uma vida que lhe pertence mas que está ausente. Daí esse acto performativo tão fortemente poético de criação instaurar uma experiência de ausentar a ausência. Os elementos cénicos, que acrescenta ao que já existe, são iluminações sobre um olhar que amplia os sentidos possíveis abertos à imaginação. Com as jangadas, as canoas, os instrumentos e músicos flutuantes, o vídeo quase realista e risível sobre o pilar da ponte ou os meros mergulhos e brincadeiras na água, abre as portas para o mundo que se esconde na penumbra da noite, como se mergulhássemos para além do que os olhos não vêem mas nesse movimento de imaginação não deixássemos de tocar o humano.

fotografia de Susana Paiva

Nilo Gallego escutou o lugar pelas referências que fez à própria história do lugar, ao riso lançado às águas do Mondego que subiram e que transformaram todo o Montemor num grande rio. Lançou o riso sobre esses dias de tempestade que, ciclicamente, a cada novo ano, ameaçam as terras desta cidade de folhas. Escutou o lugar ao criar as cumplicidades artísticas entre os músicos e intérpretes e os músicos e os canoistas da terra. A comunidade provisória alimenta-se do encontro, dentro e nas margens do espectáculo, de todas as comunidades possíveis, locais, artísticas e estrangeiras. No final, fica esse som de caixa de música, a iluminar a visão e a escuta da implicação atenta que este acto poético, humano, popular, contemporâneo, feito de sombras, deixou a navegar, sob a neblina nocturna fumegante do rio.

Cláudia Galhós

29.7.09

DISCURSO DIRECTO | Nilo Gallego

CONVERSA CON NILO GALLEGO: “EL SONIDO Y LA MÚSICA”

fotografia de Susana Paiva

Pillamos a Nilo Gallego en un día complicado. Por la noche tiene el primer ensayo general de “Pigmeos del Mondego”, una intervención sonora en el río de los alrededores de Montemor. Más de treinta personas trabajando en el río, músicos tocando, piragüistas, buzos, barcazas, máquinas flotantes, cantantes, piezas de video… Un juego de ajedrez que este leonés que lleva años en la improvisación y la performance musical está intentando llevar a cabo. Dudas, generosidad y reto de no cosificar y al mismo tiempo hacer que todo funcione.

Esto empezó mucho antes, ¿no?

Nilo Gallego: La primera vez que vinimos fue en diciembre. No sabíamos donde lo íbamos a hacer y decidimos el río, creo que por la sonoridad que vimos que había debajo del puente. Nos estuvieron enseñando espacios donde se podían llevar a cabo intervenciones y ese lugar debajo del puente, con esa sonoridad, con esa reverberación que parece una catedral, me gustó mucho. La mezcla de toda la naturaleza del Río Mondego con el hormigón me gustaba, el contraste… Y después veía que en el río se podían hacer dos cosas distintas: una más de intervención y otras más de contemplación, de escucha. Eso me interesaba. Además, ese puente tenía algo de teatral, no sé cómo explicarlo, parece un escenario. Como íbamos siempre con los instrumentos de un lado para otro mirando sitios, le dije a Noemí Fidalgo que tocase y nos dimos cuenta que sonaba de la leche. Nos gustó mucho.
Luego estaba por ahí “Paquete” (Antonio Oliveira Nunes) que es un barquero, con las barcas tradicionales de aquí. Armando Valente (Director de Citemor) consiguió que nos diera un paseo. Estuvimos dando un paseo tremendo, Armando se puso ahí también, estuvo dos horas dándole a la pértiga con la que se rema... Era como muy romántico, parecía Venecia, con Noemí tocando… Luego vinimos tres veces más para ir perfilando como podíamos trabajar en ese sitio.

¿Tenías cosas pensadas de antemano o es el lugar el que te fue marcando toda la jugada?

N.G: En un principio lo que propuse al Festival era hacer un proyecto de experimentación con los habitantes de Montemor y con el entorno. Quería hacer algo con un equipo externo más reducido del que ahora somos, con Noe y yo, y trabajar más con el pueblo. Pero bueno eso era invierno, ves que la gente puede involucrarse pero hasta cierto punto. Y sí, tenía en la cabeza a la banda filarmónica de Montemor para luego mezclarlos con músicos de por acá y con músicos de otro lado… A mí me gusta mucho mezclar la vanguardia con lo tradicional y lo popular, intentar dar una nueva visión de esa música.

Ahora, como decías, el grupo de trabajo es mucho más extenso ¿Quiénes están implicados en el proyecto?

N.G: Ahora mismo, estamos Noe, yo, Raúl Alaejos y Ana Cortés, la campañilla, que somos el equipo más permanente. Raúl y Ana vinieron al segundo viaje que hicimos a Montemor y a partir de ahí ya se unieron. Ahí ya empezamos a grabar videos, que Raúl es sobretodo lo que hace y ya se han quedado a todo. Luego más tarde han venido dos colaboradores, dos músicos, Katsunori Nishimura, percusionista y Markus Breuss que tiene muchos registros, tanto puede hacer algo electrónico, como improvisación con el entorno, como algo más teatral... La verdad que para mí es un lujo, creo que son dos de los mejores músicos que hay en España. El trabajo con ellos, lógicamente, es diferente, nosotros hemos trabajado desde el principio del proceso y, pensando en ellos y sabiendo que sólo iban a estar 8 días, hemos ido preparando su llegada.
A parte hemos trabajado con el club de piragüismo, van a estar 12 piragüistas. Noemí ha montado un taller de gaita con la gente de la filarmónica de Montemor y con gente que Vasco Neves (director del Festival) ha estado buscando por la región que le gustase la gaita. Las gaitas irán en las piraguas.
Va a ver dos chicas que van a cantar que son de las clases animación social de Joana Macias (del equipo del Festival). También se hizo un taller con ellas… Ah, bueno y Coias (técnico del Festival) que siempre ha estado currando con nosotros y que ha estado construyendo, por ejemplo, las barcazas donde van los músicos… También está Guilherme (técnico del Festival), que toca la armónica que te cagas, ya le conocía de otros años y me apetecía que colaborara ahora. Y Dias (jefe electricista del Festival) que es pescador y estará pescando en el espectáculo… Ah, y Varis Fuertes, el hombre invisible, le gusta mucho el submarinismo y es amigo, ha estado conmigo ya en muchas y se ha venido, está currando de la hostia, es quien va moviendo las barcazas por el río.

¿Pigmeos del Mondego?

N.G: Lo de los pigmeos siempre me gustó, tienen un sistema musical muy especial de politonos y polirrítmias que han conseguido mantener fuera de la contaminación de otras músicas. Imitan a la naturaleza, a los animales de la selva… Es difícil de explicar, tendrías que oírlo, tienen un sistema muy complejo, desde pequeños aprenden y entienden y tienen todo un repertorio coral, unas piezas vocales, otras instrumentales… Crean unas células rítmicas muy complejas, es muy microtonal, siempre me ha llamado mucho la atención, siempre me ha gustado mucho imitar a los pigmeos, también me gustan porque están muy lejos. Pensé siempre en hacer un grupo que se llamase Pigmeos, Orquesta de Pigmeos, Pigmeos de Busdongo, que es un pueblo de León… Y al final son “Pigmeos del Mondego”, el nombre también ha inspirado el trabajo, por ejemplo hay una parte del espectáculo en el que se hace percusión en el agua, que ellos practican…


fotografia de Susana Paiva

¿Cuál dirías que es el hilo conductor?

N.G: El sonido y la música, ese es el hilo conductor. Bueno, se compone de dos partes. La pieza es un recorrido. Primero hay un recorrido desde el centro del pueblo hasta el río. Luego hay una parte en el río que el público va caminando y una última que es debajo del puente.
En la primera parte la gente estará andando y estará más presente el sonido bruto de la naturaleza, los pájaros, el ruido de sus pasos… Es para escuchar andando, para escuchar el movimiento y sin un foco localizado de escucha. Y en la segunda parte, el público estará quieto, podrá contemplar más y escuchar. Trabajar en el río también me permite esas dos cosas: momentos de una escucha muy precisa y otros que son más un paseo sonoro.

¿Qué es lo que más destacarías de todo lo que está siendo el proceso?

N.G: Para mí es nuevo trabajar con un equipo como el de Citemor donde todo el mundo tiene una disponibilidad total y una calidad humana tan alta. Eso provoca que se te abran muchas posibilidades.
Por otro lado, estamos en un festival de teatro, creo. Parece que sin querer estoy abocado hacia lo teatral, hacia teatralizar. A mí me gusta más la performance, no me gusta utilizar luces, no me gusta manipular al público, ni buscar estados… Soy más de la música, he trabajado mucho la improvisación, empiezo en el cero y acabo en el 100 pero no sé más.
Pero también me gusta la performance porque es una especie de extensión hacia lo escénico, bueno hacia lo escénico no, pero sí hacia la acción. Al principio, en Montemor pensaba hacer algo más crudo, más desnudo y ha ido virando hacia lo teatral. Aunque he dejado momentos más libres… Me autoengaño, Raúl me dice “sí, te crees que, pero has puesto una luz justo encima del músico en la oscuridad del río y no hay nada más teatral”, y tiene razón.
Para mí la performance es una forma de teatro, de actuación. Que no me oigan los performers pero sí lo creo, no se puede separar.

¿De aquí a donde vas?

N.G: Me voy al pueblo de vacaciones, a no hacer nada. Creo que tengo alguna actuación con grupos en donde sustituyo, a la batería; y luego me iré al Festival Mapa con Amalia Fernández, le voy a hacer el sonido.

Pablo Caruana Húder