29.7.09

DISCURSO DIRECTO | Nilo Gallego

CONVERSA CON NILO GALLEGO: “EL SONIDO Y LA MÚSICA”

fotografia de Susana Paiva

Pillamos a Nilo Gallego en un día complicado. Por la noche tiene el primer ensayo general de “Pigmeos del Mondego”, una intervención sonora en el río de los alrededores de Montemor. Más de treinta personas trabajando en el río, músicos tocando, piragüistas, buzos, barcazas, máquinas flotantes, cantantes, piezas de video… Un juego de ajedrez que este leonés que lleva años en la improvisación y la performance musical está intentando llevar a cabo. Dudas, generosidad y reto de no cosificar y al mismo tiempo hacer que todo funcione.

Esto empezó mucho antes, ¿no?

Nilo Gallego: La primera vez que vinimos fue en diciembre. No sabíamos donde lo íbamos a hacer y decidimos el río, creo que por la sonoridad que vimos que había debajo del puente. Nos estuvieron enseñando espacios donde se podían llevar a cabo intervenciones y ese lugar debajo del puente, con esa sonoridad, con esa reverberación que parece una catedral, me gustó mucho. La mezcla de toda la naturaleza del Río Mondego con el hormigón me gustaba, el contraste… Y después veía que en el río se podían hacer dos cosas distintas: una más de intervención y otras más de contemplación, de escucha. Eso me interesaba. Además, ese puente tenía algo de teatral, no sé cómo explicarlo, parece un escenario. Como íbamos siempre con los instrumentos de un lado para otro mirando sitios, le dije a Noemí Fidalgo que tocase y nos dimos cuenta que sonaba de la leche. Nos gustó mucho.
Luego estaba por ahí “Paquete” (Antonio Oliveira Nunes) que es un barquero, con las barcas tradicionales de aquí. Armando Valente (Director de Citemor) consiguió que nos diera un paseo. Estuvimos dando un paseo tremendo, Armando se puso ahí también, estuvo dos horas dándole a la pértiga con la que se rema... Era como muy romántico, parecía Venecia, con Noemí tocando… Luego vinimos tres veces más para ir perfilando como podíamos trabajar en ese sitio.

¿Tenías cosas pensadas de antemano o es el lugar el que te fue marcando toda la jugada?

N.G: En un principio lo que propuse al Festival era hacer un proyecto de experimentación con los habitantes de Montemor y con el entorno. Quería hacer algo con un equipo externo más reducido del que ahora somos, con Noe y yo, y trabajar más con el pueblo. Pero bueno eso era invierno, ves que la gente puede involucrarse pero hasta cierto punto. Y sí, tenía en la cabeza a la banda filarmónica de Montemor para luego mezclarlos con músicos de por acá y con músicos de otro lado… A mí me gusta mucho mezclar la vanguardia con lo tradicional y lo popular, intentar dar una nueva visión de esa música.

Ahora, como decías, el grupo de trabajo es mucho más extenso ¿Quiénes están implicados en el proyecto?

N.G: Ahora mismo, estamos Noe, yo, Raúl Alaejos y Ana Cortés, la campañilla, que somos el equipo más permanente. Raúl y Ana vinieron al segundo viaje que hicimos a Montemor y a partir de ahí ya se unieron. Ahí ya empezamos a grabar videos, que Raúl es sobretodo lo que hace y ya se han quedado a todo. Luego más tarde han venido dos colaboradores, dos músicos, Katsunori Nishimura, percusionista y Markus Breuss que tiene muchos registros, tanto puede hacer algo electrónico, como improvisación con el entorno, como algo más teatral... La verdad que para mí es un lujo, creo que son dos de los mejores músicos que hay en España. El trabajo con ellos, lógicamente, es diferente, nosotros hemos trabajado desde el principio del proceso y, pensando en ellos y sabiendo que sólo iban a estar 8 días, hemos ido preparando su llegada.
A parte hemos trabajado con el club de piragüismo, van a estar 12 piragüistas. Noemí ha montado un taller de gaita con la gente de la filarmónica de Montemor y con gente que Vasco Neves (director del Festival) ha estado buscando por la región que le gustase la gaita. Las gaitas irán en las piraguas.
Va a ver dos chicas que van a cantar que son de las clases animación social de Joana Macias (del equipo del Festival). También se hizo un taller con ellas… Ah, bueno y Coias (técnico del Festival) que siempre ha estado currando con nosotros y que ha estado construyendo, por ejemplo, las barcazas donde van los músicos… También está Guilherme (técnico del Festival), que toca la armónica que te cagas, ya le conocía de otros años y me apetecía que colaborara ahora. Y Dias (jefe electricista del Festival) que es pescador y estará pescando en el espectáculo… Ah, y Varis Fuertes, el hombre invisible, le gusta mucho el submarinismo y es amigo, ha estado conmigo ya en muchas y se ha venido, está currando de la hostia, es quien va moviendo las barcazas por el río.

¿Pigmeos del Mondego?

N.G: Lo de los pigmeos siempre me gustó, tienen un sistema musical muy especial de politonos y polirrítmias que han conseguido mantener fuera de la contaminación de otras músicas. Imitan a la naturaleza, a los animales de la selva… Es difícil de explicar, tendrías que oírlo, tienen un sistema muy complejo, desde pequeños aprenden y entienden y tienen todo un repertorio coral, unas piezas vocales, otras instrumentales… Crean unas células rítmicas muy complejas, es muy microtonal, siempre me ha llamado mucho la atención, siempre me ha gustado mucho imitar a los pigmeos, también me gustan porque están muy lejos. Pensé siempre en hacer un grupo que se llamase Pigmeos, Orquesta de Pigmeos, Pigmeos de Busdongo, que es un pueblo de León… Y al final son “Pigmeos del Mondego”, el nombre también ha inspirado el trabajo, por ejemplo hay una parte del espectáculo en el que se hace percusión en el agua, que ellos practican…


fotografia de Susana Paiva

¿Cuál dirías que es el hilo conductor?

N.G: El sonido y la música, ese es el hilo conductor. Bueno, se compone de dos partes. La pieza es un recorrido. Primero hay un recorrido desde el centro del pueblo hasta el río. Luego hay una parte en el río que el público va caminando y una última que es debajo del puente.
En la primera parte la gente estará andando y estará más presente el sonido bruto de la naturaleza, los pájaros, el ruido de sus pasos… Es para escuchar andando, para escuchar el movimiento y sin un foco localizado de escucha. Y en la segunda parte, el público estará quieto, podrá contemplar más y escuchar. Trabajar en el río también me permite esas dos cosas: momentos de una escucha muy precisa y otros que son más un paseo sonoro.

¿Qué es lo que más destacarías de todo lo que está siendo el proceso?

N.G: Para mí es nuevo trabajar con un equipo como el de Citemor donde todo el mundo tiene una disponibilidad total y una calidad humana tan alta. Eso provoca que se te abran muchas posibilidades.
Por otro lado, estamos en un festival de teatro, creo. Parece que sin querer estoy abocado hacia lo teatral, hacia teatralizar. A mí me gusta más la performance, no me gusta utilizar luces, no me gusta manipular al público, ni buscar estados… Soy más de la música, he trabajado mucho la improvisación, empiezo en el cero y acabo en el 100 pero no sé más.
Pero también me gusta la performance porque es una especie de extensión hacia lo escénico, bueno hacia lo escénico no, pero sí hacia la acción. Al principio, en Montemor pensaba hacer algo más crudo, más desnudo y ha ido virando hacia lo teatral. Aunque he dejado momentos más libres… Me autoengaño, Raúl me dice “sí, te crees que, pero has puesto una luz justo encima del músico en la oscuridad del río y no hay nada más teatral”, y tiene razón.
Para mí la performance es una forma de teatro, de actuación. Que no me oigan los performers pero sí lo creo, no se puede separar.

¿De aquí a donde vas?

N.G: Me voy al pueblo de vacaciones, a no hacer nada. Creo que tengo alguna actuación con grupos en donde sustituyo, a la batería; y luego me iré al Festival Mapa con Amalia Fernández, le voy a hacer el sonido.

Pablo Caruana Húder