4.8.12
DISCURSO DIRECTO | Carlos Marquerie
5.8.09
PRENDAS/REGALOS | Y una vez más
Y una vez más.
En una fresca noche de Montemor-o-Velho, tras un ensayo de Te haré invencible con mi derrota de Angélica Liddell
23.07.09
Y el tacto pulsó la carne
y la carne vibró convertida en una zarabanda de silencio.
Con mano débil y a la vez firme ella inscribió las notas
en ese pentagrama de la memoria que es su piel:
gimió la armonía
y la carne se abrió con suavidad.
Y en aquel instante, los ojos
de los allí presentes
se llenaron de sutiles hilos de sangre
tejiendo en nuestras oscuras retinas,
esas finas redes capaces de capturar
la terrible (aterradora) belleza.
E inmersos todos en sus tinieblas
asistimos al desgarro, testigos
del dolor en sí, sin más y sin fin.
Cuando las palabras agonizaron, allí
en las penumbras eternas que nacen entre segundo y segundo
el silencio se hizo carne y se fundió con nuestros cuerpos.
Y una vez más,
en ese silencio carnal
ante ti,
resurgió en mí
el miedo por ti.
Carlos Marquerie
26.8.08
PRENDAS / Regalos
Angélica Liddell criou um video para partilhar convosco nesta página recorrendo a imagens recolhidas em Montemor-o-Velho no ano passado. Uma cortesia da artista com as equipas do festival e os seus públicos.
"TEMOR Y TEMBLOR: los arrozales"
Realizado por Angélica Liddell em Montemor-o-Velho, 2008.
“Tres paseos por la ribera del Mondego”
Carlos Marquerie antecipa aqui, generosamente, três textos produzidos este verão em Montemor-o-Velho e que integram a sua próxima criação "Entre las brumas del cuerpo" (estreia 13 de Setembro, La Noche en Blanco, Madrid).
1º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 10 de Agosto de 2008
Doce del medio día en la ribera del Mondego. El sol cae con dureza, leves brisas fluviales amainan su efecto sobre mi cuerpo.
Una gran masa frondosa de árboles, arbustos, cañaverales y juncos cubren la ribera opuesta a la que yo estoy y desde la que observo. Esta masa de mil verdes se refleja sobre la superficie del río. La mirada recorta de entre toda la visión una sombra y olvida el frescor verde y placentero del paisaje. Esta pequeña y al mismo tiempo inmensa, por lo desconocido que encierra, oscuridad parece convertir en volátil su entorno. Las sombras parecen perdurar en su profundidad y generan un estado parecido al del vértigo: te absorben y el miedo se agarra al cuerpo.
El gran vacío de la sombra enmarcado por la danza de las ramas y hojas que la circundan. Hojas que brillan con violencia y tras ellas la negrura de las tripas de la arboleda.
Lo que ves es hermoso y lo que no ves hace vibrar el cuerpo.
Lo que veo me alienta y lo que no veo es lo que me produce el deseo oscuro de la vida.
Y ahí me hallo, entre la luz, la sombra y el reflejo en la superficie del cauce.
El reflejo es una imagen perfecta, pero anhela la profundidad de las sombras.
El reflejo te da la conciencia del movimiento y la sombra te hace intuir el desquicio ante lo desconocido.
El reflejo sobre la serenidad del río desequilibra y la distancia entre el verdor y las sombras hiela la sangre.
La sombra reflejada es como un dulce sueño de aquello que estando despierto suspende el ánimo en la vida,
es como una palabra de alivio ante la mirada de la muerte.
……….
2º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 10 de Agosto de 2008
Regreso al Mondego al caer la tarde. Quiero o deseo un nuevo encuentro con lo que habita entre la arboleda, sus sombras internas y los reflejos de ambas en la superficie del río. La tarde se nubló y no soy capaz de entender la diferencia entre la humedad que emerge del río y la que desprenden las nubes. Los verdes que se estiran bajo la difusión de la luz por las nubes, se han llenado de matices y las sombras adquieren una discreción que para que la mirada se aproxime a ellas, con las renuncias que esto supone, precisa de una concentración decisiva y difícil de conseguir.
Verdes infinitos bogan hacia una oscuridad sutil. El paisaje vibrante y rotundo de la mañana se ha envuelto de melancolía.
La bruma que emana del río y las diminutas y casi inapreciables gotas de lluvia se mezclan por encima del cauce, formando un intersticio de levedad entre los abrumadores verdes y sus sombras, y la sutileza de sus reflejos. Hay una mínima brisa incapaz de alterar los volúmenes de los árboles y el equilibrio del paisaje, pero sí es capaz de dotar al conjunto de un ligero movimiento o vibración que me produce un sentimiento de fugacidad, como si en cualquier momento todo pudiera romperse y desaparecer.
Mi mirada desea apropiarse de esta revelación del paisaje, pero no hay nada aprensible, todo, absolutamente todo está en una continua y sutil mutación.
No puedo agarrar nada y esta imposibilidad de registro del instante concluye en mi abandono al paisaje, y a unirme a él en su respiración y latir.
……….
3º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 11 de Agosto de 2008
Este viejo cauce, en su día navegado por fenicios, es sumamente extraño. Se le ve amplio y tiene toda la apariencia del poder de su antiguo caudal, hoy desviado hacia un canal, para evitar las continuas crecidas que anegaban cultivos y pueblos. Hoy su movimiento es excesivamente tranquilo y nos habla desde la experiencia de sus días de gloria y furor, en contraste con su presente domesticado por la mano del hombre, envuelto en la melancolía del que tuvo, y hoy se resigna a ser objeto de la apacible contemplación.
No es difícil imaginar su bravura al contemplar la agreste rivera de enfrente, sin embargo los reflejos que produce en su superficie serían imposibles de percibir si sus aguas bajaran con la fuerza de antaño. Llevo tres días observando y disfrutando de estos reflejos, meditando sobre ellos y en una continua contradicción entre la visión de la ribera de un río grande y poderoso, y la quimera de una superficie sosegada y plena de reflejos y matices dignas de un lago. Pero ahí reside su extraña atracción: dos apariencias en contraste. El cauce abierto en la tierra por los golpes constantes de la violencia de las aguas y la quietud artificial de su estado actual.
El viento mueve la superficie del agua, en su quietud de viejo cauce vigoroso, y parece sufrir.
Este tramo amansado del Mondego conserva su memoria, y está escrita en las oscuridades de su ribera. En ellas podemos leer el dolor de las inundaciones pasadas, la riqueza que brindó la navegación, y el movimiento infinito y cambiante de su antiguo fluir, que nos hubiera aproximado a entender el sentido de la vida.
……….
8.8.08
DERIVAÇÕES: Uma pequena história, Carlos Marquerie
“Fue en el año 1974, todavía no había hecho el servicio militar, había terminado bachillerato y quería entrar en la Escuela de Bellas Artes, para lo cual tenías que pasar un examen. Para preparlo le pregunté a mi profesor del instituto que me ayudase. El profesor era Francisco Peralta, un escultor muy bueno que además hacia títeres. En la primera clase que tuvimos con él en el instituto, en sexto de bachillerato, con 16 años, Peralta nos proyectó cuadros y obras de toda la generación formalista española de los años cincuenta –Chillida, Tapies, Saura…-, descompuso un rayo de luz a través de una lente en los colores de un arcoiris, y nos puso fragmentos de naturaleza fotografiados por él. Había una reflexión en todas sus clases que para mí ha sido y es muy importante: no es tanto lo que haces sino lo que eres capaz de hacer. En esa clase decidí que me iba a dedicar al arte.
Me aceptó. El teatro no me interesaba pero me interesaba verle trabajar con sus manos, con los materiales, artesanalmente. Tuve que hacer de Don Quijote, de actor, en la obra de Manuel de Falla sobre una parte del libro de Cervantes “El retablo de Maese Pedro”. En seguida le pedí dejarlo y pasar a estar detrás, en los entresijos… Me dedicaba a desenredar los hilos de las marionetas, a hacer cosas de la luz y a estar, sobre todo, el máximo de horas viéndolo trabajar. Con él aprendí la ética del artista, la de estar por encima de los resultados y dedicarse a continuar “haciendo”. Me acuerdo que cuando le conocí estaba montando “La noche”, una obra que dura hora y media, y no ha conseguido estrenarla, no encuentra la marioneta que busca para ese espectáculo. Ahora, está jubilado, tiene una nave por Pinto, Madrid, trabaja diariamente pero lleva sin hacer una obra más de 15 años.
Tenía un taller, me pasé allí tres años. Al principio yo no trabajaba, tan sólo miraba. Limpiaba las virutas de madera, el taller, ayudaba pero basicamente estaba allí mucho tiempo, miraba y hablaba con él. Peralta me contó que él aprendió a trabajar la madera barriendo con los tallistas de arte sacro de Cádiz. Me acuerdo que a los dos años de estar trabajando, cuando estábamos descargando una furgoneta, por primera vez, me dejó sujetar una marioneta… Me quedé lleno de emoción, se me caían las lágrimas. Luego me propuso aprender y empezé a mover marionetas con él. Nunca trabajamos juntos en un espectáculo… Sus marionetas eran muy complicadas, tenían hasta 17 hilos, tres por pierna, tres por brazo, buscaba una perfección en el movimiento y la capacidad de control total por parte del manipulador. Luego fundé La Tartana, aunque nunca hemos dejado de vernos, él venía a ver los espectáculos que hacíamos de títeres… Siempre hubo una relación de maestro alumno. Lo considero mi maestro… Nunca entendió, bueno no es que no lo entendiera, que yo dejara las marionetas.
Carlos Marquerie fundó La Tartana –una de las compañías históricas de títeres de nuestro país- en 1977 con “Pulichinela” un espectáculo de un títere que se escapaba del teatro y acababa muriendo en un jardín. En 1991, con “El árbol” dejó el teatro de títeres. Luego formaria compañía, Lucas Cranach, con la que sigue hasta la actualidad. Dice que lo que más le sigue interesando de los títeres es “la combinación entre escultura y movimiento”.
… ¡Qué locura! El amor de mi vida ha dejado un reguero de polen en la huida. ¿No es graciosísimo? Que sea precisamente un residuo de amor lo que tenga que consolarme de no ser amada … ¡Qué curioso! Ahora me da por pensar que las personas sentimos todas a la vez. No hay que decir “estoy sola”; “hace soledad”, es lo que hay que decir. Como hace frío, calor … Hace miedo. Hace tristeza. Hace orgullo. ¡Me hace gracia! Ahora me tiemblan las manos y no puedo dormir…
Monólogo de Leopoldo Alas previo a la muerte de Julieta en “Ultima toma” (1985) estrenada en la Sala Olimpia de Madrid C.N.N.T.E.
El,1 de agosto al medio día murió Leopoldo Alas (1962-2008) –Inmemoriam-.
5.8.07
PROCESSOS - Uma forma perdida
Não é um festival de resultados, mas de caminhos, para a investigação cénica. É esse périplo o que dá significado. Aqui recolhemos, na medida do possível, esses percursos.
UMA FORMA PERDIDA
Ensayo, 5 de agosto. Primera vez que se hace un pase entero de la obra. No estaba previsto, empezó a ir y se dejó que fuese.
Dios mio que aluvión. Tres actores en escena (Getsemani de San Marcos, Lola Jiménez y Andrés Hernández). El espacio, una nave agrícola a 1 kilómetro de Montemor.
Carlos Marquerie, director de la obra, hombre de teatro en España desde los setenta. La Tartana, Pradillo, diseñador de luces, aglomerador de un teatro independiente y de creación en la ciudad de Madrid. Ese es el puto pasado. Y también el de sus obras, “Medea Material” de Muller en el 87, el de “El hundimiento del Titanic” de Enzensberger, en la que actuó Andrés Hernández, allá por el 92, actor presente en este montaje, compañero de mucho antes que vuelve. Caminos abandonados que vuelven de mil formas insospechadas. La certeza de que el pasado vuelve y es.
fotografia de Jesús Ubera
Y otras obras, la “El rey de los animales…” , del 97, “Lucrecia…”, del 2000, “120 pensamientos”, del 02, “
Luego llegaría “Que me abreve de besos tu boca”, aquí en Citemor, en una iglesia abandonada a puertas del castillo, hace dos años.
Joder, esto de la muerte… El deseo y el cuerpo. El engaño cotidiano para no ver que la historia de la vida humana es la de un derrumbe, la de un desmoronamiento corporal y del alma en el individuo. Somos carne ida. Descomposición de luces y materias, y ante eso la lucha y el desnudo, la carne resistiendo, la carne como última morada de la ternura, del deseo y la vida.
fotografia de Jesús Ubera
5 de agosto y marejada de una mirada que penetra en escena a tres voces. Nada que decir, más que palabras indisolubles –deseo, muerte, miedo, carne, cuerpo, guerra, ternura, amor, tiempo, luz, grito, sombra, tristeza- y un escrito ajeno. Ajeno a la obra. De un poeta del siglo XX, español, certero, artesano y moderno que huele a algo parecido:
LOS FANTASMAS DEL DESEO
A Bernabé Fernández-Canivell
Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.
Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface.
El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía.
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.
Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos.
Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.
Tú sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas.
Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.
LUIS CERNUDA
1.8.07
PROCESSOS - Carlos Marquerie, 1º contacto
Não é um festival de resultados, mas de caminhos, para a investigação cénica. É esse périplo o que dá significado. Aqui recolhemos, na medida do possível, esses percursos.
Carlos Marquerie. Director de “El Temblor de la carne”, estreia 10 de agosto.
Este capullo tiene más de 50. Sólo hay dos personas de esa edad con lo que me enganche y ellos se enganchen. Quizá tres. Hace un huevo que no hablo con él. Estomago lleno y vasodilatador, y ganas. No hablamos de teatro, o sí, pero no de su pieza, acaba de ensayar, de trabajar espacio y no merece la pena. Hace dos años estrenó aquí y ahí sí estuve más dentro, sabía cómo iba, de qué, y hubo conversaciones sobre la obra a saco. Ahora no, y está bien.
La conversación va yendo, decimos tonterías y entre ellas se nos escapan verdades. No hay manera más agradable, las tonterías y las verdades mezclándose.
Madrid aparece y desaparece, Aviñon –donde ha estado trabajando-, Francia y su CULTURA, la cutrez de nuestro país, el engolamiento galo… Casteluchi, Carlos me cuenta la función de este mounstro del teatro espectácular y artesano al mismo tiempo. Cómo explotan espejos suspendidos, cómo algo arde sin saber cómo…
Asegura Carlos que alguien le dijo que esos textos íntimos y personales de sus obras debía decirlos él, que no era adecuado, justo o no sé qué ponerlo en boca de intérpretes. Nos reímos de la estupidez pero como cualquier cuestionamiento a un trabajo lleva a Carlos a la reflexión de porqué esos textos íntimos, confesionales tienen razón de ser. Sobrevuela ya lejos aquella obra de “El rey de los animales es idiota”, obra donde Carlos puso su vida en escena confesamente por primera vez, cuenta la “parabola” de Kantor viendo desde una ventana su propia obra y de cierto público diciendo “Mira a éste que dramático”… él no imagina algo más bonito. Pero ante todo gravita su último teatro, un teatro del silencio y la meditación, plástico y confeso, un teatro que comenzó hace cuatro años con “2004”, una obra de ruptura y que dentro de una semana va a llegar a nuevo puerto con este “El temblor de la carne”. Nadie dice pero se huele que quizá esta obra esté cerrando una etapa. Hay esa mezcla de tranquilidad ante un trabajo que se sabe está consiguiendo sus logros y el vértigo ante lo desconocido después de la obra hecha. El vértigo de cómo seguir, de para qué y hacia dónde.
Nos seguimos mirando a los ojos, hablando de aquello y la nada y el olor del rencuentro en este oasis de pequeñas geografías tranquilas que es Montemor acalla todo dejándolo en ecos, en futuros próximos.
P.C.





