24.6.19
OPEN CALL_Workshop de formação e pesquisa teatral com John Romão e Silvia Costa
24.10.14
"Teorema" no Porto

11.12.12
Co-produção Citemor estreia amanhã
Um objecto teatral sobre o abuso sexual na infância e na adolescência. É isto que nos propõem John Romão e Solange Freitas, intérpretes de “Eu não sou bonita. Eu sou o porco”, espectáculo com estreia marcada para amanhã, 12, na Negócio/ZDB, em Lisboa. A obra, apresentada informalmente na edição deste ano do Citemor, é a mais recente criação de John Romão e baseia-se em textos de Angélica Liddell e Paulo Castro. “Em cena, uma linguagem de um lirismo que evoca o universo negro dos contos infantis e o cinema gore, num peep show pictórico alimentado por duas figuras que se revestem do endemoniamento das personagens de Frans Hals e da nudez grega de Louis David”, lê-se na sinopse do espectáculo.
Para reservas e mais informações, visite o site da Negócio/ZDB
1.8.12
ESPECTÁCULO | Eu não sou bonita. Eu sou o porco | John Romão e Solange Freitas
DISCURSO DIRECTO | John Romão
31.7.12
26.7.12
Espírito de resistência marca 34ª edição do Citemor
28.3.12
"Morro como País", do Colectivo 84, apresentado em Oslo
10.8.11
CRÓNICA | La contemplación del desastre
fotografia de Susana Paiva
Puto micro y macro, juntarlo como la única manera del teatro político. Decía Castro en la entrevista que el teatro se reduce a lo que afirmaba Beckett, a un público que decide reunirse para contemplar un desastre, pero ese desastre no puede ser representado, tiene que ocurrir en escena. Este es el núcleo de “Massacre”, de esta obra hecha por dos hombres nacidos en Portugal, zarandeados por el mundo, por la edad, por las luchas pírricas a las que se enfrentaron, con algún espacio de aire conseguido, con diez mil perdidos, con tres o cuatro cicatrices indelebles, como todos.
Empieza la obra, Romão fuma, Castro tiembla, tiembla y baila –hermoso baile-, ya todo respira la estética del desecho, de un teatro que se quiere fuerte, que se constituye centrípeto, que irradia libertad en el pensar y hacer. El espacio teatral como campo de batalla, donde cabe todo, donde todo puede ser hecho y se decide ir al límite. Y eso no es fácil. El teatro tiene sus reglas, tiene muchos lenguajes, una combinatoria infernal de cuerpo, palabra, espacio, luz y energía donde todo se codifica. Tienes que jugar con códigos y jugar con ellos es siempre frágil, la materia con la que jugar siempre se arriesga a quedar en tontería, a caerse, a que no se sostenga.
Por eso, en este espectáculo que empieza y acaba con dos hombres solos en sus respectivos espacios de solitaria cotidianeidad (un salón con libros al fondo y una cocina hecha para el ritual portugués de la sopa), es clave la escena tonta, hecha desde un código liviano -dicha a público con chufla- de las cartas. Paulo y John reciben cartas, cartas solicitadas a parte de la inteliguentsia intelectual de la escena: Paul Auster, Jan Fabre, Rodrigo García, Edward Bond, Mickael de Oliveira… Acto por un lado de exorcismo, todo se ridiculiza, y acto que expone la reflexión meta-teatral que cuestiona desde donde es posible hacer en escena. Cuáles son las estéticas posibles, cuáles las lícitas, cuáles las apropiadas. Y también, o sobretodo, se quiere plasmar un mundo donde todo está en lucha, donde el hombre se mueve por reacción, también en el mundo intelectual hay arribismos, suficiencias, machismos, etc. Rodrigo los manda a la mierda, Liddell ni ha escrito, de Fabre se dice que está anticuado, Oliveira manda un sobre vacío como si nada pudiera decir en esto, de Auster Castro quiere sacar dineriño… Parodia hilarante que acaba en violencia, con Castro reafirmándose ante los ataques de Rodrigo, insultándolo, ventana de transición que utiliza el espectáculo para ir al espacio estético y ético que ha elegido: el de la violencia corporal y energética del trash. Suena una guitarra metalera, suben las luces, Romão se agarra a una palabra, bombs, y comienza un trabajo físico, de exposición corporal, en el que se escenifica el desastre, continuo, largo, de decibelios que se meten sin permiso hasta el hueso.
E interesante es la combinación en este trabajo de esa manera de hacer, corporal y visual, con otra de una mayor dramaturgia construida sobre el personaje. Hasta este momento de la pieza, “Massacre” ha transitado por un teatro posdramático, donde el personaje desaparece, donde prima el actor que habla desde su yo en escena y la política y poética escénica del cuerpo. Y es a través de una escena simbólica, en la que Castro entierra a Romão bajo baldosas lisboetas, en la que el código escénico varía. Romão es ya Timor, muerto y enterrado, Castro primero lo entierra, luego se viste de la policía federal indonesia y lo desentierra, luego le roba el dinero de los bolsillos y luego se lo folla en acto necrófilo. A partir de ahí la obra muta y se vuelve una locura donde los actores primero son de la policía federal indonesia, se escenifica la ignominia moral del torturador (es notable como esta parte de la obra recuerda al teatro de los setenta-ochenta argentinos, a ese teatro psicológico de Tato Pavlovsky), donde luego pasan a ser países-personaje, uno es Indonesia, otro Timor, otro pasa a ser los países del Este, otro Australia… La obra se agarra a un diálogo constante, rápido y veloz sobre la locura de la geopolítica, de las excusas morales de la política, vericuetos y piruetas mentales que tiene que hacer el hombre para soportarse, para poder justificar el fracaso ético que el género humano supone. Timor colonia, Timor descolonizado, luego invadido, luego militarizado, luego arrasado, lleno de fantasmas, Timor terreno de Naciones Unidas, Timor frontera del primer y tercer mundo, de la Australia del desarrollo que quiere tener buenas cancelas en ventanas y puertas, Timor sufrimiento culpable y real de los portugueses, Timor puta historia contemporánea del planeta.
De ahí el trash. Decía Castro que en Australia encontró exiliados timorenses que le daban al trash. En el espacio reina una bandera de la banda de metal Slayer. Es este mundo lleno de muertos donde Satán más que una negación de la bondad divina se vuelve una cordura exigente a través de la negación que es crítica, negación de la bondad cristiana que es aceptación del crimen sistemático, afirmación de la violencia que es resistencia. Y es esa violencia tratada en este espectáculo como respuesta frágil, que si bien no entra en liza ni puede contestar a la violencia real, la que se erige en espacio de resistencia ética. Respuesta que no va a conseguir nada, que no soluciona pero que es en cierta manera la respuesta que le queda al individuo, la de la denuncia que además dice “aquí estoy, y no me derrumbas, aquí estoy y como te acerques muerdo, ya estoy loco, y mi locura es mi arma, mi fuerza”. Por eso, en toda lógica, acaba el espectáculo en ritual del metal, en un absurdo de espectacularidad en luz, llamas y energía corporal. Bueno, la obra no termina así. Después de ese “ritual de lo habitual” a lo Perry Farrel, con música de Slayer, Castro y Romão vuelven a sus habitáculos, habitáculos de la derrota, esos donde en vez de espacios de libertad individual son tantas veces pequeñas prisiones de soledad e impotencia. Ahí acaba la obra, en derrota.
Hoy comienzan las cinco funciones que la obra tiene en el ZDB de Lisboa. Luego, a principios del 2012 la obra viajará a Australia. Cabe resaltar, por último, el acierto de ver a Castro colectivizado por 84 y a Romão engullido por el psicologismo esquizo de Castro. Todo un encuentro.
6.8.11
DISCURSO DIRECTO | Paulo Castro y John Romão se tiran a la piscina | Paulo Castro e John Romão
Hace dos días pudimos ver un ensayo de esta pieza veloz, extraña, con estructura trash, como gusta decir a Castro, donde nada se fija, donde se utiliza la fuerza y desmesura del metal para llegar al ritual, para escenificar la violencia, para dar con una veta desde donde poder explicar y afrontar la alimaña a la que puede llegar a ser el hombre. Castro y Romão se atreven, y lo saben, se permiten hacer. Estamos a dos días del estreno.
Quedamos con Paulo Castro y John Romão en uno de los espacios emblemáticos de este festival, el Sala B. Una antigua casa hoy sin tejado ni suelo que tiene algo, una fuerza especial capaz de propulsar las propuestas. Aquí es donde se estrenará “Massacre”, una coproducción del Festival con el ZDB en donde Castro vuelve a dirigir en Portugal en esta propuesta trash co-creada junto a John Romão. Dos personalidades del teatro portugués, dos carreras paralelas, una que comenzó en los noventa, la de Paulo, otra que lo hizo a principios del silgo XXI, la de John. No se conocían personalmente hasta este proyecto. Fue a través de los Encontros de Novas Dramaturgias 2010 organizadas por el propio Romão y Mickael de Oliveira desde su Colectivo 84 que se realizó el primer contacto.
Paulo, después de vivir en Berlín, hace cinco años marchó a Australia, a la ciudad de Adelaida. En España es conocido sobre todo a través de Escena Contemporánea que en el 2005 le dedicó el Ciclo Perfil. Pero Paulo dejó las Europas hace cinco años y se alejó. Mucha gente se preguntaba dónde podía estar. Bueno, Paulo Castro “is back”. Y vuelve con fuerza, con su teatro veloz, imprevisible y siempre político. Y lo hace de la mano de otro de los inconformistas escénicos de Portugal, John Romão. Pero antes de meternos en faena le preguntamos a Paulo que tal por las antípodas, porqué se fue, cómo anda:
Paulo Castro (PC): Mi recorrido es un tanto extraño. Bueno, pasar de Portugal a Berlín es un cambio natural para cualquier europeo que decide ir a una ciudad más abierta a la cultura y especialmente para a ese teatro que yo hago… Pero después de producir varios espectáculos en Berlín y girar por Europa empezaba a sentir que aquello no me llenaba, pienso que los europeos tienen el defecto de pensar que todo lo que pasa en el mundo tiene que ver con Europa y lo demás, simplemente, no existe. Especialmente lo que pasa en Asia y en Australia no interesa, incluso lo que pasa en Estados Unidos para muchos europeos no importa. Estaba harto.
También Joe Stone, mi esposa que trabaja conmigo y es australiana, ha sido importante en la decisión. Los dos decidimos experimentar en plan piloto durante un año. Pero lo que pasó es que con el espectáculo “B-File” -2006- (que fue hecho en Berlín y que estuvo en Escena Contemporánea de Madrid), pasó algo muy raro cuando lo hicimos recién llegados. El espectáculo fue nominado para los Green Room Awards, que son los principales premios en Australia para el teatro independiente. Eso generó una bola de nieve en la que comenzaron a darse muchas invitaciones, muchas posibilidades de trabajo… Acabamos de hacer un espectáculo “Superheroes” para el que hemos tenido un subsidio muy grande… Hemos trabajado mucho estos años. Dirigí para una compañía de Adelaida, Brink Productions, “Foot soldiers”, un texto de una autora nueva, Nicki Bloom. He estado trabajando con Chunky Move, una compañía de danza en Melbourne con dirección de Damien Jalet, que viene de la compañía deles Ballets de C de la B, y de Erna Ómarsdóttir de Islandia. Trabajé en un espectáculo llamado “Black Marrow”…
Erna, que trabajó con Jan Fabre en “My movements are alone like streetdogs”, que es una bestia…
PC: Sí, sí, mucho trash y mucho black metal. Ella es fantástica, fue con ella que entrené esto que hago en la última parte de la pieza de agitar y mover la cabeza y que luego no duela… Estuvimos entrenando horas y horas, diversos ejercicios de mover la cabeza, impresionante, eran improvisaciones de dos o tres horas… Y también improvisaciones de temblar durante dos horas y hacer todo temblando… Impresionante, Ben Frost, es australiano pero vive en Reykjavík, estuvo pinchando música… Todo respiraba trash, black metal, no te puedes imaginar, todo muy orgánico, muy catárquico, cosas que en este espectáculo para Citemor han servido. Quizá alguien piensa “eh mira a Paulo, está rompiéndolo todo en este espectáculo” y no es así, todo tiene una base y un trabajo que me permite hacer.
Bueno, y me contabas de Australia…
PC: Sí, han sido cinco años de mucho curro, también hice otro trabajo que fue nominado para los Green Room Awards, “Tom the loneliest”, era con un psicótico y un actor profesional en escena, iba sobre la vida de los homeless, los sin techo. Una de las cosas que sorprenden en Australia es que los espectáculos pegan, llegan, aun siendo trabajos independientes recibes premios y te los dan al lado de Kate Blanchet… Aquí esto no pasa, sería como colocar a John Romão recibiendo un premio al lado de Nicole Kidman… Es extraño, recibir un premio al lado de Colin Firth, del pibe del Discurso del Rey, que es un tipo que se mete en piezas de la hostia… Y es que es diferente, aquí cuando uno se mete a hacer una comercialada y una payasada ya no sale de hacer comercialadas y payasadas… Pero la escena australiana no es una escena donde se dé teatro político, están más por la nueva danza, por un teatro más estético. A mí allí me dicen que estoy entrando por un sitio extraño, no construido, por el que a ellos no les gusta mucho transitar. Por ejemplo, en Australia están llegando muertos todos los meses de Afganistán, como antes de Irak, y los trabajos de allá no dicen nada sobre esto, no reflejan realmente el estado político actual del país. Y para dar por finalizado este capítulo sobre Australia, que es un capítulo que no vamos a alargar por causa de Timor (risas), es que los australianos no son muy pedantes con su cultura, y eso me gusta. A veces no saben valorar lo que hacen, pero lo interesante es que al estar al otro lado del mundo tampoco están todo el día con las comparaciones odiosas con Europa. Allí se dan cosas que nunca he visto acá… Por ejemplo, una residencia de Black Lang en el que el resultado de la residencia fue la destrucción de la sala de trabajo, y eso era lo que se presentaba, nada más. El público era invitado a entrar en ese espacio y ver los daños producidos… En Europa no veo a nadie haciendo esas cosas…. Y más no digo (risas).
¿Cuál ha sido la relación que has mantenido con Portugal estos años?
PC: Al principio quise cortar por lo sano, radical. Me harté de Portugal, ya cuando me fui a Alemania fue un poco así, aunque mantuve puentes abiertos entre los dos países. Pero cuando fui para Australia la idea era cortar, no porque no me interese lo que hacen los artistas portugueses, que me interesa y mucho, sino por cierta mentalidad portuguesa, por la forma de vida, la manera de estar día a día. Vivir en un país demasiado católico, extremadamente católico es insoportable. Y es ahora que he empezado a encontrar interesante ir abriendo puentes entre Portugal y Australia. Son dos maneras de hacer y de producir muy diferentes, pero no se trata de hacer folklorismos multiculturales, sino dar con temas específicos que tengan todo el sentido. Eso es lo que estamos intentando.
(se une John Romão, que lleva en silencio escuchando todo el tiempo)
John Romão (JR): Y que haya un interés real de trabajar con esa persona.
PC: También fue decisivo cuando vine al Festival Trama de Oporto con Regina Fiz. Hacía cuatro años que no presentaba nada en Portugal y me encontré un interés en el público por mi trabajo que me sockeo mucho. Creo que eso me decidió a seguir. Yo estuve muy ligado al movimiento experimentalista de los noventa de Oporto, nosotros éramos un poco quienes estábamos al frente en Lisboa, y todo eso se fue poco a poco perdiendo, perdiendo, perdiendo… Y Oporto está un poco nostálgico en relación a lo que tiene y lo que perdió. Al contrario que Lisboa, que por lo menos nunca dejó de producir, en Oporto el corte ha sido muy grande con respecto a lo que tenían antes del 2001 y después, antes de la capitalidad europea y después.
¿Cómo os encontrasteis?
JR: Yo me acuerdo de Paulo en escena, en un espectáculo que hizo con Vera Mantero y de otro que hizo con Miguel Moreira, ese que empezaba en los detrases del Teatro Nacional y acababa en casa de Moreira… Bueno y después vi el trabajo que hizo con Regina Fiz en Oporto. Cuando lo vi allí recordé y me decía: “es verdad, no sabía nada de Paulo…”. Pero no lo conocía en persona. Luego empecé a conocerlo a través de textos que leí cuando estábamos organizando, desde Colectivo 84, los encuentros de nuevas dramaturgias y, además, le invitamos a escribir un nuevo texto…
PC: Escribí un texto que se llama “La poya del héroe”.
JR: Y además, se me olvidaba, puse en escena un texto suyo, “Singapur”, con los alumnos de la Escuela superior de danza en el 2009. Y al final el contacto fue por email.
PC: El contacto primero fue con Mickael de Oliveira, a través de mis textos. Luego conocí todo el trabajo de John por vídeos, todos, y luego vi “Horror” en Lisboa. Una de las cosas que me ponían para trabajar con John era… Bueno, ellos hacen un trabajo político, combativo, Colectivo 84, eso es claro, pero también me interesaba toda esa parte de exposición del cuerpo que yo no trabajo tanto, toda la parte visual, lo mío es más una cosa de manipulación mental, psicológica, es más una alucinación psicológica que física. Tengo la impresión de que John ahora es la figura maldita del teatro portugués, yo fui la oveja negra de los noventa y ahora John es la oveja negra del siglo XXI. Me interesaba ver cómo nos relacionábamos entre estas dos generaciones, está claro que no hay una posición de generaciones, de nosotros hicimos esto y ahora vas a aprender, etc. Es todo lo contrario, nos estamos dejando contaminar. Además, creo que lo que hace ahora John es más difícil de producir que cuando nosotros lo hacíamos. Nosotros cualquier cosa que hacíamos se veía como novedad, como underground. Ahora, la gente tiene más información, nada es novedad, ya hay más influencias… Ahora, hacer un trabajo más personal y que se sostenga es todo un reto. Y creo que el trabajo de John lo tiene, que tiene toda una vena creativa que me interesa.
A ritmo del metal
Diez días de residencia en el ZDB de Lisboa, una semana en Montemor. Dos funciones aquí y el martes, dos días después, cinco funciones en Lisboa. Qué vértigo.
JR: Fue poco tiempo, aunque discutimos y trabajamos mucho por mail…. Y el primer día de trabajo ya había un guión, un esqueleto, una base.
PC: Mis procesos son caóticos y rápidos. Por eso, necesito llegar con las ideas claras, con una estructura y no hacer mucho ensayo pues éste puede ir contra el espectáculo. En la obra hay cosas que parecen improvisadas, pero no, están frescas. Si hay mucha repetición, ensayo, el asunto se mecaniza. Para no mecanizar me gustan los procesos rápidos. Creo que acaba por ser benéfico. Y después de las funciones de Lisboa, al día siguiente, me voy para Australia. Así es. Allí la haremos en febrero.
JR: Para mí fue el tiempo perfecto. Yo ya trabajo con tiempos cortos pero un poco más largos que los de Paulo; y creo que ha sido perfecto, se ha dado una relación bien fluida, todo eso luego se nota.
PC: Lo peor es cuando se trata un tema de estos y todo se vuelve muy pesado y serio, y a los diez minutos ya el tema no respira, todo se vuelve pesadísimo, no hay sorpresa, creatividad… Es como decía Beckett, vamos a ver una catástrofe, vamos a reírnos de la catástrofe.
Timor, o el enfrentamiento de la catástrofe
Bueno, Timor, colonia portuguesa hasta el 75, abandonado por Portugal, invadido por Indonesia, con una población sometida y que en 1999, después del referéndum pidiendo independencia se produce una de las masacres más horribles de nuestra época. Timor, vecinos de Australia, ex –colonia portuguesa… Parece el tema propicio para empezar a trabajar desde los dos lados.
PC: Lo primero que pensé cuando salió la idea de trabajar juntos es que era interesante que fuese una coproducción entre los dos países. Buscamos un tema con algo en común. Y Timor lo es, es perfecto políticamente hablando. Ambos países, Portugal y Australia, detestan a Indonesia. Los portugueses son de un racista alucinante con todo lo que tiene que ver con Indonesia. Hay un odio generalizado y también en Australia, que tienen un medio territorial con Indonesia tremendo. Indonesia es un país pequeño pero con una población enorme… Y ha habido también ataques terroristas en Bali donde murieron australianos, y se cuentan infinitas historias de Australianos detenidos en aeropuertos de Indonesia por drogas (supuestamente puesta a propósito) que luego han sido condenados a muerte… Hay una relación diplomática con Indonesia horrible. Y con Timor, pues Portugal hizo un proceso de descolonización horrible en el 75, muy mal hecho, simplemente nos fuimos corriendo dejando todo abandonado y a merced de lo que fue la invasión de Indonesia. Portugal es muy responsable de lo que ha pasado en Timor. Pero hablando de la pieza, lo primero es decir que no tiene ninguna respuesta a todo este proceso histórico ni lo pretende. Lo que tiene es una mirada crítica y no sólo a Indonesia, sino también a Australia, a Portugal e incluso a los timorenses.
JR: Para mí era un tema fuerte. Me acuerdo de estas imágenes de la gente corriendo hacia el cementerio en el 91, yo tenía siete años. Nos bombardeaban con esas imágenes por televisión. Y me interesaba el tema incluso más visto a través de la mirada de Paulo que está allá viviendo. Me parecía que el espectáculo podía ser más interesante si lo hacíamos de una manera más visual, conceptual, y no caíamos en nada documental o etnográfico.
PC: Desde el principio quisimos huir de eso, eso sería muy fácil, un espectáculo con grandes video proyecciones de las masacres horribles, timorenses decapitados, hay imágenes escénicamente poderosísimas para ser proyectadas… Queríamos tocar el tema pero transformarlo en otro objeto.
Qué tipo de objeto?
PC: Hemos intentado trabajar mucho desde la base del trash metal. La gente piensa que el trash metal es ruido, una fantochada y ya está. En el proceso de trabajo nos hemos acercado a las bandas satánicas, que muchas veces son una payasada pero que también tienen lo suyo. Estuvimos analizando, por ejemplo, bandas como Slayer, el último disco de Slayer tiene letras como “matar es tu futuro, no tienes futuro, solo una bala es tu futuro…”. Y mirando el alrededor vas viendo que reflejan lo que políticamente está pasando ahora, vas viendo que tiene cierta lógica lo que dicen, como Sepultura que canta los problemas de las favelas, de la contra policía…. Hay un mensaje muy política en estas bandas que nos han llevado a trabajar con ello, no trabajamos sólo por el efecto visual, están ahí por algo. Además, hay una idea muy arraigada del europeo ignorante que piensa que somos superiores a los aborígenes australianos y a los timorenses, que éstos van con taparrabos y cantan tocando los tambores. El metal que se hace en Australia es aborigen, buena parte de él por lo menos, y contacté con ciertos grupos de exiliados timorenses que son del metal puro y duro, van para conciertos y festivales de metal y se pasan horas botando y tocando a velocidades imposibles. Y en todo eso hay también una violencia contenida, esta imagen indígena idiota es una imagen hecha por el europeo que no tiene nada que ver con la realidad. Coño, yo estoy trabajando con timorenses que están super pillados con la Sarah Kane o Heiner Muller. Me acuerdo de un montaje de “4:48” en el que les oías y tenía todo el sentido desde donde lo decían. Por eso creo que nuestro espectáculo pilla una visión bastante más actual que las gilipolleces europeas que solemos ver.
¿Desde qué otros parámetros habéis trabajado este tema tan delicado?
JR: También hemos trabajado desde un lado más visual. Por ejemplo, la escena está dividida en dos espacios. Nunca el uno invade el territorio del otro aunque estemos en diálogo continuo. También hemos entrado en un lenguaje más corporal, como cuando enterramos el cuerpo de Paulo con “calzada lisboeta” (suelo de baldosa típico de Portugal), la imagen que resulta es muy iconográfica: un cuerpo de Timor está siendo enterrado por Portugal, por su capital, Lisboa.
PC: Cuando se pasaron las imágenes de muertos en Timor en Portugal, de alguna manera, fue como si los que muriesen fueran portugueses.
JR: Las manifestaciones que se montaron en Lisboa fueron increíbles, las más grandes después del 25 de abril, fue algo épico en Portugal.
PC: Y Portugal trabajó mucho para que hubiera una intervención de Naciones Unidas. No fue autorizado para intervenir militarmente pero trabajaron para la intervención internacional. Los primeros en entrar, claro, fueron los australianos… Esa calzada portuguesa es en cierta manera un homenaje al sentimiento de culpa que sintió Portugal, a cómo Portugal también se sentía morir con lo que estaba pasando. Y es irónico, porque Portugal es uno de los responsables directos de aquello.
El personaje en mutación constante
PC: Realmente una de las cosas en las que siento que me he contaminado más de John es que el trabajo ha crecido mucho visualmente. Al principio iba a ser una cosa más cruda, más tipo conferencia, más performativo. Y la obra ha ido ganando en esa cosa escénica visual que es muy de John, que estaba muy presente en “Morro como país”. Incluso comienza el espectáculo con la misma sudadera que llevaba Claudio en aquella obra. Otro parámetro que creo ha sido importante para la construcción de la obra ha sido la construcción de personajes a través de países, uno era Timor, otro Indonesia, otro los países vecinos…
JR: Si hay una mutación constante de personajes.
PC: La idea era huir de personajes que son A, B y C.
JR: También está el maquillaje de Paulo, que viene en teoría del metal, que es un esqueleto, pero no llegas a racionalizar lo que significa. Y lo que dice al estar maquillado cambia de significado, se difumina el contexto…
PC: Me gusta mucho cuando la situación que se crea en escena no tiene que ver con lo que se está diciendo en ella. Me gusta provocar cierta disfuncionalidad psicológica.
JR: Paulo tiene algo muy interesante, tiene un discurso que viene mucho del cine, de construcción de figuras, de personajes, que yo normalmente no suelo pensar y que en esta pieza funciona muy bien, esos personajes que son países, lo que dicen, como mutan constantemente, como Paulo es de repente Indonesia y luego Australia, y luego los países del Este, y luego Portugal… Paulo está en mutación constante. Hay una mutación del discurso en la que cambia quien dice y desde dónde, una manera en la que se puede decir con una gran distancia. Incluso entra el discurso metateatral. Comenzamos, por ejemplo, a hablar de Jan Fabre, de Rodrigo García, de Liddell, y al mismo tiempo que se habla de territorios nacionales esto se mezcla con territorios artísticos, de luchas, de conflictos artísticos…
PC: Y sí, al final estos dos personajes que hacemos John y yo acaban pareciendo dos esquizofrénicos que vienen a profanar sobre un tema como Timor y no pasan de ser simplemente dos pibes extremadamente solitarios y violentos, locos. De ahí la última imagen en la que tiramos hacia una espectacularidad absurda, y queda flotando la soledad de cada uno en su casa, solo, agarrados a una banalidad increíble. No pasan de ser dos solitarios tristes, que solo hablan y hablan pero son dos “loosers” que intentan una trashada, con guitarras, con explosivos, en plan “electric funera”… Caramba, parece que estos pibes quieren hacer una revolución, pero sabemos que acaban en sus casas, solos…





