13.8.11

DISCURSO DIRECTO | Ahora la estrategia es diferente | Sergi Fäustino

Texto de Pablo Caruana

Nos encontramos a Sergi felizmente perdido. Todas las mañanas de manera espartana y calma Fäustino desayuna fruta y se dirige a su sala de ensayos, solo, sin nadie. Así lleva diez días, yendo a una escuela pública de Montemor hoy abandonada por otra más moderna y corriendo por estos campos planos y húmedos por la tarde. Segundo piso, escaleras, percheros de pared que ya parecen otra cosa, otro objeto más liviano, como si nunca hubieran sostenido pesos, infancias, miles de abrigos que se posan para luego irse. Cada paso resuena en este edificio de suelo noble, paredes gruesas, orientación perfecta. Es la una de la tarde y el sol cae oblicuo desde el sureste.
La historia es larga. Sergi está llegando a los cuarenta, su recorrido es como las carreras que se pega todos los días después de estas sesiones matinales de ensayo, de corredor de fondo. Inevitable el parafraseo en esta carrera última y solitaria que empezó hace ya más de dos años: la soledad del corredor de fondo. Después de años dirigiendo, de llevar al teatro a un espacio mínimo, de pegarse con el mundo del espectáculo siempre proponiendo, Fäustino lleva dos años inmerso en esta búsqueda solitaria. Dos años en que ha ido habiendo encuentros con el público, primero La Porta, luego el Festival SISMO, luego el Festival lp, luego la Sala Nasa de Santiago de Compostela (carajo, un abrazo a esos gallegos que están sufriendo los primeros el túnel donde nos estamos metiendo todos).
Radicalizar el proceso, hacer de este oficio del espectáculo un proceso donde se diluya el producto y prime la búsqueda compartida. En eso está el Fäustino, convencido, sin alaracas. Imposible explicar y poner sobre página, o sobre post, todo esto. Imposible explicar ya no su carrera artística, sino la complejidad de este proceso sobre el cuerpo cansado que ha llevado a Fäustino a trabajar desde el cansancio, desde un corazón bombeando y bombeando sangre frente a unos músculos exhaustos. Decir simplemente que este proceso comenzó parejo, en escena, conviviendo, con otro espectáculo que Fäustino presentará en Montemor, “C60 grandes éxitos”, un encuentro en el que Sergi cuenta su biografía personal a través de la música. Palabra y cuerpo comenzaron conviviendo. Luego se han separado, aunque no tanto. En esta charla la palabra biografía también se relaciona con el cuerpo y, por otro lado, es obvio que no es fortuito que ahora las dos propuestas convivan en cartel. Pero centrémonos en esta charla en el cuerpo, eso voy pensando mientras subo las escaleras. Y ahí llegamos, a esa segunda planta, a esta antigua clase donde tan sólo queda la pizarra y Sergi feliz y sonriente. Dispuesto a la charla, y eso hacemos, charlamos:

fotografia de Pablo Caruana

Sergi Fäustino (SG): Ahora estaba haciendo los ejercicios de yoga que hago diariamente durante hora y media, se llama Asthanga, es un tipo de yoga muy físico. La verdad es que me pilló este tipo de yoga por lo físico que era, ya que combina lo que es estiramiento con lo que es más muscular, cuando pasas de posición a posición ejercitas ciertos movimientos que la verdad es que después de hacerlo durante un par de semanas notas que estás estirado y fuerte a la vez.

¿Que tal este espacio?
SF: Fantástico, en abril estuve en el teatro Esther de Carvalho y estaba muy bien pero no deja de ser un espacio oscuro, negro. Y en cambio aquí entra el sol, está de coña, abres una ventana y entra el airecito, estoy encantado. Es una escuela abandonada, tengo todo el edificio para mí, el suelo de madera es súper chulo, se puede trabajar perfecto. Y eso hago, hora y media de yoga, paro un poco y me pongo ejercicios de movimiento.

¿Trabajas movimientos que luego van a estar en escena?
SF: No. Estoy trabajando desde otro punto de partida. Antes, en otros trabajos y en este en fases anteriores, había trabajado más desde el coco. Me hacía planteamientos físicos, “voy a trabajar esto de esta manera, lo pruebo, igual lo fijo…”. Ahora, la estrategia es diferente, estoy pasando por espacios físicos con la idea de que eso quede en el cuerpo. Por ejemplo, el otro día hice un ejercicio de estar una hora quieto, totalmente, y moverme a partir de ahí. Eso daba un peso tremendo a ciertas partes del cuerpo, las clavículas, todo el movimiento de hombros, al moverlas notaba todo el cuerpo pesado. La idea es que eso, de alguna manera, vaya quedando en el cuerpo y que al día siguiente cuando yo vuelva a estar moviéndome, aunque haya trabajado otra cosa, vaya quedando, que vaya quedando un poso, ciertos lugares por los que me vaya encontrando pasar, que no sea yo el que decide “ahora voy a mover el hombro con ese peso…”, sino que ocurra. Estoy trabajando con esa idea, con la pretensión de que eso pase.
¿Y todo esto que relación tiene con lo que pasa en escena?
SF: Exactamente, eso es lo que me estoy planteando (risas). Ahora la gran pregunta es esa, me preguntaban pero qué vas a hacer, y no lo sé, aún no lo sé. Sé que estoy trabajando así y que ese planteamiento está decidido antes de venir a Montemor esta segunda vez…
A ver, en este trabajo se parte de un trabajo que radica en la relación que tienes con el cuerpo, con cierta fisicidad. Para mí, es algo relacionado con lo que te puede pasar cuando juegas al baloncesto, o cuando corres, porqué juegas, porqué practicas un deporte. No es una cuestión solo de bailar, de danza. Lo que me interesa es que hay algo en ese cuerpo cuando está trabajando que te da una especie de adrenalina que te provoca no sé bien qué…

¿Placer?
SF: Pues no sé bien yo si es placer, pero te da algo que te permite relacionarte de manera diferente con tu cuerpo, es esa relación que se establece cuando estás trabajando físicamente lo que me tiene pillado. Y en La Porta (Fäustino presentó su anterior trabajo de esta misma serie, “Estilo internacional”, en marzo en el CCCB de Barcelona dentro del Festival lp organizado por La Porta) y en otros encuentros que he hecho con público, era esto mismo lo que estaba buscando pero más desde un planteamiento hecho desde la cabeza, planteando acciones, como la de las gomas (Fäustino intentaba avanzar con los pies sujetos a unas gruesas gomas). Eran acciones pensadas antes que querían provocar situaciones físicas. El proyecto ahora ha cambiado, se trata de que aparezcan las cosas desde el cuerpo y no desde una estrategia pensada con anterioridad.

Por aclarar. “Estilo internacional” podría decirse que se dividía en tres partes. Una primera en que había “posturas” estáticas en las que se trabajaba con el cansancio del cuerpo inmediatamente después de haber estado corriendo horas. Otra segunda en la que ese cuerpo discurría por el espacio, en la que se trabajaba con dimensiones, emarcamientos y desplazamientos dados por el hall del CCCB donde tuvo lugar la pieza. Y una tercera parte en las que el cuerpo pasaba por unas acciones concretas propuestas, la de las gomas que decías, la de los corazones (Fäustino pateaba corazones de vaca) o la de atravesar colgado por una barra de danza…
SF: Bueno, las primeras van a estar, son producidas por el cansancio de estar corriendo. A parte, ese estar es necesario para poder comenzar. El tema es la tercera parte. La segunda en Montemor va a estar dada al hacer la pieza en el campo. Pero se trata que la tercera, en vez de estar propuesta, aparezca desde el cuerpo. Pero claro, ¿qué pasa? Que a lo mejor acabo bailando, no lo tengo muy claro, no quiero improvisar, hacer una improvisación, sino dejar que el cuerpo decida o aparezca. No sé hasta qué punto esto lo voy a poder hacer in situ. No sé hasta qué punto puedo llegar y decir “a ver qué hago”, o si me tengo que plantear un recorrido que permita dejar espacios para que aparezca el movimiento; y que en ese movimiento aparezca, de alguna manera, lo que he estado trabajando aquí en la escuela día a día.

¿Por qué esta búsqueda?
SF: Siempre he hecho millones de deportes, empecé con la gimnasia, pasé por todo y luego me puse a bailar. Toda mi vida ha sido así y aunque hayan sido cosas diferentes persiste una relación con el cuerpo que es la misma, eso que me da el cuerpo que no sé explicar ha cruzado mi vida. Y eso es lo que estoy intentando explicar con este trabajo: qué hay ahí o lo que me da. De golpe, ahora, con 38 años, me doy cuenta de que llevo trabajando con el cuerpo, adicto al cuerpo, desde que empecé a hacer gimnasia con ocho años… ¿Por qué? Porque he ido por aquí y no por otro lado.

Parece que quisieras dejar el movimiento en un espacio lo más desnudo y menos agarrado posible para poderlo ver en esencia ¿Crees que si llegas a eso podrás encontrar explicaciones a tus preguntas, a tus dudas?
SF: No sé si explicación, sé que estoy en eso y estoy viendo qué da. El hecho de estar preguntándose y estar en esa búsqueda ya me está dando mucho, sin que haya certezas. Estoy disfrutando como un enano con mi cuerpo, es como estar haciendo lo que he hecho siempre pero de una manera más consciente.

Podríamos decir que en varias de tus piezas teatrales anteriores, sobretodo en “La historia de María Engracia Morales”, “De los condenados” y “Duques de Bergara”, creo que hiciste un proceso que tiene semejanzas con este, un proceso en el que se intentaba ir a la esencia del teatro, quitando todo lo que tenía de representación, de composición, de adorno… Llegando a tener a dos personas o tres simplemente hablando, charlando. ¿Estás de acuerdo en que ambos procesos tienen presupuestos semejantes?
SF: Puede ser, nunca lo pensé así pero tiene todo el sentido ahora que lo dices.

fotografia de Monica Pascual

¿Podríamos decir que el teatro que haces y la danza que haces tienen un origen de pesquisa lógica, que busca razones en la causa, en la causa como esencia, como principio motor?
SF: Lo que pasa que en este trabajo, comparado a los que hablabas antes, el lugar desde donde trabajas es menos lógico, menos tangible, menos racional. Por eso, me cuesta tener certezas, me cuesta saber cuál es el objetivo del trabajo. Creo que mi trabajo parte de la curiosidad, de la pregunta de qué es esto; y sí, a partir de ahí, voy a quitar todo y a ver qué queda. Y de alguna manera es eso lo que estoy intentando al ver cómo pueden aparecer las cosas desde el cuerpo.

También podríamos decir que la disciplina, fea palabra, es decir, la danza, te ha permitido radicalizar la búsqueda. Quieras o no, las tres obras de teatro anteriores eran procesos cerrados: proceso, estreno, obra terminada (aunque fuese creciendo y cambiando en los bolos que tuvieseis). Y aunque fuese así, ahora, con los años, se puede ver un proceso abierto en esas obras, algo que se sigue investigando y transita por todas ellas. En cambio, desde que empezaste este proceso sobre el cuerpo... Que ¿cuándo empieza?
SF: Exactamente empezó cuando me hice la segunda maratón de mi vida. Como un año antes de ir al Festival SISMO en Madrid, al que ya fui con el primer trabajo de este proceso abierto al público, “C60, grandes éxitos”. Un año antes corrí la maratón y quedé con unos amigos en un espacio de Barcelona y planteé una serie de ejercicios: había una parte de movimiento, otra parte en la que explicaba la maratón en inglés –para ver el cansancio en el cerebro-, y en otra hacía una coreografía para cómo aparecía el cuerpo. Lo que apareció esa primera vez, que no me lo había planteado, fue el silencio. Vi que llevaba cuatro horas sin parar corriendo y que tan sólo podía parar, con el cuerpo quieto pero por dentro funcionando a dos mil por hora. Ahí me di cuenta, con el tiempo esto se ha ido clarificando, que se podía no hacer y ya está, dejar que las cosas aparecieran.

Bueno, decía, que desde que empezó este proceso tuviste claro que lo importante era el proceso, dejarlo abierto, sin conclusión ninguna, centrarlo en la investigación e ir acompañándola de encuentros con público. El proceso, como decía, se radicaliza ¿no? Pero bueno, ¿cómo recuerdas el encuentro en el Festival lp en marzo de este año, “Estilo internacional”, en el CCCB, contigo corriendo en una cinta delante del público? Allí, compusiste mucho, ¿no? ¿Qué reflexiones sacaste de ahí?
SF: Es lo que decía, vi que la propuesta escénica estaba muy compuesta, muy pre-compuesta. Por eso ahora me gustaría dejar espacio para que las cosas aparezcan in situ. Lo del lp, por un lado, fue una experiencia fantástica, probar lo de la cinta, que quería hacerlo, descubrir la importancia del espacio en este trabajo... Luego, por otro lado, me quedó la sensación de esta composición desde fuera, desde lejos… Me pareció, no encuentro la palabra, pero en cierta manera incongruente, incongruente estar trabajando desde el cuerpo y que luego todo tome forma desde fuera, pensando. Luego vine a Montemor en abril en residencia y estuve trabajando un mes en La Porta de Barcelona. Y allí fui reflexionando y decidiendo que lo que tenía que hacer ahora era perderme un poco desde el cuerpo, dejarme llevar y no plantear tanto, no componer tanto.

Eso escénicamente es más arriesgado, ¿da un poco de mieditis?
SF: Y sí, totalmente. Por eso, creo que lo voy a hacer poco a poco, tampoco sé lo que quiere decir estar perdido en el cuerpo. Quiero hacerlo sin muchas certezas, ir pasando por ahí, poco a poco. Desde que se acabó la residencia en Montemor en abril hasta ahora, trabajando en La Porta y ahora aquí, la sensación es de pérdida, de estar perdiendo maneras de hacer, las acciones, la composición, de no poder seguir trabajando con eso.

La otra manera de hacer conllevaba una pre-significación anterior, aunque fuera abierta y sugerente, que lo era… Dar patadas a corazones, tocar la bubucela…
SF: Creo que eran construcciones que daban que pensar, que también son buenas y que seguiré utilizando en el futuro, pero ahora en esta etapa del proceso que me toca trabajar en la dirección que lo estoy haciendo.

Toda las tardes corres por estos campos planos, de maíz y arroz ¿Qué tal la tierra media esta del Mondego en la que te has metido?
SF: Precisamente creo que el haber venido aquí es parte importante de la dirección que ha tomado el trabajo. El proceso está tomando sentido también al poder hacerlo en sitios bien diferentes y que en cada presentación al público aparezca el lugar, los espacios. Lo único que tengo claro ahora es que tengo que ir al campo, mañana me voy todo el día al campo.

Cuando los procesos son tan internos… Quizá esta sea una pregunta trampa, pero seguro que te la has hecho ocho mil veces ¿Qué valor escénico tiene lo que haces?
SF: Gran pregunta. Es una gran duda, hasta qué punto todo este proceso que estoy viviendo se puede compartir. La palabra clave es compartir, compartir lo que está pasando. Sé que puede ser difícil a nivel de planteamiento escénico pero ahora mismo no sé cómo hacerlo de otra manera. Para mí los encuentros con el público están siendo muy importantes, ahí pasan cosas que sólo pasan cuando hay público, cosas que para el proceso han sido básicas. Yo necesito público. Es más un ofrecer, no sé cómo explicarlo, es más: “mirar chichos estoy haciendo esto, a ver qué os parece”. Estoy aquí ahora.

fotografias de Pablo Caruana

Sé que te cuesta. Pero di algo de esos campos por los que llevas días y días vespertinamente corriendo…
Los paisajes se te quedan dentro. En la residencia que tuve aquí en abril, recuerdo que los campos de arroz estaban llenos de agua pero no había crecido la planta. Y brillaban y reflejaban como si fueran espejos. Ibas corriendo, lo veías y era fantástico, a la mínima que había una subidita, como en el puente de Ereira, la vista era muy chula, con todos los campos, y esas imágenes, corriendo… Se va quedando dentro. Ahí tomé la decisión de hacer el encuentro con el público en el campo, no podía pensar en una sala, estuve hablando con Vasco y buscando durante varios días donde poder hacerlo. No tanto por un rollo de “soy de ciudad y que bonito es el campo”, sino buscando la especificidad de Montemor. También me mola eso, que la gente que venga va a tener que ir al campo, ir hasta allá… Y podrá quedarse también con lo que allí hay.