26.7.10

CRÓNICA | Em residência

texto e fotografia de Pablo Caruana Húder



Llegar al Festival de Citemor, al pequeño pueblo de Montemor-o-Velho, es darse de bruces con dos cosas: una luz ancha y blanca que se mete desde el Atlántico hasta la nuca; y trabajo, silencioso pero continuo y constante trabajo.
Estamos en el primer fin de semana del Festival. El viernes Norberto Lobo inauguró el festival con un concierto de guitarra clásica. Concierto en el que, a través de un virtuosismo galopante, parecían caber todas las músicas en los dedos y el privilegiado cerebro de Lobo. [Otro tema es porqué “virtuoso” es una de las palabras que en estos últimos 50 años ha sufrido una mayor metamorfosis semántica, habrá que darle vueltas].
Al día siguiente, uno camina y van desfilando casas blanqueadas, cuestas hacia un castillo remendado, paisanos que vuelven o van con tranquilidad, y calles vacías en las que pareciera que el Festival se esconde adrede. Nada más lejos.
El primer sitio al que nos movemos es al pequeño Esther de Carvalho, teatro del XIX en el que la noche pasada sonó a la perfección la guitarra de Lobo. El lugar ya ha sido ocupado por la compañía portuguesa Colectivo 84 dirigida por John Romão. Allí, están probando su director y el actor Cláudio da Silva un gel con el que embadurnarse para poder pegar algodones. Romao está contento, ha encontrado un gel transparente y suficientemente pegajoso en el Lidl. Dentro de unas horas tienen ensayo, por la mañana, han estado trabajando en otro espacio en las faldas del castillo, el Quarteirao das Artes. Llevan trabajando desde el lunes 19, antes se han pasado dos meses trabajando en esta nueva obra, “Morro como país” del griego Dimitriádis, en Lisboa, en el Estudio Bomba Suicida. Se estrenará en las naves industriales de Mota, el día 31 de julio, en la que ahora está actuando la compañía de Susana Vidal.



Tres calles, una plaza y dos cuestas más allá está el Espacio B, almacén abandonado, sin techo, y que es uno de los principales espacios del Festival. Allí está la otra compañía portuguesa, Mala Voadora.. Jorge Andrade, su director, está comenzando con charla los previos al ensayo. El espacio está vacío, en los próximos días entrarán los técnicos a construir una escenografía complicada. Técnicos silenciosos, siempre a disposición. Otra manera de hacer que se nota y es medio festival. Ellos, Mala Voadora, siguen trabajando, llegaron el 15 y estrenan el 29 “Single”, una obra sobre Haile Selassie, emperador de Etiopía de los años 30 a los 70. Es el segundo día que trabajan en el espacio. La residencia va cogiendo cuerpo.



Cogemos coche y nos vamos a “Vila Mota”, un complejo industrial a pocos kilómetros de Montemor que fue el centro logístico de todas las obras de reconducción del Río Mondego. Lleva diez años abandonado. En una de las naves industriales se preparan para el estreno la compañía de Susana Vidal, creadora cordobesa afincada en tierras lusas. La compañía va llegando, Alberto Lopes, director artístico, lleva ya un rato afinando sonido. Susana llega después, luego las actrices. El espacio, con 28 tarimas rosco en pendiente, impone. Se acomodan sillas, se perfilan detalles. Susana habla con todos. La residencia de creación llega a su fin. Llevan más de quince días metidos en faena.



Si hubiera que definir por algún aspecto concreto el festival sería quizá por el cuidado con el que se trata cada residencia. Ahora, vemos tres residencias en movimiento, pero éstas empiezan mucho antes. Pensando cómo y de qué manera. Andando por las cuestas me encuentro con la cuarta, recién llegada de Madrid. Acaban de aterrizar Elena Córdoba y familia, perro incluido. Son la primera flota, en los próximos días irán llegando las bailarinas y actrices de las tres obras que esta coreógrafa presenta en el festival del día 5 al 13 de agosto. Tres obras que son varios años de un estudio creativo, minucioso, reflexivo y poético sobre la anatomía del cuerpo humano.
Quien quiera abrir boca puede visitar el blog en el que Córdoba ha ido registrando y reflexionando sobre este periplo. Ahora, llega a Montemor. Un documental, dos obras ya estrenadas en España y una tercera en residencia que se estrenará el día 12 de agosto. En Montemor se podrá ver el fruto de todo este recorrido arduo y solitario, lleno de encuentros también, por el que Córdoba ha transitado. Un proyecto con el que esta coreógrafa, vital y larga en España, lleva su danza a un nuevo territorio, maduro, personal y buscado.



Seguimos camino, nos encontramos en las puertas de un edificio público de la comarca a Vasco Neves, director de Citemor, hablando con Fernando Renjifo y Alberto Nuñez. Ambos en parada corta. Al día siguiente salen para San Paulo para hacer una versión de “El lugar y la palabra” en el festival de performances Verbo, organizado por la Galería Vermelho. Vienen a preparar su aterrizaje en Montemor donde presentaran tres piezas. Una realizada en Beirut, exactamente “El lugar y la palabra”, otra que (entre otras partes) se creó en residencia en el mismo Montemor, “Improptus”; y una tercera, “Tiempos como espacios”, realizada en Níger. Verdadero desembarco intercontinental e igualmente, como en el caso de Córdoba, una cita, esta de Montemor, donde culminan años de trabajo y esfuerzo. Un festival también es celebración, de nacimiento, de cierre del círculo, de llegada a buen puerto.



Ahí los dejo, salgo otra vez a las pequeñas calles de Montemor. Blancas y vacías, que suben o bajan. Son las siete de la tarde. No se oye nada.