7.8.09

DISCURSO DIRECTO | José Maçãs de Carvalho

fotografia de Susana Paiva


José Maçãs de Carvalho (Anadia, 1960) es hombre pausado, de ojo clínico y poético. Con verbo conciso y generoso, este portugués que tiene hoy todavía medio pulmón en Macao, su otra tierra, nos explica su especial relación con la palabra y la imagen, con la fotografía y el video, algo que queda bien patente en la exposición comisariada por CITEMOR en la que podemos ver siete de los numerosos videos que comenzó a realizar con el nuevo siglo este artista portugués. Una exposición donde opera el metalenguaje sobre el arte y la fotografía, la capacidad poética y en relación de la palabra y la imagen, y la reflexión de cómo miramos el mundo, al ser humano, al deseo, a la mujer…

Tu formación primera fue en literatura moderna. ¿Cómo fue la transición hacia la fotografía y las plásticas?

José Maçãs de Carvalho: En literatura y particularmente en la poesía hay una gran capacidad de generar imágenes, de contener imágenes en potencia, aunque las narrativas también lo tienen de una manera, quizá, más cinematográfica; por tanto el transcurso se dio de manera muy natural. Además, yo desde muy pequeño he vivido con muchas fotografías. Mi padre era un gran aficionado a la fotografía y también hacíamos películas de súper 8. He vivido siempre con muchas imágenes. Podría decirse que ese peso (dolência en portugués) de las imágenes ha estado siempre en mi vida.
Cuando hice mi formación en literatura, esa capacidad de analizar textos fue inversamente proporcional a mi capacidad de escribir. Fue una frustración no poder escribir. Tener que ser crítico… Nunca más he escrito y vi que era necesario pasarse a otra expresión artística. Ese cambio también estuvo motivado por circunstancias sociales, vitales, yo estudiaba en la Universidad de Coimbra y allá se organizaban los Encuentros de Fotografía que eran de los más importantes que se hacían en la Península Ibérica. Y empecé a trabajar allá en producción y al mismo tiempo a hacer fotografía…

También hablabas que “Striptease as Textuality”, realizada en el 2001, fue el primer video que hiciste ¿Cómo fue ese cambio hacia el campo audiovisual?

Fue tal cambio que desde el 2001 al 2005 dejé de hacer fotografía, de forma sistemática, quiero decir. No hice sólo este video, en el cual el texto tiene una importancia notable; sino también, por ejemplo, “Aujourd'hui maman est morte”, que toma la primera frase del libro “L’étranger” de Albert Camus y realizé en el 2003. El video comenzó a ser un vicio, me permitía en cierto modo completar el acto artístico, conseguir incluir un sonido, un movimiento… Pero manteniendo una estética muy fotográfica. No me siento con mucha competencia para hacer videos más cinematográficos, por ejemplo. Aunque esto pueda ser una limitación, al mismo tiempo favorece y ayuda a afianzar otros aspectos que también son muy importantes, como la relación del espectador con la obra de arte, que sea una relación activa, que la cámara esté siempre fija. Yo no diría que el video fuera un cambio, más bien fue un nuevo layer, una nueva capa, hacia otras posibilidades de trabajo.

¿Tu trabajo en video y como fotógrafo han conseguido convivir ya con normalidad?

Me gusta que me preguntes eso porque no consigo fotografiar y hacer videos al mismo tiempo. Hay una cierta incompatibilidad de género, de actitud. Hay un trabajo que he hecho en los últimos diez años… Dos o tres veces al año me voy a Macao, comencé en 1999, allí viví del 94 al 98; lo que hago en estos viajes es acompañar fotográficamente la vida cotidiana de mis amigos chinos. Cada año hago dos mil o tres mil fotografías, es como si me vaciara, después cuando vuelvo me paso mucho tiempo sin hacer ninguna foto. Llego con ganas de hacer videos. El proyecto de Macao me lleva mucha energía. Fotografío a mis amigos, sus negocios, los karaokes, sus familias… Es bastante loco, además hago yo toda la producción, me ocupo de conseguir apoyos de instituciones portuguesas. Debo ser el portugués que más instituciones le han apoyado sin ver luego un trabajo terminado. Ahora, estamos en la fase final, estamos haciendo un libro y haremos una exposición en Museo del Oriente. Hasta ahora no he mostrado nada. Es más, cuando llego de Macao, revelo las fotografías, las guardo sin mirarlas y las envío a mi editor para que las digitalice. Es un trabajo de crecimiento, de memoria de lo que hiciste, e intento hacerlo de forma que no se “artificialice” el acto. No dejo de fotografiar porque ya haya hecho una boda o un bautizo si me invitan a otro, siempre acontecen cosas diferentes; por ejemplo los karaokes, les encantan los karaokes, no sé cuantas veces he fotografiado a mis amigos en karaokes. Con el tiempo también hay cosas que ya no fotografío, escenas más íntimas de mis amigos. También me pasa que estoy tan presente que a ellos se les hace extraño que no les fotografíe… Veremos cuando conseguimos llegar a la inauguración. Es un trabajo tan grande, tengo tanto miedo, primero a defraudar tantas expectativas de tanta gente. Tengo mucho miedo a terminar… Me decía un amigo escritor, Gonçalo M. Tavares, con el que estoy haciendo un libro, “nunca acabes este proyecto, no puede acabar, tienes que hacerlo siempre”. En fin, es un proyecto que verdaderamente podría seguir haciéndolo hasta el final de mi vida. Además, es un proyecto osado, desde el punto de vista de energía y también desde un punto de vista simbólico, es un acompañar el camino de tus amigos hacia la muerte. Y en cierto modo, como observador, que también está implicado, es también tu propio camino hacia la muerte. Ciertamente un referente es “Brown Sisters” de Nicolas Nixon. Es uno de los trabajos que me dan coraje para hacer este proyecto, es ciertamente una fotografía de muerte.

Es el proyecto fotográfico que te está llevando más tiempo…

Pero bueno, también fotografío otras cosas, fotografías de aeropuertos, los momentos de espera, gente yendo y viniendo… Pero cada día fotografío menos, yo sigo tirando con 120 y pondero mucho cada disparo… Las imágenes tienen muchos datos, ocupan mucho disco duro, además hoy en esta sociedad estamos sobrecargados… En cambio la palabra… Por ejemplo, la palabra amor es la palabra amor, son cuatro letras pero tenemos siete mil imágenes para ella, más aún cuando somos jóvenes. Con el tiempo las imágenes se van reduciendo, la palabra consigue sintetizar más, si hoy tuviera que dar con una imagen de la palabra de amor, pensaría en mis hijas… Esa relación entre imagen y palabra, para mí, es muy importante.

¿Cuáles son las decisiones que vas tomando con Citemor y que han acabado con estas siete piezas que configuran la exposición?

Bueno lo primero es que este proyecto nace de otro anterior en el que CITEMOR producirá un film, un documental experimental sobre el Río Mondego, sobre los pescadores y los agricultores del río. Llevamos mucho tiempo intentando sacar es proyecto adelante... Además, yo trabajé en Montemor del 90 al 94, es decir, tengo una relación afectiva con el Festival. Desde ahí empezamos a trabajar. Inicialmente empezamos a pensar en una retrospectiva, pero debido a cómo es el espacio del Galería Municipal decidimos optar por video o fotografía. Luego nos decidimos por el video ya que el otro proyecto que tenemos entre manos, sobre el río, es audiovisual. Así, que hemos presentado una mini retrospectiva de los videos desde el 2001 al 2007. De los 35 que he hecho en esos años aquí tenemos siete. La selección es más de Armando y Vasco, directores de CITEMOR, y yo insistí en que tuvieran una relación con el teatro y la danza, una relación conceptual de movimiento, gesto y cuerpo, debido a la temática del Festival.

En el recorrido que hemos hecho antes por la exposición has estado hablando de las muy importantes relaciones que hay entre los trabajos… Pero no has mencionado a la mujer, que está presente en todas las piezas…

Sí es verdad.
Incluso en algunas piezas hay una manipulación por tu parte como si estuvieses intentando…

Tocar… Sí, no lo había pensado. Quizá tiene que ver con la historia del arte, una historia donde la mujer era un objeto de transcendentalización, de intervención… Mismamente en la pieza de “Video killed the painting stars #5”, estamos frente a un transvertido…

También está la manipulación, la imposibilidad de poseer, y la incomunicación. Parecen estar esas líneas jugando…

Estoy de acuerdo. Por eso me refería en “Striptease as textuality” que era muy consciente de que en las dos voces que hay una tenía que ser hombre y otra mujer, que tenía que equiparar.
Esa pieza es fundadora, matriarcal en la exposición…

Es una pieza realmente importante. Es verdad que cuando entré en el espacio tuve inmediatamente claro que tenía que estar en el piso de arriba, es ese espacio principal. Tiene un texto dicho que es importante, para el que hay que estar más concentrado; y sí, simbólicamente tiene un peso en la exposición.

¿Próximamente, te toca una época tranquila o tienes muchas cosas en agenda?

Tengo algunas exposiciones colectivas, con la serie de “Video killed the painting star”. Paco Barragán, que es director de la Feria CIRCA en Puerto Rico, ha comisariado una exposición colectiva, “When painting moves something must be rotten”, y con ella me voy con cuatro de estos videos a Bogotá, en octubre, a Puerto Rico, en noviembre; y a Toronto en abril. Y sigo con otro proyecto que comencé en febrero sobre las trabajadoras domésticas filipinas en Hong Kong, en una de las zonas más ricas de la ciudad. Filmamos en febrero y vamos a continuar en noviembre y diciembre. Va a ser un gran proyecto de video, con una instalación con varios videos y con un documental en streaming.

Pablo Caruana Húder