6.8.09

CRÓNICA | El Cremaster de los cojones

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Dios mío con el culmen del arte contemporáneo. Ayer, con luna llena y noche abierta, en el castillo de Montemor, se proyectó “The order”, la última película con la que Matthew Barney acabó su ciclo Cremaster en el año 2002. En verdad, aunque se proyectara la última, es la tercera de un ciclo de cinco piezas. Con ella, Barney culminaba un proyecto que había comenzado en 1994.
Miedo y diversión. Miedo de la sofistificación de la imagen y la estética de un mundo ajeno y deshumanizado; y diversión por la locura de asociaciones de un metraje cargado de símbolos de manera libre y precisa.
Dice Barney que la película está basada en la construcción del edificio Chrysler de Nueva York y en un ritual masónico… Eso dice él, el caso es que el asunto transcurre en el lobby del Museo Guggenheim como si fueran los anillos de la Divina Comedia. Allí un Barney ataviado en traje celta y con un pañuelo introducido en una boca ensangrentada y abierta en canal, mudo, impedido, va subiendo cada anillo, rampando por las paredes como si de un viaje mitológico e iniciático se tratase. 1er anillo, de fascinación, de coristas corderos, la fascinación como espectáculo, soteriológica, mecánica y repetitiva. Vemos un canalillo en el borde del anillo por donde baja una materia indefinida; 2do anillo, el rechazo, la sublevación idiota y marcial de unas bandas pseudopunks, la violencia generadora; el canalillo que sigue presente y recorre en sentido descendente los anillos. Y Barney que sigue trepando, 3er anillo, la sofistificación, de temperatura helada, la diosa cambiante y pétrea, con piernas de cristal que se convierte en vampírica fiera que muerde y hiere, metalenguaje sobre el arte y la inspiración, sobre lo sofisticado, sobre la idea generadora de creación… 4to anillo, terreno para la construcción, de intentar crear, ahí vemos a Barney juntar pilares, piernas, objetos que conformen la pieza, inservibles, muertos, el canalillo sigue subiendo anillos y la materia sigue descendiendo por él. Y 5to anillo, allí Richard Serra está cocinando la materia indefinida que recorre todos los anillos, la calienta y la lanza a palazos como un dios constructor y obrero…
Y bueno, al final Barney baja al 2do anillo, coge un martillo y una estaca escondida bajo los pogos de los punks, sube y se carga a la vampiro tigresa del 3er anillo… Ahí, ya la simbología llega a su carga máxima, vemos a la vampiresa que se transforma otra vez en diosa herida mientras sujeta tres corderos… A Barney le colocan una pata de cordero al cuello… Mitologia, caza, el Agnus Dei de Zurbarán, los celtas, los masones, el arte y su condición prometeica, la imagen de una limpieza posindustrial… La hostia de carga significativa y hermética que te permite hacer de tu capa un sayo y divertirte.
Me imagino cuántas tesis universitarias deben estar haciéndose sobre el tema y me mareo, me mareo y me apeno, aunque con un poco de descojone, del estudioso enfrascado y analizador. Yo me divertí, me hice mi pequeño viaje de media hora con la luna alumbrando, asociando de manera inverosímil, agarrado a la referencia constante, a la manera de acumular e intentar recrear, consciente del vacío acumulativo que al mismo tiempo está construido por imágenes seductoras y poderosas.

PD: Un recuerdo para el “Cremaster de los cojones” de Sergi Faustino, director catalán que trepaba por el Mercat dels Flors (creo recordar) en una pieza irónica sobre el gran enfant perdible del arte contemporáneo. Pueden ver un poquito en: Cremaster fanatic

Pablo Caruana Húder