30.7.09

CRÓNICA | Zidane se me escapa


video de Hugo Barbosa e Pamela Gallo


“Zidane”, 22:30, castillo de Montemor. Primera película del ciclo de cine del Festival. Los próximos miércoles llegarán “The Order” de M. Barney y “Hunger” de Steve McQueen. “Zidane”, una película entre el retrato conceptual y el de una mirada al fútbol desde el otro lado, desde dentro del campo, donde no ves la factura de la jugada sino al jugador corriendo sin finalidad, intentando buscar, en monotonía muchas veces, solitario las más de ellas, acertando en una franja de 5 segundos. Una mirada amoral hacia un espectáculo donde existen ídolos, dioses: la película no se amilana en sacar camiseta, presencia, belleza y prestancia de cuerpo, no se amilana en ver grandiosidad y culto. Y una mirada hacia una de las personalidades más poliédricas de la elite de este circo poderoso y hermoso. Zidane, el más bello, esbelto, potente, preciso y orgulloso bailarín del ruedo. Zidane, el que poco después de la película, tras hacer el mejor mundial que ya los vivos recuerdan fue capaz de fracasar, de tirar por la borda el triunfo, agarrado a un cortocircuito que le abocaba a la violencia. Preso de un impulso que lo define tanto como lo contradice.
La película bebe de todo eso, de un gran ritual y de un enorme personaje en un montaje abstracto, de complicada y elaborada factura de sonido y montaje. Preciosista pero al mismo tiempo abstracto, objetual. La película muestra un tiempo interno del juego al mismo tiempo que mira el mito en la desidia. Y yo aún así, no entiendo hacia dónde va el asunto, entre tanta zancada, precisión sónica, abstracción rítmica, en esta noche de luna cortada, con el castillo de Montemor quieto, ya sin ranas porque se las han comido todas; algo se me escapa de esta película que bebe en pozos tan fértiles, tan evocadores para la gran mayoría, llenos de emoción e identidad para tantos, pozos donde se juntan política, iconografía y espejo, para llevarlos a un terreno donde se singulariza y atomiza todo: césped, bota, rasgos, movimientos, hábitos reflejos…
Es como si esta sociedad posmoderna viese una mayor profundidad, una mayor capacidad de entender o apresar un objeto cuanto más fragmentado está. Como si en el medio, en la fragmentación, estuviese la sustancia.
Pareciera que al igual que las palabras una vez, en el origen del lenguaje, significaron y hoy se pierden en una infinita polisemia -como RAYO, SOLEDAD o PARÉNTESIS-, igual, el sentido de las cosas fuera inapreciable sin verlas desmembradas, como si tuviéramos que desconstruir incansablemente. Y a mí, se me pierde algo. Está el asombro y el aprecio en el detalle de aspectos imperceptibles en la rapidez y la totalidad, pero quizá nos perdemos en tótems que son en realidad minúsculos, y al final tan sólo trascendentalizamos métodos y babeamos.

Pablo Caruana Húder

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