26.8.08

PRENDAS / Regalos

Publicamos conjuntamente duas "prendas" que nos chegaram no final do festival.
Angélica Liddell criou um video para partilhar convosco nesta página recorrendo a imagens recolhidas em Montemor-o-Velho no ano passado. Uma cortesia da artista com as equipas do festival e os seus públicos.

"TEMOR Y TEMBLOR: los arrozales"

Realizado por Angélica Liddell em Montemor-o-Velho, 2008.



“Tres paseos por la ribera del Mondego”
Carlos Marquerie antecipa aqui, generosamente, três textos produzidos este verão em Montemor-o-Velho e que integram a sua próxima criação "Entre las brumas del cuerpo" (estreia 13 de Setembro, La Noche en Blanco, Madrid).

1º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 10 de Agosto de 2008

Doce del medio día en la ribera del Mondego. El sol cae con dureza, leves brisas fluviales amainan su efecto sobre mi cuerpo.
Una gran masa frondosa de árboles, arbustos, cañaverales y juncos cubren la ribera opuesta a la que yo estoy y desde la que observo. Esta masa de mil verdes se refleja sobre la superficie del río. La mirada recorta de entre toda la visión una sombra y olvida el frescor verde y placentero del paisaje. Esta pequeña y al mismo tiempo inmensa, por lo desconocido que encierra, oscuridad parece convertir en volátil su entorno. Las sombras parecen perdurar en su profundidad y generan un estado parecido al del vértigo: te absorben y el miedo se agarra al cuerpo.
El gran vacío de la sombra enmarcado por la danza de las ramas y hojas que la circundan. Hojas que brillan con violencia y tras ellas la negrura de las tripas de la arboleda.
Lo que ves es hermoso y lo que no ves hace vibrar el cuerpo.
Lo que veo me alienta y lo que no veo es lo que me produce el deseo oscuro de la vida.
Y ahí me hallo, entre la luz, la sombra y el reflejo en la superficie del cauce.

El reflejo es una imagen perfecta, pero anhela la profundidad de las sombras.
El reflejo te da la conciencia del movimiento y la sombra te hace intuir el desquicio ante lo desconocido.
El reflejo sobre la serenidad del río desequilibra y la distancia entre el verdor y las sombras hiela la sangre.
La sombra reflejada es como un dulce sueño de aquello que estando despierto suspende el ánimo en la vida,
es como una palabra de alivio ante la mirada de la muerte.
……….

2º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 10 de Agosto de 2008

Regreso al Mondego al caer la tarde. Quiero o deseo un nuevo encuentro con lo que habita entre la arboleda, sus sombras internas y los reflejos de ambas en la superficie del río. La tarde se nubló y no soy capaz de entender la diferencia entre la humedad que emerge del río y la que desprenden las nubes. Los verdes que se estiran bajo la difusión de la luz por las nubes, se han llenado de matices y las sombras adquieren una discreción que para que la mirada se aproxime a ellas, con las renuncias que esto supone, precisa de una concentración decisiva y difícil de conseguir.
Verdes infinitos bogan hacia una oscuridad sutil. El paisaje vibrante y rotundo de la mañana se ha envuelto de melancolía.
La bruma que emana del río y las diminutas y casi inapreciables gotas de lluvia se mezclan por encima del cauce, formando un intersticio de levedad entre los abrumadores verdes y sus sombras, y la sutileza de sus reflejos. Hay una mínima brisa incapaz de alterar los volúmenes de los árboles y el equilibrio del paisaje, pero sí es capaz de dotar al conjunto de un ligero movimiento o vibración que me produce un sentimiento de fugacidad, como si en cualquier momento todo pudiera romperse y desaparecer.
Mi mirada desea apropiarse de esta revelación del paisaje, pero no hay nada aprensible, todo, absolutamente todo está en una continua y sutil mutación.
No puedo agarrar nada y esta imposibilidad de registro del instante concluye en mi abandono al paisaje, y a unirme a él en su respiración y latir.
……….

3º paseo por la ribera del Mondego
Montemor-o-Velho, Portugal, 11 de Agosto de 2008

Este viejo cauce, en su día navegado por fenicios, es sumamente extraño. Se le ve amplio y tiene toda la apariencia del poder de su antiguo caudal, hoy desviado hacia un canal, para evitar las continuas crecidas que anegaban cultivos y pueblos. Hoy su movimiento es excesivamente tranquilo y nos habla desde la experiencia de sus días de gloria y furor, en contraste con su presente domesticado por la mano del hombre, envuelto en la melancolía del que tuvo, y hoy se resigna a ser objeto de la apacible contemplación.
No es difícil imaginar su bravura al contemplar la agreste rivera de enfrente, sin embargo los reflejos que produce en su superficie serían imposibles de percibir si sus aguas bajaran con la fuerza de antaño. Llevo tres días observando y disfrutando de estos reflejos, meditando sobre ellos y en una continua contradicción entre la visión de la ribera de un río grande y poderoso, y la quimera de una superficie sosegada y plena de reflejos y matices dignas de un lago. Pero ahí reside su extraña atracción: dos apariencias en contraste. El cauce abierto en la tierra por los golpes constantes de la violencia de las aguas y la quietud artificial de su estado actual.
El viento mueve la superficie del agua, en su quietud de viejo cauce vigoroso, y parece sufrir.
Este tramo amansado del Mondego conserva su memoria, y está escrita en las oscuridades de su ribera. En ellas podemos leer el dolor de las inundaciones pasadas, la riqueza que brindó la navegación, y el movimiento infinito y cambiante de su antiguo fluir, que nos hubiera aproximado a entender el sentido de la vida.
……….