8.8.08

DERIVAÇÕES: Uma pequena história, Carlos Marquerie



fotografia de Jesús Ubera

Nos encontramos en las calles de Montemor con el director español Carlos Marquerie, relajado, este año no toca trabajar y si poder disfrutar de charlas y teatro. Recorrer los espacios y los sitios donde se crearon “Que me abreve de besos tu boca” (2005) y “El temblor de la carne”(2007), de repensar y disfrutar. Así lo encontramos y charlando nos cuenta una pequeña historia, memoria personal y teatral. Haciendo un poco de trampas, quitando las preguntas y uniendo, tejemos una pequeña historia:

“Fue en el año 1974, todavía no había hecho el servicio militar, había terminado bachillerato y quería entrar en la Escuela de Bellas Artes, para lo cual tenías que pasar un examen. Para preparlo le pregunté a mi profesor del instituto que me ayudase. El profesor era Francisco Peralta, un escultor muy bueno que además hacia títeres. En la primera clase que tuvimos con él en el instituto, en sexto de bachillerato, con 16 años, Peralta nos proyectó cuadros y obras de toda la generación formalista española de los años cincuenta –Chillida, Tapies, Saura…-, descompuso un rayo de luz a través de una lente en los colores de un arcoiris, y nos puso fragmentos de naturaleza fotografiados por él. Había una reflexión en todas sus clases que para mí ha sido y es muy importante: no es tanto lo que haces sino lo que eres capaz de hacer. En esa clase decidí que me iba a dedicar al arte.
Me aceptó. El teatro no me interesaba pero me interesaba verle trabajar con sus manos, con los materiales, artesanalmente. Tuve que hacer de Don Quijote, de actor, en la obra de Manuel de Falla sobre una parte del libro de Cervantes “El retablo de Maese Pedro”. En seguida le pedí dejarlo y pasar a estar detrás, en los entresijos… Me dedicaba a desenredar los hilos de las marionetas, a hacer cosas de la luz y a estar, sobre todo, el máximo de horas viéndolo trabajar. Con él aprendí la ética del artista, la de estar por encima de los resultados y dedicarse a continuar “haciendo”. Me acuerdo que cuando le conocí estaba montando “La noche”, una obra que dura hora y media, y no ha conseguido estrenarla, no encuentra la marioneta que busca para ese espectáculo. Ahora, está jubilado, tiene una nave por Pinto, Madrid, trabaja diariamente pero lleva sin hacer una obra más de 15 años.
Tenía un taller, me pasé allí tres años. Al principio yo no trabajaba, tan sólo miraba. Limpiaba las virutas de madera, el taller, ayudaba pero basicamente estaba allí mucho tiempo, miraba y hablaba con él. Peralta me contó que él aprendió a trabajar la madera barriendo con los tallistas de arte sacro de Cádiz. Me acuerdo que a los dos años de estar trabajando, cuando estábamos descargando una furgoneta, por primera vez, me dejó sujetar una marioneta… Me quedé lleno de emoción, se me caían las lágrimas. Luego me propuso aprender y empezé a mover marionetas con él. Nunca trabajamos juntos en un espectáculo… Sus marionetas eran muy complicadas, tenían hasta 17 hilos, tres por pierna, tres por brazo, buscaba una perfección en el movimiento y la capacidad de control total por parte del manipulador. Luego fundé La Tartana, aunque nunca hemos dejado de vernos, él venía a ver los espectáculos que hacíamos de títeres… Siempre hubo una relación de maestro alumno. Lo considero mi maestro… Nunca entendió, bueno no es que no lo entendiera, que yo dejara las marionetas.

Carlos Marquerie fundó La Tartana –una de las compañías históricas de títeres de nuestro país- en 1977 con “Pulichinela” un espectáculo de un títere que se escapaba del teatro y acababa muriendo en un jardín. En 1991, con “El árbol” dejó el teatro de títeres. Luego formaria compañía, Lucas Cranach, con la que sigue hasta la actualidad. Dice que lo que más le sigue interesando de los títeres es “la combinación entre escultura y movimiento”.



… ¡Qué locura! El amor de mi vida ha dejado un reguero de polen en la huida. ¿No es graciosísimo? Que sea precisamente un residuo de amor lo que tenga que consolarme de no ser amada … ¡Qué curioso! Ahora me da por pensar que las personas sentimos todas a la vez. No hay que decir “estoy sola”; “hace soledad”, es lo que hay que decir. Como hace frío, calor … Hace miedo. Hace tristeza. Hace orgullo. ¡Me hace gracia! Ahora me tiemblan las manos y no puedo dormir…

Monólogo de Leopoldo Alas previo a la muerte de Julieta en “Ultima toma” (1985) estrenada en la Sala Olimpia de Madrid C.N.N.T.E.
El,1 de agosto al medio día murió Leopoldo Alas (1962-2008) –Inmemoriam-.


Información sobre Francisco Peralta: www.titerenet.com/2004/09/25/homenaje-a-paco-peralta-en-jerez/