5.8.07

TERRITÓRIOS - Recordo-os como gigantes enormes, maus


fotografia de Jesús Ubera

As causas históricas situam mas não explicam o presente. Porque é que Citemor tem hoje lugar em Montemor? O que é Montemor? Nesta secção abre-se uma janela para indagar e descobrir esta cidade sustentada em arrozais e que gravita até uma fortaleza.


RECORDO-OS COMO GIGANTES ENORMES, MAUS

Salgo del Teatro Esther de Carvalho, función de Marta Pisco “8 Exercícios para mãe e filha”. Y me encuentro a este hombre de ojos brillantes pero auscultadores llamado Victor, o más bien Gibóia. Empleado de la Residencia de Ancianos de Montemor, Gibóia es el encargado de mantenimiento del material del auspicio, artesano de la madera y hombre asiduo del Festival como público. Todo normal. Pero Gibóia, cuando le pregunto por la obra, que trata el tema de la Revolución del 25 de abril de 1974, la conocida Revolución de los Claveles, Gibóia empieza en un portugues incomprensible a hablarme de torturas y barbaridades de las llamadas Guerras de Ultramar de Portugal. De ahí surgue la curiosidad, empiezan las preguntas a diferente gente, y te van contando, contando algo de lo que como buen español no sabes nada. De aquí surge esta entrevista.

Gibóia: Porqué te hable de eso, no sé, la obra no decía nada. El 25 de abril fue otra cosa, y algo mucho peor en África, porque los “chocolates”, los “pretos”, los “matungos” se apropiaron de la Revolución.

Portugal era uno de sus eslabones más débiles, y al mismo tiempo, el último imperio colonial que restaba en el mundo. Portugal mantenía, bajo dominio militar directo, un territorio 22 veces superior al suyo, con una población de más de 14 millones de habitantes. Ese dominio directo chocó con los diferentes movimientos de liberación nacional, sobre todo en Angola y Mozambique, disparando los gastos y el sufrimiento de la población portuguesa.

- Nosotros somos nueve hermanos. Cuatro estuvimos en la guerra. Uno en Angola, otro en la Marina, otro en Guinea –que se vino cuando fui yo, había una ley que prohibía tantos miembros de una misma familia estuviera en filas-, y yo, que fui a Guinea en el año 73 y estuve seis meses hasta que aquello explotó, fui parte de la última movilización. Uno de mis hermano, el de Angola, estuvo 28 años en Angola, era paracaidista. Es que nuestra familia surge de una tradición familiar. Mi sobrina ahora es oficial paracaidista.

fotografia de Jesús Ubera

‘Bueno, a mi otro hermano lo hicieron preso a los 16, preso político. Estaba en Setúbal, movilizado y en unas prácticas, era del Partido Socialista, dejó el Mauser en el suelo y decidió irse a la cantina. Allí estuvo tres años y medio, luego fue a Elvas, en frente de Badajoz, allí le hacían cargar todos los días 50 kilos montaña arriba, montaña abajo.

Luego estuvo 5 meses en Trafaria, lo metían en el agua durante días y con las mareas llegaba a tener el agua al cuello durante horas. Se le quedaron los huesos troceados, podridos, rotos. Además, venían los cangrejos y le comían la carne. Allí estuvo 5 meses.

Novecientos mil portugueses fueron a la guera. En la guera de ultramar de Portugal, entre 1961 y 1964, tan sólo en Mozambique, Guinea y Angola murieron más de doce mil portugeses y quedaron más de treinta mil mutilados. Más de cien mil portugueses, en ese periodo, abandonaron el país para evitar ir a la guerra.

Luego estuvo otra vez en Caxias, en Setúbal otra vez, pero esta vez en la Prisión de Alta Seguridad al estilo americano. Luego le mandaron a Oporto a la Prisión Cordoaria, una de las más duras. Y finalmente lo mandaron a la prisión de Tarrafal, en Cabo Verde, era la prisión peor, estaba destinada a presos políticos. De allí, un primo que era de la PIDE (Policia Internacional de Defensa del Estado), lo pudo sacar y vino a trabajar a Figueira, a un restaurante que tenía una hermana.

Estuvo 50 años en prisión. Le arrancaban las uñas, durante un mes le ponían pinzas en los ojos para que no pudiera dormir, le dejaban bajo una gota de agua continua que le caía en la cabeza… Murió con 79 años. Después de todo aquello no fue feliz. Se cortaba con la navaja todo el cuerpo, se cortaba las venas… Me acuerdo que el 25 de abril, ya aquí en Figuera, tiró por la ventana y descalabró a un informador de la PIDE. Había un baile popular, reconoció a un informador y lo tiró por la ventana.

- Mi hermano, después de la Revolución, estuvo en una brigada – las llamadas Milicias Populares - hacían rondas para perseguir a los fascistas. Me acuerdo que fueron al casino de Figuera, mi hermano, Fernando (que entró en una moto), el Texugo y el Tó da Mula y lo destrozaron todo. Se hincharon a hostias con los fascistas. Era otra cosa. Yo todavía tengo el carnet del Partido Comunista de Portugal, pero es otro carnet, el de ahora es diferente, ahora son unos papanatas.

Y sí, yo en Guinea era conductor y tirador especial. Que cómo tratabamos a los “chocolates”, pues bien, muy bien, pero eran traicioneros. Muchos en teoría trabajaban para nosotros pero no te podías fiar. Y los otros tenían tiradores rusos, franceses, portugueses, ingleses… Eran mercenarios.

Me acuerdo que dos “chocolates” apresaron a uno de los nuestros, a un portugués, y lo decapitaron. Mi amigo, Martins, que murió hace poco bañandose en Figueira, cogió a dos de los que lo habían hecho. Los ató y les arrancó el corazón. Luego se lo comió, el de los dos. El segundo vio cómo se lo hacía al primero. Lo hizo delante de todos nosotros. Lo arrestaron y ya en prisión hizo explotar el polvorín (risas).

A los “chocolates”, a los portugeses y a los negros de otras etnias o que colaboraban con nosotros les cortaban los testículos y los colgaban en los árboles. Tambíen te colgaban y te hacían una gran herida en la cara para que sangraras y atrajeras a las hormigas Baga-baga que venían y te comían. Eran unos hormigueros de la hostia, me acuerdo que les tirabas una bala y no los destruías, había que tirarles una granada para cargártelos.

De aquí fuimos muchos, en Figuera conozco a mucha gente que estuvo allí. De Montemor a Quim Moio, que también estuvo en Guinea y a Óscar, que ahora está trabajando como basurero en el pueblo.

Cuando se le pregunta cómo está, él, Victor, contesta: “De eso no prefiero hablar que me empieza a doler el hígado”. Le preguntamos, entonces, por el conocido “stress de guerra” que tantos excombatientes han sufrido:

- Son historias de problemas, de traumas. Me acuerdo que mi hermano volvió, el que estuvo en Guinea antes que yo, y durante la fiesta de la vendimía, en São Martinho, cuando empezaron los cohetes se metió debajo de la cama. Luego empezó a destrozar toda la casa a cabezazos, incluso las paredes de roca maciza. Era un hombre muy fuerte, hizó una bicicleta y la dobló por completo. Me acuerdo que a uno, con el que trabajaba, le daban ataques repentinos y se ponía a imitar a un macaco, a un mono. Me acuuerdo que durante la instrucción en Portugal nos metían una inyección enorme en la espalda. Estaban todos, allí, quejándose y echando de menos a su padre y su madre y después de la inyección te entraba una efeverscencia incontrolable. Luego nos la seguían dando en África, más o menos cada mes. Me acuerdo que un compañero se fue hacia la línea enemiga como un loco hasta que lo dispararon, se suicidó.

Cuando volví a casa lo notaba, me desmayaba sin previo aviso, me volvía loco. Lo notaba, cuando bebía me desmayaba y no me acordaba de nada. Por eso, me mandaron a Coimbra a que tuviera un tratamiento neurológico. Me decían que estaba loco, me pusieron la camisa de fuerza. Fue muy duro.

Pero más duro fue antes, mucho más duro que la Armada fue el colegio de Coimbra. Yo tenía seis años, no tenía padre y fui allí engañado. Era un colegio interno, un correccional con más de 300 chavales y otras tanto en el de chicas, que estaba en frente. Allí, se llamaba el Albergue Distrital de Coimbra, el São Martinho, nos torturaron.

Había 300 perros enormes para vigilarnos, había muchos caballos, nos daban electro shocks. Muchos morían.

El día que llegué, me acuerdo como si fuera ahora mismo, me quitaron la maleta que llevaba, quemaron mi ropa y me dieron un golpe enorme en la cara. Hace poco volví con una doctora para recordarlo. Cuando me acuerdo de aquello los recuerdo como gigantes enormes, malos, que venían a mi; y me pongo a llorar. Aquello fue peor que ser soldado.

fotografia de Jesús Ubera

Si te escapabas se cuidaban de que no te quedaran ganas de repetirlo. La primera vez te amenazaban y la segunda lo cumplian: te ponían una barra incandescente en los ojos y te decían que así no podrías ser capaz de escapar, te dejaban ciego. Y te metían en los enormes pucheros de la cocina donde se hacia la sopa. Muchos morían.
Los guardianes te dejaban 20 escudos debajo de la cama y una pistola y si te los quedabas te molían a palos. Yo siempre los devolví, por eso pude salir, una hermana hizo todo lo posible y al final me llevó a Figuera. Dos años después fui para África.

Que si creo que en Portugal se habla de esto... Las personas que estuvieron hablan de ello pero no lo sienten, no sienten realmente lo que pasó cuando lo cuentan. Que si creo que se nos ha reconocido… no, ningún mutilado ha recibido nada.

Ah, socialmente?, no sé, los padres deben contárselo a sus hijos. Y sí, muchos saben la historia oficial pero realmente no se enteran de lo que pasó. Pero hay una gran diferencia, ahora se puede hablar de ello. Antes, los “bufos”, los informadores de la PIDE, estaban en todas partes, en el café, como ahora que estamos aquí hablando, no podías decir nada ni en tono bajo, eran los propios amigos, los propios familiares, los hermanos, los que te delataban para conseguir dinero o mejor trabajo. Y si había problemas venían por la noche, te llevaban y violaban a tu mujer, como le pasó a mi hermano, que un día se lo llevaron.

PD: Como espanhol, declaro não ter tido conhecimento, até agora, do sofrimento do povo português nestes anos; declaro-me desinformado, adulterado, manipulado por cravos e fotos. Como espanhol, agora que o Partido Socialista OPERÁRIO Espanhol tem entre mãos uma Lei da Memória Histórica, a tem entre mãos e a fode, achincalhando-a, apoio qualquer iniciativa que possa modificar esta situacão, tanto sofrimento calado e humilhado, tanta injustiça que nem sequer se tenha tentado remediar.

Pablo Caruana