5.8.07

PROCESSOS - Uma forma perdida

fotografia de Jesús Ubera

Não é um festival de resultados, mas de caminhos, para a investigação cénica. É esse périplo o que dá significado. Aqui recolhemos, na medida do possível, esses percursos.

UMA FORMA PERDIDA
Ensaio de “El temblor y la carne”, de Lucas Cranach. Estreia a 10 de Agosto

Ensayo, 5 de agosto. Primera vez que se hace un pase entero de la obra. No estaba previsto, empezó a ir y se dejó que fuese.

Dios mio que aluvión. Tres actores en escena (Getsemani de San Marcos, Lola Jiménez y Andrés Hernández). El espacio, una nave agrícola a 1 kilómetro de Montemor.

Carlos Marquerie, director de la obra, hombre de teatro en España desde los setenta. La Tartana, Pradillo, diseñador de luces, aglomerador de un teatro independiente y de creación en la ciudad de Madrid. Ese es el puto pasado. Y también el de sus obras, “Medea Material” de Muller en el 87, el de “El hundimiento del Titanic” de Enzensberger, en la que actuó Andrés Hernández, allá por el 92, actor presente en este montaje, compañero de mucho antes que vuelve. Caminos abandonados que vuelven de mil formas insospechadas. La certeza de que el pasado vuelve y es.

fotografia de Jesús Ubera

Y otras obras, la “El rey de los animales…” , del 97, “Lucrecia…”, del 2000, “120 pensamientos”, del 02, “2004” del 04. Caminos donde resuenan los textos de hoy, las efervescencias y las muertes.

Luego llegaría “Que me abreve de besos tu boca”, aquí en Citemor, en una iglesia abandonada a puertas del castillo, hace dos años.

Joder, esto de la muerte… El deseo y el cuerpo. El engaño cotidiano para no ver que la historia de la vida humana es la de un derrumbe, la de un desmoronamiento corporal y del alma en el individuo. Somos carne ida. Descomposición de luces y materias, y ante eso la lucha y el desnudo, la carne resistiendo, la carne como última morada de la ternura, del deseo y la vida.

fotografia de Jesús Ubera

5 de agosto y marejada de una mirada que penetra en escena a tres voces. Nada que decir, más que palabras indisolubles –deseo, muerte, miedo, carne, cuerpo, guerra, ternura, amor, tiempo, luz, grito, sombra, tristeza- y un escrito ajeno. Ajeno a la obra. De un poeta del siglo XX, español, certero, artesano y moderno que huele a algo parecido:


LOS FANTASMAS DEL DESEO

A Bernabé Fernández-Canivell

Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.

Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface.

El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía.
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.

Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos.

Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.
Tú sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas.

Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.
LUIS CERNUDA

P.C.