5.8.07

CRÓNICAS - O peso de Abraham

fotografia Citemor

Um dia, algum jornalista decidiu assinar abaixo, separar a crónica jornalística da análise e sem o saber aproximar-se da teologia. Crónica é analise de proximidade, é orientar, explicar, esclarecer, concretizar, mas sem juízos finais.

O PESO DE ABRAHAM
"Temor y temblor", Instalação de video de Angélica Liddell
Estreia no Citemor

“Heme aquí” respondería si alguien me llamara. Así comienza el último trabajo de Angélica Lidell que se presenta junto con las tres acciones programadas en el Festival (“Lesiones…” 2003, “Broken Blossom” 2005 y “Yo no soy bonita” 2006). Cinco años de trabajo en un mismo espacio-tiempo, casi nada.
Una pieza de recién elaboración que cuenta con una instalación donde uno de los elementos presentes fisicamente y cardinales también en el video, un futbolín de juguete, preside la habitación junto con unas piedras que la artista ha decorado como si fueran balones de fútbol.
La relación entre este elemento tratado simbolicamente y el fondo argumental de la pieza –el mito de Abraham, en el que sacrifica el ser amado, su hijo, pero al final Dios lo salva, es decir, las pruebas divinas, las pruebas que Dios nos pone aquí en tierra, que en esta “parabola” tiene final feliz’-, no es evidente. Futbolín campo de juego, microuniverso controlado con mandos, ser humano reducido a monigote de plástico rígido que se mueve al compás de los otros… Quizá por ahí vaya el asunto. Pero como decíamos no es directa la relación, despista, invita a imaginar.
Es interesante esta pieza en relación con los otros trabajos aquí mostrados en Citemor, trabajos donde el video estaba en continua relación con lo escénico tanto dentro como fuera de la pantalla. Disposición escénica y espacial, una intérprete contraponiendo, realzando o conversando con la imagen, y la propia dramaticidad de las imágenes… Esa es quizá la reflexión más formal en el que se encuadran estos trabajos.
Aquí, en esta pieza, perdemos a la intérprete, queda la imagen y el texto escrito en pantalla –una constante en todos los trabajos-; incluso en el video la intérprete, de espaldas, es más un sustento anónimo. Queda así la instalación, la imagen y la palabra integrada en pantalla.
Otra constante que une este trabajo con los anteriores es la voluntad de la artista de hacerse, de consquistar un territorio, un territorio como imaginario, como geografía expresiva de su trabajo. Así, las “praderas” de Alicante, región del sureste español, se convierte en el espacio mental y metafórico de un mundo cargado de símbolos, trigo y piedra, amarillo, marrón y azul, desolación agreste, soledad potente pero no inmensa, una tierra a la que agarrarse y sentirse cercano y al mismo tiempo una tierra que se escapa.
ANFAEGTELSE, se repite en pantalla durante esta pieza de video-instalación, angustia en danés nos aclaran, angustia sin recompensa, angustia engañada, angustia sin salvación clama el video en silencio. A Abraham, una vez haber bajado al infierno se le perdona, se le recompensa, no tiene que culminar el sacrificio. Y nosotros?
Una pieza pequeña, síntesis de una manera de trabajar vídeo y escena. Síntesis de una moral, la de esta artista, que se cree engañada, tirada, caida. Una concepción del mundo, ésta, que cubre las esferas religiosas, las sociales, las individuales. La búsqueda de un culpable, el peso de la culpa en uno mismo y la añoranza que quiere ser esperanza de una justicia imposible después de tanta historia, después de tanto tiempo.

P.C.